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Hoy tenemos una larga jornada de más de seis horas de viaje sin escalas por delante, así que salimos “trempanito, trempanito”. Tras la juerga nocturna de ayer, partimos de la inolvidable Santa Fe en dirección a Ouray, en Colorado, un antiguo pueblo minero entre montañas conocido como “la Suiza de América”. Es una escala previa hacia los grandes Parques Nacionales de Utah que visitaremos a partir de mañana. Antes de nada, decir que este “desvío” lo conocí gracias al blog viajeruta66.es, un gran sitio hecho por viajeros sobre la Ruta 66 que por desgracia hace tiempo que cerró sus puertas. Un saludo desde aquí a sus creadores.

La belleza natural de Colorado es increíble.

La belleza natural de Colorado es deslumbrante.

El día viene cargadito de sorpresas, así que abrochaos los cinturones. Al poco tiempo de estar en ruta, lo que se conoce comúnmente como “chinorro” sale despedido de la rueda trasera de una Harley directo hacia nuestro parabrisas y le hace un picazo. Tenemos la suerte de que en el siguiente pueblo por el que pasamos, Cuba, vemos un taller de cristales (el Carglass de la zona, vamos) y paramos. Por lo que se ve hemos hecho bien porque, según nos han dicho, es habitual en la zona que con los cambios de temperatura se acabe por resquebrajar. Vemos un claro ejemplo en el coche de al lado que están reparando en esos justos instantes, con un rajón de lado a lado del parabrisas. Aquí me doy cuenta de lo difícil que es mantener una conversación sobre mecánica en inglés, y tiro de recursos (gestos y aspavientos, básicamente) para explicar lo sucedido, acompañándolo con cierta entonación a lo Melanie Griffith…

Tanto Ouray como otros pequeños pueblos de la tienen un pasado minero que se remonta a la época de la fiebre del oro.

Tanto Ouray como el resto de pueblos de la zona tienen un pasado minero en común que se remonta a la época de la fiebre del oro que invadió el Oeste a mediados del siglo XIX.

Menos mal que estaba Pancho, ¡nos ha salvado la vida! Lo ha arreglado en un periquete, y, pensaréis, con ese nombre tiene que hablar español, ¿no? ¡Pues ni papa! Bueno, “un poquito”, como dice él. Su compañero, al enterarse de que éramos españoles, nos ha enseñado una imagen en el móvil de su hija, que había estado en España. La foto era de noche y estaba muy oscura, más o menos se intuía a la hija con un grupeto de amigas, pero el orgulloso padre pretendía que supiéramos dónde estaba hecha… ¡totalmente surrealista!

Antes de irnos, nos comentan que tengamos cuidado ya que es muy frecuente la rotura de cristales por la grava en esta zona, y nos indica también que tengamos precaución en la carretera ya que se pone resbaladiza cuando llueve, y el día apunta maneras.

Pero los sobresaltos continúan. Al poco de salir del taller tengo que pegar un frenazo en medio de la carretera ante la presencia de dos chuchazos que cruzan alegremente por la carretera… ¡sin mirar ni nada! Estos perros…

La San Juan Skyway, una carretera espectacular.

San Juan Skyway, una carretera espectacular.

El camino es casi todo en subida. Pasamos a 7.000 pies de altura (unos 2.100 metros) por el Continental Divide, el punto central en Estados Unidos que divide las cuencas hidrográficas, es decir, desde este punto el agua fluye por el este hacia el océano Atlántico y por el oeste hacia el Pacífico. Seguimos en ruta y cruzamos el río de las Ánimas, precioso. El paisaje aquí es muy verde, con extensas llanuras plagadas de granjas.

Sobre las 13,30 horas llegamos a Durango, tal y como había predicho Pancho, y nos paramos a comer en Deny’s. Es curioso, la mayoría de los cocineros que hemos visto durante el viaje son mexicanos; les entendemos perfectamente lo que hablan desde la cocina. Por cierto, no tenemos tiempo de visitar la ciudad, pero parece tener mucho encanto. Nos la apuntamos para la próxima 😉

Million Dollar Highway a su paso por la catarata Bear Creek.

Million Dollar Highway a su paso por la catarata Bear Creek.

Colorado es un estado montañoso que cuenta con decenas de estaciones de esquí, la más famosa es la de Aspen, y no suelen ser lugares precisamente baratos, así que el nivel de vida por aquí es bastante elevado. De hecho, en el camino vemos casas realmente exclusivas a ambos lados de la carretera y la población es mayoritariamente caucásica.

Dada la riqueza natural de la zona, observamos también gran cantidad de lugares que ofrecen actividades de ocio activo: piragüismo, hípica, esquí, rafting… un excelente lugar para aventureros y amantes de la naturaleza. Realmente, las fotos no pueden captar la belleza del entorno.

Sí, sé lo que parece, tiene una forma familiar...

Sí, sé lo que parece, tiene una forma un tanto escatológica…

Tras abandonar Durango tomamos la San Juan Skyway, una carretera que serpentea entre 10 de los 54 picos que tiene Colorado por encima de los 4.000 metros de altura… casi nada. Nos detenemos en una fuente termal que hay a la orilla de la carretera que nos llama la atención por sus llamativos colores. Al pasar un puerto de montaña nos vemos obligados a parar porque el coche empieza a echar una peste a gasolina que tira para atrás. La verdad es que le hemos dado zapato subiendo y claro, un 1.500 de gasolina no da para más. El caso es que ya son bastantes sobresaltos por hoy… ¿será porque es viernes 13?

Este es el puerto de montaña en el que tuvimos que parar por precaución. Bonito, ¿verdad?

Coal Bank Pass, el puerto de montaña en el que tuvimos que parar por precaución. Bonito, ¿verdad?

A estas alturas del día ya lleva lloviendo bastante tiempo así que los últimos kilómetros de carretera hasta Ouray, conocidos como la Million Dollar Highway, los hacemos bajo una fina lluvia que confiere al asfalto una textura especial.

El agua calentita y estas vistas... ¿alguien da más?

El agua calentita y estas vistas… ¿alguien da más?

Finalmente, llegamos a nuestro destino y localizamos nuestro alojamiento, una magnífica casa de estilo victoriano de tres plantas de color rosa/morado, en cuya entrada vive la gata más pachorra del mundo. Descargamos las cosas y tras coger los bañadores y las toallas nos vamos a los baños termales. Entramos a las piscinas naturales y las vistas mientras te estas bañando son acojonantes, me encanta el lugar.

Vista parcial de las calles de Ouray desde la terraza de la casa.

Vista parcial de las calles de Ouray desde la terraza de la casa.

Tras el bañito nos damos una vuelta por el pueblo en busca de un lugar económico para cenar (los precios son bastante altos) y damos con una hamburguesería con la comida más grasienta que hemos probado desde que estamos aquí; sino nos ha dado un ataque de colesterol ya, no nos dará nunca.

Con el estómago lleno nos vamos a la cama con la mente puesta ya en los parques de Arches y Dead Horse Point que visitaremos mañana, ya en Utah. En unas horas pasaremos del fresquito de la sierra a los rigores del desierto. Stay tuned…

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Calle principal del pueblo.

Calle principal de Ouray.

Al despertarnos esta mañana nos llevamos una grata sorpresa. Los dueños de la casa, un padre y su hija, nos han preparado un desayuno de los que hacen historia, vamos, el que a la postre se convertiría en “EL” desayuno del viaje. Subimos al comedor y nos sentamos a la mesa con ellos y con una señora bajita (mezcla entre María Antonia Iglesias y Jessica Fletcher) que ha dormido en la habitación de al lado y que ha venido al pueblo a impartir unas clases de pintura. Como si de una comida familiar se tratara, nos ponemos de cháchara y mi mujer se percata de lo expresivo que me he vuelto por estas tierras, mitad inglés, mitad lenguaje de signos. Lo sorprendente es que me han dicho que hablaba bastante bien el idioma… qué poco exigentes. Por el contrario, mi chica no se atreve casi a abrir el pico, tan sólo cuando le han preguntado su nombre se ha explayado con un deletreo i-m-p-e-c-a-b-l-e. Pues ni por esas, al final se ha quedado con “Lordes” 😉

Vista del precioso pueblo de Ouray.

Vista del precioso pueblo de Ouray desde el mirador.

Una vez cargadas las maletas partimos hacia Moab… bueno, durante unos 20 kilómetros en dirección contraria, pero como rectificar es de sabios (no del gps), en cuanto nos percatamos del error volvemos a la senda correcta. Como no hay mal que por bien no venga, aprovechamos para sacar unas fotos desde un mirador situado sobre el pueblo por el que pasamos ayer cuando estaba oscureciendo.

¡Bienvenidos a Utah!

¡Bienvenidos a Utah!

Tras un largo camino por la Highway 90 con un paisaje de escándalo, de un par de frenazos porque se cruzaban ardillas delante del coche (afortunadamente sin víctimas), de ver ciervos cruzando tranquilamente la carretera y, en general, bastantes animalillos, observamos como los frondosos bosques verdes dan paso ya a una tierra rojiza… entramos en Utah.

Hole N'' The Rock, la casa en la roca. MOAB, UT

Hole N” The Rock, la casa en la roca. MOAB, UT

De camino a Moab paramos en el Hole N’ The Rock, una casa cueva construida en la roca por una pareja, Albert y Gladys Christensen, a finales del siglo XIX. Hay un pequeño tour de 12 minutos que cuesta 5$ que decidimos hacer, por curiosidad más que nada. La verdad es que tuvo que ser un trabajo impresionante excavar toda la casa en la roca, y la verdad es que les quedó muy cuca. El dueño, al morir su gran amigo (el burro Harry, que tanto le ayudó en la ardua tarea) lo disecó, y allí permanece, para ¿delite? de los visitantes. A partir de eso el hombre se aficionó a la taxidermia, y algunos de los ejemplares están expuestos en la propia cueva, ¡qué ascazo!

US 313, carretera de acceso al P.N. Dead Horse Point.

US 313, carretera de acceso al P.N. Dead Horse Point.

Tras atravesar el pueblo de Moab y comprobar que no podemos entrar hasta las 15h a la habitación que tenemos reservada en un motel, nos dirigimos al primer parque que tenemos previsto ver hoy: Dead Horse Point, pero cuando paramos en el primer mirador comienza a chispear. Bueno, no pasa nada, salgo igualmente del coche a echar unas fotos… y casi no vuelvo. En un abrir y cerrar de ojos se lía la de dios es cristo. Es increíble como en este país se pasa del sol a la lluvia torrencial en un plis plas. Por un momento, pensamos… ¡¡tornado!! La escena era dantesca: lluvia, arena, niebla, truenos, relámpagos, el viento zarandeando el coche… bueno, bueno, si hubiese estado Jesús Calleja habría dicho “temíamos por nuestra vida”, pero no es nuestro caso. Con el aplomo que nos caracteriza, nos quedamos en el coche y nos pusimos a comer. Total, si pasa algo, que por lo menos nos pille con el estómago lleno. Todo un alarde de sangre fría…

La verdad es que pensamos que sería pasajero, aunque el cielo estaba totalmente negro y no tenía mucha pinta de parar. Una vez cubiertas las necesidades primarias, decidimos darnos la vuelta, pero conforme volvíamos la tormenta comenzó a calmarse, y pudimos ser partícipes de las maravillas de la naturaleza: tras la tromba, el agua caía en forma de cascada entre las paredes de piedra. ¡Espectacular!

Entonces decidimos intentarlo de nuevo; no queremos irnos sin ver lo que habíamos venido a ver… y acertamos. La lluvia cesó y la nube empezó a desplazarse, con lo que conseguimos llegar a nuestro destino, el impresionante Dead Horse Point, cuyo nombre proviene de una curiosa historia… 

Dead Horse Point. MOAB, UT

Dead Horse Point. MOAB, UT

Vista panorámica del Parque Nacional de Canyonlands desde el Dead Horse Point.

Vista panorámica del Parque Nacional de Canyonlands desde el Dead Horse Point.

El Parque Estatal Dead Horse Point es un pequeño parque del estado de Utah que ofrece una vista panorámica del río Colorado y del vecino Parque Nacional de Canyonlands. Se llama así porque en el siglo XIX los cowboys lo usaban como corral natural para sus caballos. Lo de ‘dead horse’ (“caballo muerto”) se debe a que el lugar fue abandonado pero los caballos no supieron salir de allí por sí mismos, incluso aunque les dejaron la puerta abierta, y todos perecieron allí.

Aquí se rodó, a pesar de que en la película se insinúa que es el Gran Cañón, el famoso final de la película Thelma & Louise (Ridley Scott, 1991).

Hay que tener cuidado con los animales que cruzan la carretera.

Hay que tener precaución al circular por estos lares…

Tras un breve paseo por la zona, cogimos el coche rumbo a uno de los parques estrella de Utah, Arches. Por el camino, como no, más animalitos. A pesar de no tener ningún stop, tuvimos que parar y contemplar a Bambi y su madre cruzar tan tranquilos por la carretera.

Conforme entras al parque ya sabes que la entrada vale cada centavo que pagas. Tanto este como el anterior cuestan 10$ por vehículo y la entrada vale para una semana. Es una auténtica pasada. Las formaciones rocosas sugieren multitud de imágenes y figuras.

Está me recuerda a una esfinge egipcia...

Está me recuerda a una esfinge egipcia…

¿Y esta qué os parece? XD

¿Y esta qué os parece? XD

Vista desde uno de los múltiples miradores del Parque.

Vista desde uno de los múltiples miradores del Parque.

El Parque Nacional de los Arcos, en castellano, contiene cerca de 2.000 arcos naturales y tiene una superficie de 310 kilómetros cuadrados. Se encuentra sobre un yacimiento de sal subterráneo, responsable de los arcos y demás formaciones rocosas.

Delicate Arch, la estrella de Arches.

Delicate Arch, la estrella de Arches.

La Torre de Babel.

La Torre de Babel.

The Great Wall.

The Great Wall.

Ventana Norte.

Ventana Norte.

Turret Arch.

Turret Arch.

En primera instancia nos centramos en el Delicate Arch, la estrella de Arches, aunque el resto de formaciones del parque son igual de espectaculares. Es increíble lo caprichosa que es la naturaleza. Ah, y esta visita la hacemos por la tarde con un sol de justicia. Lo dicho, ¡el tiempo está loco!

Con el vello de punta nos vamos al motel a descansar porque la jornada ha sido dura. Mañana, un icono del cine: Monument Valley. No sé si podré dormir esta noche…

Los moteles en los que nos estamos alojando suelen incluir un desayuno continental (tostadas, zumo o café y poco más) que unas veces aprovechamos y otras no. Hoy nos ha dado por ir y nos hemos encontrado con una caterva de franceses descargados la tarde anterior por un enorme autobús, así que imaginaos la cola que había en el tostador, puf…

Arco Wilson, en la US 191. UTAH

Arco Wilson, en la US 191. UTAH

El Wilson Arch es un arco de piedra arenisca natural, situado a 38 kilómetros al sur de Moab, en el sureste de Utah. Tiene una envergadura de 28 metros y una altura de 14 metros. Es visible desde la US 191 hacia el este, donde hay un desvío con carteles explicativos. El arco está a 1.850 metros sobre el nivel del mar.

Acto seguido, cogemos la US 191 rumbo a Monument Valley, por la que seguimos disfrutando de un paisaje increíble. Por el camino paramos para ver el Wilson Arch, un enorme arco natural de piedra (ya sabéis que por aquí se estilan mucho) sobrevolado por enormes cuervos (en general, en los desiertos de Utah y Arizona hay un montón). De hecho, aquí tenéis una foto de uno que ha posado para nosotros sobre una señal de tráfico…

Menudo modelo nos encontramos en el enlace con la US 163. UTAH

Menudo modelo nos encontramos en el enlace con la US 163. UTAH

Antes de llegar a nuestro destino estrella del día, nos acercamos a contemplar los “cuellos de cisne” del Goosenecks State Park, algo parecido al Dead Horse Point de ayer.

Goosenecks es un Parque Estatal del estado de Utah con vistas a un profundo meandro del río San Juan. El parque está situado cerca de la frontera sur del estado, a poca distancia de Mexican Hat. Durante millones de años el agua, el viento, las heladas y la gravedad han ido tallando estos meandros de más de 300 metros de profundidad. Es un parque poco desarrollado y de entrada gratuita. Hay unas pocas mesas de picnic al borde del acantilado y un par de aseos públicos.

No hay rutas para hacer senderismo establecidas pero el Honaker Trail, a pocos kilómetros al noroeste, proporciona acceso al río San Juan.

Goosenecks State Park. UTAH

Goosenecks State Park. Sólo dispone de un mirador y la entrada es gratuita. UTAH

Mexican Hat, un hito del equilibrio. UTAH.

Mexican Hat, en eterno equilibrio. UTAH.

También nos pilla de camino Mexican Hat, un pueblo que debe su nombre a una piedra enorme que se sostiene como por arte de magia sobre otra mucho más pequeña y cuya forma se asemeja a la de un sombrero mexicano (según los americanos).

Por fin llegamos a Monument Valley por la misma carretera por la que Thelma & Louise van en su descapotable al final de la peli o donde Forrest Gump deja de correr… impresionante. Reconozco que, como buen cinéfilo, me hacía especial ilusión recorrer este trocito de la historia del cine. Este escenario fue popularizado por el director John Ford, que lo utilizó hasta la saciedad para sus películas del Oeste. De hecho, dentro del parque hay un lugar denominado John Ford’s Point, la vista de Monument Valley que más le gustaba al director.

Sin embargo, nada más entrar al parque comienza a llover, una vez más… es increíble que estemos pasando menos calor en el oeste que en el este, el mundo al revés. Pero como ya nos conocemos cómo son las tormentas por aquí, nos quedamos tranquilamente en el coche dentro del parking a tomar un tentempié mientras amaina. No falla, en 30-45 minutos para y vuelve a salir el sol como si nada.

Monument Valley (en lenguaje navajo: Tsé Bii Ndzisgaii, que significa valle de las rocas) es una región de la meseta del Colorado formada por un conjunto de grandes cerros de piedra arenisca, el más alto de 300 metros de altura. Está en la frontera entre Utah y Arizona, cerca de la zona de Four Corners. El valle se encuentra dentro de la reserva de la nación Navajo y es accesible desde la US 163.

Entrada a Monument Valley por la US 163. Posiblemente, el tramo de carretera más famosa del cine...

Entrada a Monument Valley por la US 163. Posiblemente, el tramo de carretera más famoso del cine…

Es un parque Navajo, es decir, el Gobierno le ha cedido la gestión a los indios de esta tribu que, haciendo honor a su nombre, meten unos sablazos de aupa. Por el parque discurre un sendero de tierra de 27 kilómetros que se utiliza para ver de cerca los monolitos. Si el camino ya de por sí no es muy recomendable para los turismos, con lluvia menos aún, así que decidimos apuntarnos a un tour de dos horas que se realiza a bordo de una camioneta acondicionada con asientos detrás y una especie de techo para evitar el sol.

No sé dónde había oído/leído que el viaje costaba 15$ por persona, algo razonable, pero al llegar al puestecillo de los Navajo nos dicen que son 50$ cada uno, el viaje corto, ¡y 70$ el largo! Además, con lo de fifty y fifteen no nos enteramos hasta que vamos a entregarle los 30$. Le decimos que nanay, que es muy caro, y nos dice que vayamos detrás del puesto. Allí otro indio nos dice que nos deja el tour largo por 50$ cada uno. Le volvemos a decir que no. Entonces avisa a otro que está a punto de salir con cuatro pasajeros (las camionetas son de seis plazas) y empezamos a regatear. Previamente, el pichón nos había dicho que los otros cuatro pasajeros no nos vieran pagarle porque ellos habían pasado por caja religiosamente, así que le decimos que sólo tenemos esos 30$. A todo esto yo ya estaba medio mosca porque no me gusta eso de que te cobren según la cara de tonto que te vean así que, tras varios tira y afloja, el tío nos rebaja a 50$ los dos, pero la verdad es que ya nos habíamos enfriado y pasamos. Al final nos vino hasta bien porque al rato comenzó a llover otra vez y la gente volvía de barro hasta las cejas.

The Mittens, los tres reyes de Monument Valley.

The Mittens, los tres reyes de Monument Valley.

Tras hacer unas cuantas fotos más salimos hacia Page, el pueblo donde dormiremos hoy. Dos horitas más de coche, lo acostumbrado. Nuestras cinco o seis horas de coche al día no nos las quita nadie. Un consejo, en la zona de los Parques Nacionales de Utah y Arizona los moteles son bastante más caros y hay menos plazas, así que es muy recomendable reservar con tiempo.

El caso es que mientras nos estamos acomodando en la habitación, de repente, suena un estruendo descomunal fuera, tanto que creíamos que había explotado algo. Salimos corriendo hacia la puerta y vemos que ha empezado otra vez a llover; el ruido había sido un trueno. Vemos varios relámpagos y empieza a caer agua a lo bestia. ¿Y este es el seco y árido Oeste?

Desde la puerta de la habitación del motel observamos los truenos y relámpagos.

Salimos a la puerta de la habitación del motel a contemplar los relámpagos.

En fin, mañana tenemos otro plato fuerte del viaje: visita contratada para las 9,30h a Antelope Canyon y después rumbo al Gran Cañón.  See you!

Antelope Canyon. PAGE, AZ

Antelope Canyon. PAGE, AZ

Hoy la agenda es apretada, a las 9,30h tenemos el tour organizado para el Cañón Antílope porque no se puede visitar por libre. Otra vez con los indios navajos, menudo monopolio tienen montado en la zona… 35$ por barba. En fin, si uno quiere ver esta maravilla de la naturaleza al menos una vez en la vida tiene que pasar por el aro.

A las 9,30h nos suben en unas rancheras parecidas a las de Monument Valley, con diez asientos en la parte de atrás y un chambao para el sol, y nos llevan hacia el cañón. El camino es de tierra y arena y encima está embarrado de la lluvia que había caído durante la noche, así que sólo es accesible para vehículos 4×4. El cañón es una pasada, una grieta en el suelo de varios metros de profundidad pero de apenas uno o dos metros de ancho. Además, está muy solicitado, yo reservé mes y medio antes y ya no quedaban plazas para las 11,30h, que es la hora buena, cuando el sol pega desde arriba y se crean haces de luz espectaculares.

El cañón se divide en dos: Upper Canyon y Lower Canyon. Por mi afición a la fotografía elegí el Upper Canyon, aunque hay mucha gente; demasiada. Nosotros somos diez personas pero nos vamos cruzando con más grupos que vuelven y aquello es bastante estrecho. Además, todo el mundo intenta hacer fotos y es un poco agobiante. Pese a la sobre explotación navaja del cañón, disfrutamos mucho la visita. De vuelta a Page, cogemos el coche y salimos por la carretera rumbo al Gran Cañón, el accidente geográfico más famoso del mundo.

US 89 camino del Gran Cañón.

US 89 camino del Gran Cañón.

Nada más salir de Page, hacemos una parada para ver el Horseshoe Bend, un meandro en forma de herradura que hace el río Colorado antes de internarse en el Gran Cañón. Pero justo antes paramos en una gasolinera a comer algo. Craso error. El hecho de ser self service y el ansia viva me llevan a meterme entre pecho y espalda el perrito caliente más cargado de la historia, lo que convierte la caminata que hay para llegar al Horseshoe Bend desde la carretera (1,2 kilómetros) en un pequeño infierno. El camino es de arena y nosotros lo realizamos a pleno sol.

Horseshoe Bend, esta maravillosa vista casi me cuesta la vida...

Horseshoe Bend, esta maravillosa vista casi me cuesta la vida…

Horseshoe Bend, literalmente meandro en herradura, es un recodo del río Colorado ubicado cerca de la ciudad de Page, Arizona. Se encuentra unos 8 kilómetros aguas abajo de la presa de Glen Canyon y el Lago Powell. Para acceder al mirador hay que emprender una pequeña caminata de 0,8 kilómetros desde la carretera US 89. Este accidente se encuentra a 1.300 metros sobre el nivel del mar y la altura de las paredes sobre el río es de alrededor de 300 metros.

Gran Cañón del Colorado.

Gran Cañón del Colorado.

La vuelta al coche se me hizo interminable. Encima la cabrona de mi mujer me iba racionando el agua. Cuando llegamos al parking reanudo la marcha entre resoplidos y tras un rato de carretera llegamos a nuestro destino. Hay varios lugares para ver el Gran Cañón desde tierra firme, tantos como puntos cardinales. Nosotros elegimos el South Rim o Borde Sur, primero, porque es el que tiene las mejores vistas según todas las guías y, segundo, porque es el que nos pilla más cerca de la ciudad donde vamos a dormir esta noche, Flagstaff.

En este caso la entrada son 25$ por coche. La verdad es que lo tienen muy bien organizado. Vamos parando en los miradores que hay dispuestos a lo largo de la carretera, todos con su parking correspondiente. El entorno es boscoso y está muy cuidado. Hay áreas para acampar o para hacer un picnic y multitud de senderos para perderse.

El Gran Cañón ha sido esculpido en la piedra por el río Colorado a lo largo de millones de años. El presidente Theodore Roosevelt fue un gran defensor de la preservación del área del Gran Cañón, y lo visitó en numerosas ocasiones para cazar y disfrutar del paisaje. El Gran Cañón mide 446 kilómetros de largo y alcanza los 29 kilómetros de ancho y 1,8 de profundidad. El primer europeo conocido por haber visto el Gran Cañón fue el español García López de Cárdenas, que llegó en 1540.

El río Colorado discurre tranquilo entre su obra.

El río Colorado discurre tranquilo entre su obra.

El sol baña con sus rayos el cañón conforme va avanzando la tarde.

El sol baña con sus rayos el cañón conforme avanza la tarde.

El problema del Gran Cañón es ese precisamente, que es GRANDE, muy GRANDE, así que desde tierra firme no tienes la sensación de estar viendo una enorme grieta, más bien te parecen montañas, una detrás de otra. Lo ideal es contratar un tour en helicóptero o avioneta para verlo desde el aire, ahí sí que se debe apreciar en toda su dimensión. En definitiva, es de las cosas que deberían verse al menos una vez en la vida.

Con la satisfacción de haber cumplido con el ambicioso planning del día nos encaminamos hacia Flagstaff donde retomaremos mañana la Ruta 66, ¡ya la echábamos de menos!

Antes de retomar la Ruta 66, hoy vamos a hacer lo que aquí se conoce como scenic drive, una carretera con encanto que tengo muchas ganas de recorrer. De este modo, a la salida de Flagstaff cogemos la US 89A hacia el sur rumbo a Sedona. Cuando uno piensa en Arizona le viene a la mente la típica imagen del cine de una carretera en medio del desierto. Pues no es el caso de esta zona, una de las de mayor pluviometría de todo el estado y que cuenta con enormes zonas de bosque.

Red Rock Scenic Drive, una carretera preciosa.

La carretera hacia Sedona cuenta con un encanto especial.

Slide Rock State Park. El entorno del parque es espectacular.

Slide Rock State Park. El entorno del parque es espectacular.

Conforme vamos avanzando por el bosque Coconino disfrutamos de un paisaje maravilloso pero una larga una fila de coches despierta nuestra curiosidad. Nuestra vista sólo alcanza a ver a un montón de gente en bañador. Como el día va a ser relajado decidimos entrar a “oler”, somos así de curiosones. Es el Slide Rock State Park: un lugar donde la gente va a pasar el día, todos con unas neveras inmensas con ruedas en plan “domingueros”, vamos. Está muy bien montado, con sus baños, zona de juegos, cancha de voley…

El Slide Rock es un Parque Estatal que debe su nombre a un enorme peñón resbaladizo que hay junto al cañón Oak Creek. Los visitantes pueden deslizarse por un tobogán de agua natural o darse simplemente un chapuzón en el arroyo, que cuenta con diferentes profundidades. La zona de baño está situado en un terreno forestal nacional que es administrado conjuntamente por los parques estatales de Arizona y el Servicio Forestal de los Estados Unidos. En conjunto, esta zona ha visto la realización de numerosas películas de Hollywood como ‘Flecha rota’ (Delmer Daves, 1950), con James Stewart; “Fiebre de venganza” (Raoul Walsh, 1953) con Rock Hudson y Donna Reed; ‘Tambores de guerra’ (Delmer Daves, 1954), con Alan Ladd y Charles Bronson; y una escena de “El ángel y el pistolero” (1946), con John Wayne.

El parque estaba hasta la bandera...

El parque estaba hasta la bandera…

La entrada cuesta 20$ por coche. Seguimos el barullo de gente y llegamos a la zona de agua. Imaginaos la playa de Gandía, pero en un riachuelo con rocas. Vemos fauna diversa: lagartijas, culebrillas, gorditos de Arizona y señoras con rulos (o el equivalente americano). Los niños trepan sin miedo y se tiran desde las rocas al agua. Otros, no tan niños, optan por los toboganes y piscinas naturales que crea el cauce del arroyo. Es una especie de parque acuático natural. Aquí tenéis un video:

Nosotros simplemente observamos el panorama mientras nos tomamos un aperitivo. En su momento no fui consciente, pero al volver del viaje supe que el parque ha sido escenario en varias películas del Oeste. Tras un rato curioseando por la zona, cogemos el coche y continuamos la ruta. Hay que decir que para lo estrecho que es el recorrido, está muy bien explotado (recordad que estamos en una zona boscosa), con multitud de alojamientos y campings. El paisaje es precioso, con un espectacular contraste entre el rojo intenso de la roca y el verde de los árboles.

Tras atravesar la bella localidad de Sedona, cogemos la US 179 para hacer la Red Rock Scenic Byway, no sin hacer antes una parada en la Chapel of the Holy Cross, una impresionante iglesia anclada en la roca. Awesome!

Chapel of the Holy Cross. SEDONA, AZ

Chapel of the Holy Cross. SEDONA, AZ

Árbol de tubos de escape de Harley-Davidson. BELLEMONT, AZ

Árbol Harley-Davidson. BELLEMONT, AZ

Una vez terminada la mini ruta, volvemos a Flagstaff para retomar la 66. En Bellmont nos acercamos a ver el árbol hecho con tubos de escape de Harley-Davidson. Se encuentra a medio camino entre Flagstaff y Williams, cerca de un taller y un restaurante de la marca, el Steak Roadhouse Bar & Grill, guapísimo. A la entrada del taller vemos un enorme bidón lleno cacahuetes y en las paredes, a modo de decoración, hay guardarraíles colgados. En una de las mesas, hechas con ruedas originales de moto, hay un grupo de viejos moteros tomando una cerveza, muy auténtico. Detrás de la barra hay una ristra de diez o quince tiradores cada uno con un tipo diferente de cerveza, ¡el paraíso! Cuando nos acercamos a la barra a pedir, el camarero nos dice que nos tenemos que hacer nosotros mismos la comida ¿ein? esto es nuevo… El tema es que en un rincón del local hay varias planchas y una serie de cubetas con tomate, lechuga, cebolla, chile, col, toda clase de salsas, etcétera. Pues nada, nos ponemos y nos hacemos unas hamburguesas, que no es porque las hiciéramos nosotros, pero quedaron estupendas 😉

A la salida, intentamos enganchar de nuevo con la 66 pero tenemos que tirar por la autovía porque la carretera está en muy mal estado. De hecho, llegamos a un callejón sin salida, algo que si intentáis seguir la Ruta original os pasará en más de una ocasión. Una vez llegados a nuestro destino, la ciudad de Williams, cogemos un motel y echamos la siesta por primera vez en este viaje. El motel se llama El Rancho, está regentado por una anciana, y he de decir que cuando entramos a la habitación nos recordó a las casas de nuestras respectivas abuelas.

Pete's Gas Station Museum. WILLIAMS, AZ

Pete’s Gas Station Museum. WILLIAMS, AZ

Tras un sueño reparador nos acercamos al centro, al tramo de Ruta que discurre por el pueblo. Esta calle es como un parque temático de la 66. La ciudad fue la última en ser circunvalada por la autopista en 1984… y viven de ello. El caso es que está masificado de turistas, lo que choca con nuestra experiencia hasta ahora, donde la sensación es de que íbamos solos por la carretera. Pero a los de las tiendas y restaurantes les va genial, muchos viajeros que se acercan a la 66 hacen sólo este tramo, así que está petado de gente.

Cruiser's Cafe 66. WILLIAMS, AZ

Cruiser’s Cafe 66. WILLIAMS, AZ

Nos paramos en la calle principal, donde la gente se agolpa para ver un espectáculo de vaqueros, que no sé muy bien que representan pero no paran de disparar… en definitiva, nada que no hayamos visto cien veces en los poblados western de Almería. Paseamos un rato por la calle, vemos alguna que otra cosa interesante, como el museo de gasolineras de Pete, y volvemos al motel. Mañana tenemos una etapa maratoniana a través del desierto de Mojave hay que descansar.

Grúas del Monte Carlo Truck Service.

Grúa del Monte Carlo Truck Service. ASH FORK, AZ

Grúa del Monte Carlo Truck Service. ASH FORK, AZ

Grúa del Monte Carlo Truck Service. ASH FORK, AZ

Hoy va a ser un día largo. La primera visita del día es el Monte Carlo Truck Stop, una antigua parada de camiones que parece abandonada, tan sólo quedan un par de viejas grúas. Además, un perro de mirada aviesa se acerca lentamente hacia nosotros así que decidimos retomar la marcha.

Con el susto todavía en el cuerpo, seguimos rumbo a Ash Fork, donde paramos a desayunar en el Ranch House Cafe.

De aquí nos vamos a la barbería DeSoto, cerrada y en venta, famosa precisamente por el coche marca DeSoto que hay sobre el techo a modo de reclamo publicitario.

La siguiente parada es Seligman, en cuya calle principal hay varios puntos de interés, aunque como en Williams, el negocio está servido. El pueblo está lleno de turistas, entre ellos muchos franceses, y vemos el famoso Snow Cap Drive In de Ángel Delgadillo, a tope de gente. En la misma calle hay también varias tiendas de regalos.

 

Angel Delgadillo's Snow Cap Drive In. SELIGMAN, AZ

Angel Delgadillo’s Snow Cap Drive In. SELIGMAN, AZ

De camino a Peach Springs, el pueblo en el que se inspiró Pixar para su Radiator Springs de Cars, vemos más mensajes Burma Shave, una tradición de la Ruta 66. Ya sabéis, los carteles secuenciales que se ponían a lo largo de un tramo de carretera con rimas graciosas para anunciarse.

Hacemos una parada en el famoso Hackberry General Store, auténtico icono de la Ruta a su paso por Arizona. Era un almacén donde los viajeros podían repostar gasolina y aprovisionarse de agua antes de cruzar el desierto hacia California. Ahora es una atracción para los turistas con un precioso Corvette de 1957 aparcado en la puerta.

Hackberry General Store. HACKBERRY, AZ

Hackberry General Store. HACKBERRY, AZ

Ejemplo de desert water bag.

Ejemplo de desert water bag.

Este era uno de los últimos puntos de venta de las desert bags antes de atravesar el temible desierto de Mojave, un elemento muy ligado a los desplazamientos en coche en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX: unas rudimentarias bolsas de tela con agua que se colgaban del radiador para afrontar largas travesías por el desierto.

En Kingman pasamos por la torre del agua, con su inscripción de la Ruta 66, y por el Hill Top Motel, con su precioso neón rodeado de cactus.

Hill Top Motel. KINGMAN, AZ

Hill Top Motel. KINGMAN, AZ

Torre de Agua. KINGMAN, AZ

Torre de Agua. KINGMAN, AZ

Muy cerca estaba el Mr. D’z Route 66 Dinner; habría estado bien para comer, estaba muy cuco, al menos por fuera, pero todavía estamos digiriendo el burrito del desayuno (más bien, burrazo). Antes de abandonar el pueblo hacemos una parada delante del museo Powerhouse para ver la locomotora antigua Santa Fe que hay expuesta en la calle.

A partir de aquí iniciamos la subida a Oatman por un antiguo tramo de la 66 muy recomendable (ver video).

Locomotora Santa Fe. KINGMAN, AZ

Locomotora Santa Fe. KINGMAN, AZ

Al llegar nos encontramos con un antiguo poblado minero del Oeste con burros por medio de la calle. Resulta que cuando los mineros se fueron, dejaron a los burros que habían usado para el transporte de material… y allí se quedaron. Ahora pasean libres por las calles en busca de la comida que le dan los turistas, o rebuscando en los cubos de basura, muy fuerte. En la mayoría de tiendas se pueden comprar zanahorias para alimentarlos. Son como las vacas sagradas en la India, van por libre y nadie los molesta.

Burros en OATMAN, AZ

Burros en OATMAN, AZ

Cactus típico de la zona.

Cactus típico de la zona.

Al salir del pueblo casi me llevo a uno por delante. Giro la vista y veo a mi mujer que ladea la cabeza de lado a lado y suspira; la pobre no gana para sustos con tanto bichejo que se cruza…

En la bajada de Oatman vemos un tipo de cactus muy chulo que sólo se ve por esta zona, así que paro y le digo a mi mujer que se ponga junto a uno para una foto. De camino le digo que tenga cuidado con las serpientes y los escorpiones, a lo que se da la vuelta y me dice que le eche la foto a mi señora madre ¬¬

¡Y por fin llegamos a California! Es curioso como hemos pasado en pocos kilómetros de los cuervos de Arizona a las mariposas de California, que se van golpeando contra el cristal del coche conforme avanzamos por la carretera. Tras pasar por Needles, seguimos la Ruta 66 a través del desierto de Mojave, más de cien kilómetros sin ver un alma. Se me ocurre comentarle entonces a mi esposa “fíjate qué putada sería si pincháramos y tal”, y la verdad es que está hoy nostálgica, no hace más que acordarse de mi familia…

Desierto de Mojave. CALIFORNIA

Desierto de Mojave. CALIFORNIA

Aprovechando que no hay ni un alma por la carretera, Lourdes me pide probar el coche para ver cómo va el cambio automático. El caso es que no le gusta mucho conducir, así que me estoy chupando yo todo el viaje (pero con gusto, a mi me encanta). Jiji, jaja… las risas del principio se truncan cuando le pido que aminore un poco para echar una foto y le mete el pie hasta el fondo creyendo que es el embrague… por poco me como el cristal. Tras este pequeño incidente le he comentado que mañana si quiere se lo dejo otra vez para entrar a Los Angeles… Ante la cara de pocos amigos que estaba poniendo he decidido dejar los chascarrillos por ahora.

Roy's Cafe. AMBOY, CA

Roy’s Cafe. AMBOY, CA

En este tramo por el desierto prácticamente no quedan establecimientos ni gasolineras, por lo que hay que ir con el tanque lleno. Tan sólo nos encontramos con el Roy’s Motel & Café, un histórico de la 66 en medio de la nada, representante de la arquitectura Goggie que tan de moda se puso durante la era espacial en Estados Unidos.

Antes de abandonar el desierto pasamos por el cráter de Amboy, un viejo volcán extinto. La zona está plagada de montículos negros de cenizas fosilizadas que supongo que llevan allí bastante tiempo.

Amboy Crater. AMBOY, CA

Amboy Crater. AMBOY, CA

Tras salir del desierto, lo primero que nos encontramos es una gasolinera con los precios por las nubes. No sé si lo he comentado ya, pero en USA el precio de la gasolina puede variar más de un dólar por galón (3,8 litros), así que hay que mirar muy bien donde se reposta: donde menos gasolineras hay, más te clavan.

Tras pasar por el Bagdad Cafe de la peli, paramos a cenar en el Peggy Sue’s 50s Dinner, un restaurante estilo años 50 muy bien ambientado. Por cierto, la comida estaba muy buena.

Peggy Sue’s 50’s Dinner. BARSTOW, CA

Finalmente llegamos a Barstow, destino final de hoy, tras una intensa jornada. Como todo tiene un final, mañana llegaremos a la playa de Santa Mónica y daremos por concluida la Ruta 66 y, con ello, la primera parte de nuestro road trip por tierras estadounidenses.

Palm Cafe. BARSTOW, CA

Palm Cafe. BARSTOW, CA

Como nos quedan pocos kilómetros para llegar al final de nuestra aventura, decidimos tomárnoslo con calma. Empezamos el viaje levantándonos a las 6 de la mañana… y ya vamos por las 9h. Tras recoger la habitación y cargar el coche nos dirigimos al Palm Café, a la salida de Barstow, para tomar un desayuno mediterráneo –que falta nos hace–, pero nos encontramos con la puerta cerrada. Nos ocurre lo mismo con el local de BunBoy. Decidimos avanzar hasta Helendale y probar suerte allí, pero tampoco puede ser.

Siguiendo la carretera llegamos al bosque de botellas de Elmer Long. El clima aquí es semidesértico y se nota que hace tiempo que la autopista dejó a un lado estas tierras. El calor por aquí vuelve a pegar fuerte y el paisaje no difiere demasiado de nuestro querido desierto de Tabernas.

El Bottle Tree Ranch es una obra de arte muy especial. Este bosque de árboles hecho con botellas es obra de Elmer Long, un excéntrico artista local que físicamente podría pasar por uno de los ZZ Top. De pequeño, Elmer solía atravesar el desierto con su padre, que recogía todo tipo de objetos. Cuando murió le dejó a su hijo una colección de botellas de colores, y en aquel momento se le ocurrió hacer su primer árbol de botellas. Elmer inició su obra en el año 2000 y, a día de hoy, ya ha creado más de 200 árboles en su rancho de Oro Grande, a la orilla de la vieja Ruta 66.

El de Long no es el primer bosque de botellas de cristal de Estados Unidos, pero sí es el más poblado. Pero, sin duda, lo mejor de visitar el rancho californiano es conocer al propio Elmer, un tipo tranquilo siempre dispuesto a entablar una conversación amistosa con los viajeros de la 66. 

Elmer Long's Bottle Tree Ranch. ORO GRANDE, CA

Elmer Long’s Bottle Tree Ranch. ORO GRANDE, CA

Tras una breve parada para echar gasolina, logramos al fin “repostar” también nosotros en el Molly Brown’s Country Cafe. Nos atiende una americana que, al ver que somos españoles, hace un esfuerzo enorme para explicarnos el menú en nuestro idioma. Justo al contrario que la mayoría de los mejicanos que nos hemos encontrado…

Primer McDonald's, abierto en 1948. SAN BERNARDINO, CA

Primer McDonald’s, abierto el 15 de mayo de 1940. SAN BERNARDINO, CA

Ya en San Bernardino visitamos el primer McDonald’s, que se construyó allá por 1940. Ahora hay hasta un museo, hay que joderse… Un poco más adelante vemos el California Theatre y el Wigwam Motel, famoso por sus habitaciones en forma de tipi indio. En Holbrook (Arizona) hay otro motel igual, en el tramo que nos saltamos para hacer los Parques Nacionales. Me bajo a hacer unas fotos y veo que un hombre se me acerca. Resulta que es el propietario del motel que está allí con unos obreros haciendo unas reformas. Comenzamos a hablar y hablar del viaje y me dice que como vayamos parando en los sitios de la 66 podemos tardar como 5 horas en llegar a Santa Mónica. En ese momento, tomamos la decisión de coger la autopista para poder llegar a una hora prudencial.

Habitaciones en forma de tipi indio en el WigWam Motel. SAN BERNARDINO, CA

Habitaciones en forma de tipi indio en el WigWam Motel. SAN BERNARDINO, CA

La autopista es la selva en L.A.: seis carriles en cada sentido y coches cruzándose de uno a otro sin siquiera poner el intermitente. Además, la gente conduce bastante agresivo. Si vais varios en el coche, os recomiendo utilizar siempre que podáis el carril VAO (Vía de Alta Ocupación) para dos o más ocupantes, avanzaréis más rápido.

Al final, por la autopista tardamos la mitad de tiempo, lo que nos permite llegar al muelle de Santa Mónica sobre las 14h. La verdad es que la playa está a tope y hace mucho calor. A nosotros nos gustó más el pier de Chicago, y no es por el calor porque allí hacía el mismo o más, si cabe.

Muelle de Santa Mónica, fin de trayecto.

Muelle de Santa Mónica, fin de trayecto.

Tras buscar sin éxito a Mitch Buchanan entre los vigilantes de la playa, andamos un poco por Ocean Boulevard hasta que encontrar la placa que marca el final de la Will Rogers Highway, donde nos hacemos la foto de rigor. Con la satisfacción del deber cumplido, iniciamos la ardua tarea de cruzar la ciudad para llegar al motel que tenemos reservado en la zona de West Hollywood.

Entrada al muelle de Santa Mónica.

Entrada al muelle de Santa Mónica.

Llegamos al motel como dos horas y media después (me daban ganas de pegarme un tiro), pero al menos la zona está muy bien. Desde aquí se ven las letras del cartel de Hollywood sobre la colina y el motel es el típico de película, con su piscinita en medio y las habitaciones alrededor. Vamos, como en Melrose Place…

Playa de Santa Mónica, a tope. ¿Ande andará Mitch?

Playa de Santa Mónica, a tope. ¿Ande andará Mitch?

Aquí termina la primera parte de nuestra aventura. Han sido casi 5.000 kilómetros atravesando los States que difícilmente olvidaremos. Este inmenso país es un lugar de contrastes que no deja indiferente. Hemos recorrido desiertos, bosques, alta montaña, grandes ciudades, áreas rurales…

Pero aún nos queda la segunda parte del viaje, el triángulo de la Costa Oeste: Los Angeles, San Francisco y Las Vegas. See you soon!!

Hollywood Boulevard, el Paseo de la Fama con las estrellas en el suelo.

Hollywood Boulevard, el Paseo de la Fama de Los Angeles.

Comenzamos la mañana más tarde de lo planeado, pero es que los días ya van pasando factura. Nuestra intención es ir a ver el Paseo de la Fama, por lo que nos acercamos hasta Hollywood Boulevard. Aparcar por allí es algo complicado, por lo que optamos por dejarlo en el parking más cercano a la zona, y claro, como no, hay que soltar pasta…

Edificio de Capitol Records.

Edificio de Capitol Records.

Una vez allí comenzamos a darle a la pata y empiezan a asaltarnos decenas de personajes que se ponen en las aceras a venderte tours por las casas de los famosos. Bah, que vengan ellos a ver la mía…

Pasamos de todas las proposiciones con un “no, thanks” y nos dirigimos hacia el edificio de Capitol Records. De camino vemos el edificio de la CNN, mientras vamos pisando las estrellas de los famosos: Marilyn Monroe, Jamen Dean, Harrison Ford, Antonio Banderas… cualquiera que se os ocurra. Buscar una estrella en concreto es bastante complicado, pero de casualidad vemos la de Penélope Cruz, que estaba en una zona en obras, oculta bajo unos andamios.

La compañía Capitol Records fue fundada por el compositor Johnny Mercer  en 1920, con el apoyo financiero del productor de películas Buddy De Sylva y la perspicacia financiera de Glenn Wallichs, dueño de Music City, que en esa época era una de las más grandes tiendas de discos de Los Angeles, en la esquina de Sunset con Vine. Capitol Records abrió su primera oficina en un almacén del edificio de Music City.

Capitol fue el primer sello de la Costa Oeste, compitiendo contra RCA-Victor, Columbia y Decca, todos situados en Nueva York.

Teatro Chino. HOLLYWOOD, CA

Teatro Chino. HOLLYWOOD, CA

En honor a la verdad, el Paseo de la Fama carece de todo glamour, yo creo que todos nos imaginamos otra cosa antes de venir. La calle está plagada de tiendas de camisetas y de souvenirs y, salvo las estrellas del suelo, no hay mucho que ver. Lo único potable es el Teatro Chino, en cuya acera están las baldosas con las huellas de los actores.

La visita al Paseo de la Fama estuvo amenizada por un grupo de fanáticos religiosos que, megáfono en mano, iban por la calle cantando y rezando, supongo que por la salvación de las almas de todo el show business…

Después de andar bajo un sol de justicia y comprar un par de cosillas, vamos a buscar el coche para poner rumbo a las colinas de HollywoodComo hace años que no se puede acceder a las letras del cartel por cuestiones de seguridad, nos acercamos a uno de los miradores disponibles desde el que se ve bastante bien.

Cartel de Hollywood, un mito de la ciudad de Los Angeles.

Cartel de Hollywood, un mito de la ciudad de Los Angeles.

Torre de Agua en los Estudios Warner Bros,

Torre de Agua en los Estudios Warner Bros,

Reconozco que ver de cerca el cartel de la antigua Hollywoodland me hizo mucha ilusión. Tras echarnos las fotos de rigor salimos hacia los Estudios Warner Bros a hacer el tour que teníamos reservado en español a las 15,15h. La visita comienza con un pequeño video de siete minutos con imágenes de las películas que han ido realizando desde que los hermanos Warner fundaran el estudio en 1923. La verdad es que el video ya te mete en situación y consigue emocionarte, al menos a mí se me encogió el corazón frente a tantos recuerdos de mi niñez.

Tras esto nos presentan al que va a ser nuestro guía durante las dos horas y media que dura el tour. La cosa promete porque de los cuatro que entran es el más payaso. Se llama Bob y tiene un acento muy gracioso. La visita se realiza en una especie de carritos de golf con varias filas de asientos. Los estudios son inmensos y la gente se mueve por ellos en estos vehículos. Vamos pasando por diferentes naves donde fabrican el atrezzo para las pelis, decorados que por fuera son un motel, una universidad, un ayuntamiento… pero que por dentro son aprovechados para oficinas de los Estudios.

Cada nave del Estudio tiene una placa con las películas que se han rodado en su interior.

Cada nave del Estudio tiene una placa con las películas que se han rodado en su interior.

Nos cuenta que aquí aprovechan todos los edificios para rodar y los reutilizan para diferentes series y películas. Lo malo de la visita, a mi juicio, es que se centra demasiado en las series de televisión y dejan de lado un poco las películas.

Pasamos por el bar de Sam Merlotte en True Blood, el Central Perk de Friends (lo han conservado tal cual para el público), el plató de grabación de la serie estrella de la cadena, Big Bang Theory (no nos dejan hacer fotos por temas de copyright)… y otros muchos.

Bob nos cuenta que de los 84 Óscar a Mejor Película que ha repartido la Academia en su historia, Warner Bros ha ganado tan sólo 8, muy pocos teniendo en cuenta la calidad de algunas de las pelis que se han quedado sin estatuilla.

Central Perk, la mítica cafetería de la serie Friends. Estudios Warner Bros. BURBANK, CA

Central Perk, la mítica cafetería de la serie Friends. Estudios Warner Bros. BURBANK, CA

En un momento dado, Bob escoge a mi mujer para recrear una escena de Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004) delante de uno de los escenarios originales de la peli, y más tarde para que corra como Phoebe en el episodio que hace footing por Central Park junto a Rachel en Friends… esta se presta a todo 🙂

A renglón seguido nos llevan a un museo de coches famosos donde están el Batmóvil, el Ford Gran Torino de Clint Eastwood, el Lincoln Continental de Matrix, el coche de Austin Powers, la furgoneta de Scooby Doo, y el Dodge Charger ‘General Lee’ de Los Duques de Hazzard, entre otros.

Museo de vehículos de cine en los Estudios Warner Bros. BURBANK, CA

Museo de vehículos de cine en los Estudios Warner Bros. BURBANK, CA

Después nos llevan a otro museo, en esta ocasión de vestuario de las películas y series del Estudio, muy chulo, con una segunda planta dedicada exclusivamente a Harry Potter en el que te podías probar el sombrero que elige. Aquí tampoco dejan tirar fotos 😦

Bob en acción con una joven visitante.

Bob en acción con una joven visitante.

Para concluir la visita, nuestro guía nos tiene preparado un fin de fiesta especial. El tío es una enciclopedia viviente de cine y series, en cada lugar te va contando escenas de manera detallada, muchas veces acompañadas de una representación… ¡es un crack! Parece el típico actor que no ha podido llegar a la gran pantalla y que se dedica a esto para seguir en contacto con el mundo de la farándula. Resulta que él fue el que inició los tours en español; de hecho, es el único idioma a parte del inglés en el que se dan las visitas. Para despedirse, nos hace varios representaciones más de pelis, pero viviéndolo, ¡con energía! La verdad es que la visita es super entretenida y ayuda mucho que el guía sea tan majo.

De allí queríamos subir al Parque Griffith, pero antes hacemos la subida de Mulholland Drive por aquello de redondear el día cinéfilo. Al fin, subimos al Observatorio Griffith para tener una vista panorámica de la ciudad y ver otro escenario de cine, concretamente el final de Rebelde sin causa (Nicholas Ray, 1955); de hecho, hay un busto de James Dean en conmemoración. Desde allí apreciamos la enorme extensión que ocupa L.A., que se pierde ante nuestra vista:

Antes de bajar, tenemos tiempo de hacer cola para ver el Universo a través de uno de los telescopios del observatorio. Y así finalizamos nuestro segundo día en la meca del cine. ¡Mañana más!

Hoy nos espera un día tranquilo. Lo primero que hacemos es acercarnos a la zona de Beverly Hills. Llegamos y nos encontramos un montón de gente esperando para hacerse una foto junto al cartel de entrada situado en Beverly Gardens Park. Es un poco patético pero hacemos cola para la foto de rigor, no íbamos a ser menos 😉

Beverly Gardens Park. BEVERLY HILLS, CA

Beverly Gardens Park. BEVERLY HILLS, CA

Después de esto nos hemos dado un garbeo en coche y… tremendas chozas. Como en todo, a menudo el dinero no da el buen gusto, pero por lo general, la zona es la caña. Ayer ya vimos casa exclusivas en las colinas de Hollywood mientras subíamos a ver de cerca el cartel, pero lo de aquí son mansiones en toda regla.

Beverly Drive. BEVERLY HILLS, CA

Beverly Drive. BEVERLY HILLS, CA

Poco después nos hemos paseado por Rodeo Drive, otra de las zonas exclusivas de L.A., con tiendas de Cartier, Ralph Lauren, Channel, etcétera. También hemos pasado por el hotel de Pretty Woman (Garry Marshall, 1990), el Regent Beverly Wilshire. Como no teníamos pensado comprar nada (nótese la ironía), hemos optado por no bajarnos ni siquiera del coche, no es una zona que nos hiciese especial ilusión.

Regent Beverly Wilshire, el hotel de Pretty Woman.

Regent Beverly Wilshire, el hotel de Pretty Woman.

De camino al Grove Market hemos visto en una esquina a un tío que vendía alfombras de piel, unas eran sintéticas y otras naturales, la verdad es que se notaba la diferencia. Hace tiempo que andábamos detrás de una de vaca, así que nos hemos bajado a preguntar precios, aunque era evidente que lo que costaban las auténticas no lo íbamos a pagar. No me ha quedado más remedio que regatear con el tipo hasta que la he sacado por un tercio de lo que pedía, algo ya bastante razonable. Pues sí, ahora llevamos un animal muerto en el maletero. No sé muy bien cómo la vamos a meter en la maleta, ni si tendremos problemas por transportar un cadáver –que en paz descanse–, pero como nos pillen los de aduanas la hemos cagado…

Una vez metido el difunto en el maletero hemos seguido nuestro camino. Al llegar al supuesto mercado nos hemos dado cuenta de que era 5% mercado y 95% centro comercial al aire libre. Había hasta un trenecito para que te movieses por la zona. ¡Hasta para eso había cola! En una esquinita estaba el mercado con varios puestos y muchos sitios para comer.

Después de tomar un tentempié y un breve paseo, hemos recogido el coche del parking y nos hemos vuelto a descansar a nuestro motel, el Coral Sands. Cuando digo descansar me refiero a un bañito en la piscina y una sesión en el jacuzzi 😉

El Coral Sands es un motel muy agradable orientado a la gente joven.

El Coral Sands es un motel muy agradable orientado a la gente joven.

Bueno, mañana partimos hacia San Francisco por la Highway 1, la carretera del Pacífico, pero antes de llegar a la ciudad del Golden Gate nos esperan dos paradas, la primera en San Luis Obispo. Seguiremos informando…

La bruma del Pacífico envuelve la costa a primera hora de la mañana…

Hoy toca recoger y despedirse de Los Angeles. Con el cartel de Hollywood ya en el retrovisor, cogemos la mítica Highway 1, territorio de los Beach Boys. Pasamos por varias playas californianas famosas como Malibú o Zuma (la del fitness). Aunque el día está bastante nublado y hace fresco, a primera hora ya hay bastante gente y los aparcamientos están llenos; eso sí, previo paso por caja, como siempre: entre 8 y 10 dólares. A nosotros nos choca bastante tener que pagar por ir a la playa, pero aquí es otro mundo. Pasamos de largo…

Una duna gigante llega hasta la orilla de la California Highway 1.

Hay muchísimas playas de camino con nombre español: El Matador, La Piedra, El Pescador… Muy cerca hemos visto una enorme duna de arena que llegaban hasta la carretera. La gente se subía hasta arriba y bajaban rodando como croquetas. Nosotros no hemos querido subir, más que nada, por el engorro de tener que sacudir las chanclas después 😉

Misión de Santa Bárbara, fundada en 1786 por nuestros antepasados.

La Misión de Santa Bárbara es la mayor atracción turística de la ciudad.

Hemos parado en Santa Bárbara, concretamente en la antigua Misión española, preciosa. Todos nos acordamos de esta ciudad cuando llueve y la asociamos al megaculebrón de los años 90. Se nota el alto poder adquisitivo de sus habitantes, se ven muchas zonas residenciales con buenos caserones. De cualquier forma, no nos hemos entretenido demasiado allí, aún nos queda un buen trecho.

MisiónLa Misión de Santa Bárbara fue fundada por el Padre Fermín Lasuén el 4 de diciembre de 1786, coincidiendo con el día de Santa Bárbara. Fue la décima Misión establecida por los españoles en California, consagrada a la conversión religiosa de la tribu indígena local Chumash-Barbareño.

Los terrenos de la Misión se encuentran entre el océano Pacífico y las montañas de Santa Ynez y fueron consagrados por el Padre Fermín Lasuén, quien había asumido la dirección las misiones californianas tras la muerte del Padre Presidente Junípero Serra. La de Santa Bárbara es la única misión que permanece bajo la dirección de los frailes franciscanos desde su fundación, siendo hoy en día una parroquia de la Archidiócesis de Los Angeles.

Su nombre, así como el de la ciudad y el condado, proviene de la leyenda de Santa Bárbara, una joven decapitada por su padre por convertirse a la fe cristiana. Los primeros misioneros construyeron tres capillas diferentes durante los primeros años, cada una más grande que la anterior. Después de que el gran terremoto de Santa Bárbara, el 21 de diciembre de 1812, destruyese los edificios existentes, se inició la construcción de la Misión actual, cuyas obras concluyeron en el año 1820. Otro terremoto, el 29 de junio de 1925, ocasionó graves daños a las dos torres de la capilla, pero posteriormente fueron reconstruidas tan sólo dos años más tarde. El aspecto del interior de la iglesia no ha variado significativamente desde 1820.

http://www.santabarbaramission.org

Poco antes de llegar a San Luis Obispo, en la localidad de Oceano, hemos parado en un lugar que nos ha llamado especialmente la atención, un restaurante formado por dos vagones de tren, el Margie’s Rock ‘n’ Roll Diner. Muy cerca había un parque inmenso con un lago y muchos bancos para hacer picnic, eso sí, si te dejan los pájaros que hay por la zona.

Margie’s Rock ‘n’ Roll Diner. OCEANO, CA

Antes de alojarnos hemos parado en el autocine, para ver a qué hora proyectaban la película, The Dark Knight Rises (Christopher Nolan, 2012). Ya sabéis de capítulos anteriores que era algo que teníamos pendiente. Tras averiguar que empieza a las 20,30h, nos hemos ido a buscar un motel cercano.

La experiencia en el autocine ha sido increíble. Como es domingo, y además es un estreno reciente, nos hemos ido 45 minutos antes. El caso es que ya había gente, pero hemos podido coger un buen sitio. Aquí se lo montan genial, van en sus camionetas y la mayoría las ponen de culo a la pantalla, provistos de sillas plegables y mantas para verla cómodamente sentados. Otros optan por sacar las sillas fuera del coche y montar un chiringuito delante del vehículo. Nosotros nos hemos quedado dentro del coche porque hacía bastante frío fuera y tampoco íbamos preparados. La pantalla era bastante grande y el audio se sintoniza con la radio del coche a través de una frecuencia de la FM que allí mismo te indican. La peli obviamente es en inglés, pero después de más de dos semanas por aquí nos enteramos perfectamente de todo… mentira cochina, de casi todo 😛

Sunset Drive In. SAN LUIS OBISPO, CA

Sala de proyección del autocine.

Como veis, estos días nos lo estamos tomando con calma antes de entrar de nuevo en la vorágine de una gran ciudad, San Francisco, de la que espero tengamos mucho que contar y que aguardamos con mucha ilusión.