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Antigua Misión. SAN LUIS OBISPO, CA

Antigua Misión. SAN LUIS OBISPO, CA

Antes de abandonar el precioso pueblo de San Luis Obispo nos acercamos al centro, a disfrutar de su antigua Misión española, menos espectacular que la de Santa Bárbara pero igual de bella. Durante la jornada de ayer ya comprobamos que el tiempo es muy variable en esta zona de California: suele amanecer nublado y con mucha neblina pero a lo largo de la mañana el cielo se va despejando y aparece el sol.

Interior de la Misión.

Interior de la Misión.

San Luis Obispo de Tolosa es una Misión española fundada en 1772 por el Padre Junípero Serra. La iglesia es inusual en su diseño, ya que su combinación de campanario y atrio no se encuentra en ninguna otra de las misiones de California. La nave principal es corta y estrecha, algo común, pero en San Luis Obispo hay una nave secundaria de casi el mismo tamaño situada a la derecha del altar, haciendo de esta la única en forma de “L”. En la actualidad es una parroquia de la Diócesis de Monterey.

Estamos en Big Sur, una porción de la costa californiana conocida por sus agrestes paisajes y escarpados acantilados. El primer pueblo del día es Morro Bay, lamado así por un enorme peñasco que hay en la costa. La verdad es que me recordó en cierto modo a la localidad alicantina de Calpe.

Conforme seguimos avanzando por la Pacific Coast Highway, los tonos ocre de los prados se ven potenciados por la bruma baja que envuelve las montañas.

De camino a Cambria, una ardilla cruza como una exhalación la carretera y con un volantazo conseguimos sobrepasarla sin darle, pero no sabemos si el coche que venía detrás habrá tenido los mismos reflejos. Os puedo asegurar que la ardilla vio la luz al final del túnel porque el neumático le peinó el flequillo. El pueblo es un lugar precioso, con casas inmensas –como no– de diversos colores escalonadas sobre la colina. A pesar de estar muy cerca de la costa parece un pueblo de montaña.

La bruma baja sobre las montañas confiere hoy a la carretera un aspecto impresionante.

La bruma baja sobre las montañas confiere hoy a la carretera un aspecto impresionante.

Paramos en la playa de Moonstone Beach, un lugar donde se respira tranquilidad. Al igual que ayer, la bruma está baja a estas horas de la mañana y hace bastante frío. Casualmente vemos otra ardilla que se esconde en un hueco, nos acercamos y la tía sale, nos enseña los dientes y emite un ruido súper gracioso. El caso es que minutos más tarde descubrimos que la playa está plagada de ardillas que salen hasta de debajo de las piedras, pasean a sus anchas por una pasarela de madera sobre la arena e, incluso, llegan a acercarse a las personas. Ver para creer, las primeras ardillas playeras que conozco…

Ardillas playeras en Moonstone Beach. CAMBRIA, CA

Ardillas playeras en Moonstone Beach. CAMBRIA, CA

Nuestra siguiente parada es cerca de San Simeón, en otra playa que invita a la relajación con el ruido de las olas de fondo, cometas volando en un cielo ya más despejado, pájaros sobrevolando la zona, más ardillas y… de repente, una cola gigante sobresale del mar, más bien dos. Son una parejita de elefantes marinos. Más adelante, paramos en un punto de observación de estos animales, que emiten unos sonidos muy fuertes y echan un pestazo que tira para atrás. No obstante, merece la pena aguantar unos minutos la respiración para contemplar como juguetean entre sí.

La costa está plagada de acantilados que esconden pequeñas calas.

La costa está plagada de acantilados que esconden pequeñas calas.

Como veis las paradas se suceden una tras otra, esta parte de la carretera del Pacífico es la más espectacular con diferencia. Durante unas 60 millas discurre por acantilados junto al océano, así que las vistas son increíbles. Es inevitable parar el coche una y otra vez para contemplar como los surfistas surcan las olas mientras esquivan enormes rocas, ver un riachuelo que desemboca en una playa recóndita o como el chulo de turno del descapotable se peina los cuatro pelos en guerrilla que le quedan. Tanto es así, que tardamos unas 8 horas en recorrer 200 kilómetros de costa. También es cierto que hay bastante tráfico. Nos llaman especialmente la atención unas algas que hay en la arena que parecen brotes de soja gigantes, ¡aquí siempre todo a lo grande!

El surfista y la gaviota ;)

El surfista y la gaviota 😉

La California 1, parte de la Pacific Coast Highway, ofrece unas vistas espectaculares.

La California 1, parte de la Pacific Coast Highway, ofrece unas vistas espectaculares.

Pasamos junto a un prado en cuesta en el que un grupo de vacas pasta alegremente a escasos metros del mar. A la altura del pueblo de Lucía nos encontramos una zona de obras, están construyendo un túnel de estos con ventanas hacia el mar. También pasamos por el famoso puente de arcos Bixby, increíble.

Bixby bridge. CALIFORNIA HWY 1

Bixby bridge. CALIFORNIA HWY 1

En un principio habíamos pensado entrar a Carmel, la ciudad en la que vive Clint Eastwood y de la que fue alcalde, pero son las cinco de la tarde, no hemos comido, y estamos cansados… por lo que optamos por buscar motel en Monterey, cenar y descansar.

Así lo hacemos. Caminando por el paseo marítimo en busca de un lugar para hacer nuestro almuerzo-cena encontramos un japonés. A los dos nos apetece muchísimo; ya estamos cansados de hamburguesas, sándwiches, perritos calientes… ¡y además nos encanta el sushi! El lugar es muy acogedor y con unas magníficas vistas al puerto deportivo. Aunque nos invitan a sentarnos fuera, preferimos quedarnos dentro porque hace bastante frío. El caso es que cuando pedimos hay una pequeña confusión y nos ponen un plato de más, y ya habíamos pedido bastante porque estábamos pasados de hambre. Pero bueno, como lo hemos pillado con ganas damos cuenta de todo. Si os gusta la comida japonesa os recomiendo este restaurante, el sushi es excelente y el precio nada mal para todo lo que nos pusieron, unos 70 euros los dos. Está en el puerto deportivo de Monterey, en una especie de torre circular acristalada, y se llama Sapporo. Os dejamos un testimonio de lo que nos metimos entre pecho y espalda (sin los aperitivos, que no llegaron a la foto) 😉

Cargamento de sushi listo para degustar ;)

Cargamento de sushi listo para degustar 😉

De camino al coche nos quedamos helados. En pocos días hemos pasado del calor del desierto al frío del Pacífico. Veremos mañana en San Francisco

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Mientras escribo estas líneas, la jefa está probándose los trapitos que se ha comprado esta mañana en el outlet. Paso a relataros…

Tras un desayuno “energético” compuesto por un huevo al que le habían enseñado el agua y un par de salchichas, dejamos el motel con el ¿inocuo? propósito de visitar un outlet en Gilroy con más de 150 tiendas que pilla de camino a San Franciscouna inocente parada, ¿verdad? ¡já!

¿Habéis visto en las películas cuando se ve a una mujer que va de compras y a un séquito de personas que la siguen cargados con paquetes y bolsas? Pues ese era yo… En este viaje hemos visto carreteras que se perdían en el horizonte, grandes maravillas de la naturaleza, ciudades famosas en el mundo entero… pero el entusiasmo de hoy no se lo había visto a Lourdes hasta ahora. Nunca había visto a nadie moverse con tanta soltura y destreza entre perchas y expositores de ropa. Ni las dependientas podían seguirla; ya no digamos yo, que vagaba por la tienda cual alma en pena detrás de ella.

Dragon’s Gate, la puerta de entrada a Chinatown. SAN FRANCISCO, CA

A eso de las 3 de la tarde, la señora ha dado de manos. El caso es que no sé cómo, pero hemos pasado de ir dos en el coche a que se nos acoplen un tal Ralph y un Tommy no sé qué… eso sin tener en cuenta la vaca muerta que llevamos en el maletero desde Los Angeles. En este coche ya no cabe más gente…

Comemos algo en un Applebees cercano a los outlets y por fin enfilamos la 101, que nos llevará directamente hacia San Francisco. El caso es que aquí la autopista tiene también de cuatro a seis carriles en cada sentido y hay bastante tráfico, pero la sensación es de mucho menos agobio que en L.A. De hecho, penetramos hasta el corazón de la ciudad sin sufrir ni una sola retención. Genial. Circulamos por nuestras primeras calles empinadas y llegamos hasta la misma puerta de Chinatown. El hotel está estratégicamente situado en la esquina de la Chinatown Gate, la puerta de entrada al barrio chino de la ciudad. El hotel es modesto pero funcional… y sobre todo barato, porque el precio de los alojamientos en San Francisco es de locura.

El barrio chino no es excesivamente grande pero está hiperpoblado.

Es posible comprar raíces y plantas de todo tipo en las pequeñas tiendas de Chinatown.

Tras dejar las cosas en la habitación, nos vamos a dar una vuelta por Chinatown. Al traspasar la puerta de entrada, vemos lo que sería el sueño de mi abuela: una calle plagada de tiendas de Todo a Cien. Los precios son muy baratos y aquí puedes comprar casi cualquier cosa que se te pase por la cabeza.

Chinatown en San Francisco constituye la comunidad china más grande del mundo fuera de su país: conservan todas sus costumbres, los carteles de las tiendas están en su idioma y la única lengua que se oye en las numerosas fruterías y verdulerías del barrio es el chino. En estas tiendas hemos visto un montón de raíces y plantas raras de uso común, suponemos, en Asia. Por cierto, chillan un montón y la higiene brilla un poco por su ausencia en los puestos. La verdad es que el ambientillo está genial, amenizado incluso con música:

Llegada la hora de cenar, las 6 de la tarde, hemos entrado un poco por casualidad a un restaurante de sushi de los que la comida va pasando por delante de ti y coges lo que te apetece. Nunca habíamos estado en uno, sólo lo habíamos visto en las pelis, y la verdad es que es muy divertido. En este la comida pasaba por delante en pequeños barquitos de madera que surcaban un minicanal de agua alrededor de la cocinera, que permanentemente cargaba los barcos de sushi y otras cosillas. El sistema es sencillo: hay cuatro tipos de platos diferentes, cada uno con un precio. Vas cogiendo y, al final de la comida, la camarera se acerca a hacer recuento.

El término kaiten sushi (回転寿司) o kaitenzushi sirve para describir un restaurante de sushi donde los platos se colocan sobre un trasportador de banda que atraviesa el local y pasa por cada puesto de los comensales. Es posible pedir alguna orden especial o, simplemente, coger directamente el plato de su elección. La cuenta final se calcula en base al número y tipo de platillos que se hayan consumido. Además de la banda transportadora, algunos restaurantes usan una presentación más elegante que es la de utilizar pequeños botes de madera viajando a través de pequeños canales o trenes en miniatura.

Con esto finalizamos nuestra primera tarde en San Francisco. Por cierto, hace un frío de cojones. Mañana más…

Interior de la antigua catedral de Santa María en Chinatown. SAN FRANCISCO, CA

Exterior de la catedral.

Nuestra primera incursión en San Francisco ha sido para comprar ropa de abrigo porque hace un frío polar. Conforme llegábamos ayer a la ciudad veíamos a la gente excesivamente abrigada para el sol que hacía. No nos lo explicábamos, pero fue cuando salimos del coche cuando lo entendimos todo. En esta ciudad, tan pronto te mueres de calor como te falta ropa para taparte. Hay una frase famosa de Mark Twain que describe a la perfección lo que es el clima por esta época: “El invierno más duro que pasé fue un verano en San Francisco”, y no exageraba…

Como la ropa que traemos en la maleta es más bien ligerita, nos hemos ido a comprar las típicas sudaderas y chaquetones de SF a las tiendas de ChinatownDe paso que nos adentrábamos otra vez en la pequeña China nos hemos acercado a ver la antigua catedral de Santa María, que tenía buena pinta por fuera y que no nos ha decepcionado por dentro.

Una vez bien forrados, mapa en mano nos hemos dirigido a ver el cambio de agujas de los tranvías, en la esquina de Powell St. con Market St. Ni que decir tiene que la gente se agolpaba en primera línea para verlo, pero hemos conseguido hacernos un hueco. El sistema es de “tracción animal”, vamos: el tranvía se sitúa en una plataforma giratoria que giran a mano dos operarios municipales.

Después de esto nos hemos acercado a la plaza Hallidie a comprar el abono que nos permitirá coger los distintos medios de transporte de la ciudad las veces que queramos durante nuestra estancia en San Francisco. El transporte público en SF funciona muy bien, así que dejaremos el coche en el parking. Tras hacer una pequeña cola, nos fuimos a visitar el City Hall, uséase, el Ayuntamiento. Además de verlo por fuera, visitarlo por dentro es gratis. Debe ser la única Casa Consistorial del mundo que está plagada de turistas, increíble. Allí está la escalera por la que bajaba el gran Harry Callahan, Harry ‘El Sucio’…

Ayuntamiento de San Francisco.

Las escaleras del Consistorio han aparecido en múltiples películas de Hollywood.

Tras un buen rato de visita, nos fuimos al mercado que había justo al lado para tomar un tentempié. Había un montón de puestos de fruta y verdura (muchos ecológicos). También había chiringuitos para comer: perritos calientes, gofres, crepes… pero nos decidimos por un puesto de pizzas que venía con el horno incluido.

Mercadillo, con la magnífica cúpula del Ayuntamiento al fondo.

Aquí mi mujer se empezó a encontrar indispuesta (se ve que se le indigestaron las compras del outlet del día anterior) y tuvimos que regresar al hotel. Una pena, pero lo primero es la salud.

Las cuestas de San Francisco, míticas.

Mi mujer sigue pocha, pero vamos a hacer un intento por no perder el día. A primera hora nos hemos acercado a las Painted Ladies, las archiconocidas casas de la serie Padres Forzosos. Están junto a Alamo Square, un pequeño parque desde el que se divisan perfectamente. A pesar de ser temprano, no éramos los primeros que estaban haciéndose fotos junto a estos caserones de varios millones de euros.

Las Painted Ladies, las famosas casas de ‘Padres Forzosos’.

La idea desde aquí era cruzar a pie el barrio hippie de Haight-Ashbury y llegar hasta el Golden Gate Park. Sin embargo, por el camino mi mujer se ha resentido, por lo que hemos cogido un autobús. Mientras esperábamos el bus hemos coincidido con una señora china súper simpática de unos 60 años que al ver que éramos turistas y andábamos un poco despistados con el autobús que teníamos que coger, nos ha explicado a la perfección la línea que nos venía bien. Pero no se ha limitado a eso, nos ha dado una serie de consejos prácticos sobre seguridad (eso es muy de abuelilla): nos ha advertido de que tengamos cuidado con la mochila en el bus, porque cantamos a legua que somos turistas y en un descuido nos podemos quedar sin cartera y pasaporte. Además, nos ha dicho que a partir de las 18 horas tengamos cuidado en determinados barrios. ¡Todo controlado! Algo muy curioso que nos ha comentado y que tiene toda la razón es que en el resto de ciudades del mundo hay 4 estaciones al año, aquí hay 4 estaciones al día 😉

Vista desde la parada del autobús. Buen barrio…

Finalmente, el autobús nos ha dejado en la misma entrada de los Jardines Japoneses, y eso es todo lo que hemos visto. Lourdes no podía más así que hemos tenido que abortar la jornada. Una lástima porque teníamos muchas ganas de verlos. En fin, que se le va a hacer, son muchos días de viaje y estás cosas pasan. Mañana intentaremos recuperar el tiempo perdido.

Pirámide Transamerica, en el corazón del distrito financiero.

Hoy tenemos mucho que hacer. Para intentar recuperar el tiempo perdido, hemos cogido el coche. Aún nos quedan muchas cosas por ver y vamos a recorrer las calles de San Francisco a lo Steve McQueen en Bullitt (Peter Yates, 1968) (bueno, quizás un poco más despacio). Comenzamos…

Con el fresquito de la mañana nos acercamos a la famosa pirámide Transamérica, en el centro financiero de la ciudad. El edificio, impresionante desde cualquier ángulo, se ha convertido en pocas décadas en la silueta más característica del skyline de San Francisco. De allí nos dirigimos hacia la zona de Embarcadero, para visitar el gran edificio del puerto, en el Pier 1. Los pier (muelles) del norte de SF están numerados y hay más de 40. La zona está plagada de vagabundos (en general, hay muchísimos homeless por toda la ciudad).

Nuestra siguiente parada es la Coit Tower. Situada en una colina cerca de la bahía (menudas chozas hay por aquí también), cuenta con unas vistas inmejorables de la ciudad. Dudamos si pagar por subir a la torre en sí, la verdad es que desde la colina ya hay unas buenas vistas, pero al final lo hacemos: 7$. Mi consejo: ahórratelos, no merece la pena. En la torre la visión está limitada a unos ventanales muy gruesos y arañados. Aún así, se puede tomar alguna foto potable del skyline de la ciudad.

El puerto de San Francisco, una zona preciosa de la ciudad.

El skyline de San Francisco, pequeño pero resultón.

Una vez concluida la visita nos fuimos a la zona de Fisherman’s Wharf, el antiguo barrio de los pescadores, a ver los leones marinos en el Pier 39. De todos los muelle o pier que hemos visto hasta ahora (Chicago y L.A.), este es el que más nos ha gustado, es super bonito. Eso sí, a reventar de gente. Como los anteriores, está repleto de tiendas y restaurantes.

En una de las zonas había un puesto de fruta fresca del que nos quedamos prendados. Los productos tenían una pinta tremenda y además las raciones eran generosas. Mi mujer se cogió una tarrina de fresas acompañadas de un recipiente con chocolate para mojarlas. Por mi parte, me pedí una de cerezas gigantes. Eso sí, bastante cara, pero estaba exquisita.

Fisherman’s Wharf, una zona muy animada, como se puede comprobar.

La única pega es que a los leones marinos prácticamente ni los vimos. En el muelle hay varias plataformas de madera flotando en el agua donde se suelen colocar, pero los cuatro que había ese día estaban tirados a la bartola en una de las más lejanas. Tras un rato mirando, no vimos demasiado movimiento. Tan sólo había uno más próximo a nosotros y parecía medio muerto de lo sobadísimo que estaba.

La siguiente parada es la calle más sinuosa del mundo, Lombard Street; cómo no, a reventar de gente. El sitio es impresionante, y las casas de la calle, aún más… ¡menudas chozas! La verdad es que en California nos estamos hartando de ver lujo y “utilitarios” tipo Porsche, Ferrari, Lamborghini… ya no impresionan 😉

Lombard Street: los coches no bajan, se descuelgan…

Como íbamos en coche, bajamos Lombard Street como dios manda, sobre ruedas:

Después de esto toca el Golden Gate. No lo atravesamos porque lo haremos mañana cuando salgamos de San Francisco, pero sí que paramos en los miradores del sur desde donde se divisaba bajo una densa niebla. Aquí fue difícil aparcar porque el parking estaba a tope. La verdad es que no se puede decir mucho sobre este puente que no se sepa ya. El lugar más fotografiado de San Francisco y seguramente del mundo… ¡qué de gente! En general, la ciudad está colapsada por los turistas en verano, supongo que en otras épocas del año se podrá visitar más tranquilamente.

El Golden Gate, el puente más famoso del mundo.

En español, “Puerta Dorada”, el Golden Gate es un puente colgante que une la península de San Francisco por el norte con el condado de Marin. Recibe su nombre del estrecho de Constantinopla, llamado también la Puerta Dorada porque comunicaba Europa con Asia.

En la década posterior a la Primera Guerra Mundial, el tráfico rodado en la región de la bahía se multiplicó por siete, de modo que el sistema de ferris era incapaz de absorber este crecimiento. Construido entre 1933 y 1937, cuenta con una longitud aproximada de 1.280 metros y se encuentra suspendido sobre dos torres de 227 metros de altura. La calzada tiene seis carriles (tres en cada dirección) y dispone de carriles protegidos accesibles para peatones y bicicletas. Bajo su estructura, deja 67 m de altura para el paso de los barcos a través de la bahía.

El Golden Gate constituyó la mayor obra de ingeniería de su época. Fue pintado con urgencia para evitar la rápida oxidación producida en el acero de su estructura por el oceáno Pacífico, de ahí su característico color rojo.

El último punto desde donde vemos el gran puente está en la parte baja, en Fort Point, el lugar donde James Stewart se tira al agua para salvar a Kim Novak en Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). Mientras lo contemplamos nos sorprende la presencia de un pelícano que está chorreando, empapado por el oleaje de la orilla y que parece que tiene bastante frío. No me extraña, hace bastante pelete por aquí ya a estas horas de la tarde.

El puente desde Fort Point. El tiempo no acompañaba para imitar a James Stewart…

Y así termina un intenso día de acción en SF. Volvemos al hotel a descansar porque mañana nos espera un largo día entre rejas…

Celdas de Alcatraz. SAN FRANCISCO, CA

Hoy abandonamos Frisco. Tras dejar nuestro hotel de Chinatown, cargamos todos los bártulos en el coche y nos dirigimos hacia el Pier 33, desde donde sale el ferry a la isla de Alcatraz. Nosotros vamos con Alcatraz Cruises. El muelle es un hervidero de gente; no en vano, el presidio es uno de los lugares más visitados de la ciudad.

Patio de la cárcel, reconocible en películas como Fuga de Alcatraz, con Clint Eastwood.

Tras 15 minutos de travesía llegamos a la Roca. Existe la posibilidad de recoger a la entrada unos cascos con una audioguía en español, algo sumamente recomendable y que además es gratis. La narración está hecha para realizar la visita en 45 minutos, tiempo más que suficiente para empaparse de su historia a través de cuatro presos y cuatro carceleros reales de la época (permaneció abierta 29 años, hasta su cierre en 1963), que te meten de lleno en la vida diaria de la cárcel, con anécdotas y curiosidades.

La visita es muy interesante y cuenta con el plus de que, si te gusta el cine, reconocerás rápidamente los pasillos, celdas, patios, torres y demás estancias que han aparecido en decenas de películas.

Recreación de las celdas de algunos presos de la época.

Tras coger el ferry de regreso a SF, hemos recogido el coche y nos hemos dirigido a cruzar la “Puerta Dorada”, difuminada bajo una espesa bruma (este fenómeno se repite especialmente en verano, cuando el viento caliente del interior de California entra en contacto con el aire húmedo procedente del océano). Es una sensación difícil de explicar la que sientes conforme avanzas por este icónico puente, que cuenta con 3 carriles en cada sentido. Un apunte: para salir de San Francisco no hay que pagar peaje pero para entrar sí.

Última vista del Golden Gate antes de seguir hacia Sausalito. Goodbye, SF!

Aprovechamos para parar en un par de miradores de la vertiente norte y tomar las últimas instantáneas antes de ir hacia Sausalito, ahora que se ha levantado un poco la niebla. El trayecto parecía Verano Azul, con un montón de turistas en bicicleta.

Sausalito es un pueblo con mucho encanto, pero el aluvión de “domingueros” estropea tan bella estampa. Teníamos curiosidad por ver las famosas casas flotantes y la verdad es que son una pasada. Hay de todos los colores y formas, algunas de lujo y otras más hippies. La pena es que la mayoría de los muelles son privados, se ve que los propietarios se han hartado de ver gente deambulando por allí.

Casas flotantes en Sausalito, espectaculares.

Las hay para todos los gustos…

Tras un largo paseo por el puerto deportivo hemos salido hacia Oakdale, un pueblecito cercano a Yosemite, el parque en el que mañana lo daremos todo, pero antes hemos pasado por Muir Woods para ver las secuoyas gigantes. El problema es que el aparcamiento estaba lleno y había coches aparcados en la carretera hasta varios kilómetros (hoy es domingo), así que hemos tenido que desistir.

Una vez superada esta pequeña decepción, hemos seguido nuestro camino. A la orilla de la carretera hemos visto varios puestos de frutas –es muy típico aquí ver chambaos al lado de los propios cultivos– y hemos decidido comer algo de lo que allí ofrecían, pagando claro. ¡Recién cogidas del campo y deliciosas!

Tras preguntar en varios moteles, por fin hemos conseguido alojamiento en un tal Jerry’s Motel, que a juzgar por el personaje que lo regenta así debe ser la habitación, pero como no hay más donde elegir y el precio no es malo, pues hemos decidido quedarnos. Al menos tiene “waifi”, como dicen por aquí. Mañana estaremos en Yosemite, último gran parque que visitaremos. Ya va quedando menos…

La naturaleza salvaje de Yosemite es impresionante, incluso en verano.

La aventura comienza temprano camino de Yosemite. Teniendo en cuenta que los turistas aquí salen de debajo de las piedras y que es uno de los Parques Nacionales más visitados, decidimos anticiparnos para evitar colas a la entrada. La entrada cuesta 20 dólares y es válida durante 7 días.

Además, también es uno de los más extensos y las distancias dentro son enormes. Nosotros vamos a estar día y medio, pero para verlo con calma lo ideal son 3-4 días. Es alucinante la cantidad de miradores que tiene. Conforme avanzamos con el coche vamos realizando una parada tras otra. Yosemite tiene varias cascadas de gran altura pero en esta época del año llevan tan solo un pequeño hilo de agua; en primavera, tras el deshielo, debe ser espectacular.

El agua está muy presente en todo el parque…

Dentro del parque hay abundantes cursos de aguas tranquilas y transparentes y, en algunos de ellos, hay pequeños bancos de arena a modo de playas, donde la gente aprovecha para tomar el sol y darse un chapuzón; algunos incluso ponen la sombrilla. Hemos visto también gente con hinchables y neveras y hay barbacoas en el propio complejo (enterradas en el suelo y alejadas de los árboles, para evitar los incendios), con su correspondiente merendero.

Durante la jornada visitamos los lugares más emblemáticos del parque: El Capitán, Half Dome, Tunnel View, Glacier Point…

El Capitán, una inmensa mole de piedra que sobresale en el valle.

Half Dome, la formación rocosa más característica de Yosemite.

Las cajas verdes junto a las tiendas son los baúles antiosos.

Los baúles verdes junto a las tiendas son anti osos.

Sobre las 17h decidimos poner rumbo al alojamiento que tenemos reservado en el valle, en Curry Village. Teniendo en cuenta el precio, 116 dólares, debería ser una habitación de lujo, pero es una simple tienda de lona. El caso es que dormir dentro del parque es carísimo y hay que reservar con mucha antelación. Lo que pasa es que con las distancias por carretera que hay dentro del propio parque compensa alojarse aquí. Además, el hecho de poder contemplar las estrellas desde el parque es un extra que pagamos con gusto, aunque no deja de ser curioso que esta tienda sea más cara que la suite de lujo que tenemos reservada para Las Vegas para los próximos días 😦

Una de las "playas" del parque.

Una de las “playas” del parque.

En la puerta de cada tienda hay una especie de baúl metálico “anti osos” que sirve para guardar la comida por las noches; de hecho, hacen especial hincapié en que no se dejen alimentos dentro de la tienda y del coche. Los contenedores del camping cuentan con el mismo sistema de protección anti osos. La dirección insiste mucho en el peligro que conlleva dejarse la comida por ahí porque los osos tienen no sé cuántas veces más olfato que el ser humano. En un video que hay puesto en la recepción se ve a más de un osezno destrozando un coche para robar una bolsa de patatas fritas, glups.

Las carreteras que atraviesan Yosemite cuentan con unas vistas espectaculares.

Tanto es así que a partir de las 22 horas recomiendan no salir de las casetas. A eso de las 21h me acerco al supermercado del camping a comprar algo para cenar y me toca ir a tientas porque están todas las luces de la zona apagadas. La gente más acostumbrada lleva linternas, pero nosotros vamos en plan dominguero, así que intento no pisar a ninguna ardilla por el camino. Otra cosa, por las tardes evitad estar dentro de la tienda, hace un calor de muerte, sólo tienen un radiador para el invierno.

En fin, seguiremos informando mañana, osos mediante…

Nevada Road

Al final, los osos nos han dejado descansar esta noche pero, a juzgar por el ruido de pisadas, en el techo de la caseta debía haber una ardilla con insomnio…

Hoy tenemos un largo camino hasta Las Vegas y tenemos previstas antes un par de paradas dentro de Yosemite, así que abandonamos temprano nuestro alojamiento.

Cogemos la Tioga Road hacia el norte y atravesamos Toulumne Meadows, un área rodeada de prados donde se agolpan los turistas. Un poco más adelante paramos en Olmsted Point, un mirador desde donde se consigue una panorámica preciosa de la zona, dominada por enormes macizos poblados de árboles. Desde este punto salen varios senderos a pie; en general, Yosemite está plagado de ellos y, teniendo en cuenta su vasta extensión, debe haber, literalmente, miles de kilómetros de ellos.

Vista panorámica desde Olmsted Point.

El lago Tenaya, un acuífero de aguas prístinas enla zona de Toulumne Meadows.

El lago Tenaya, un acuífero de aguas prístinas en la zona de Toulumne Meadows.

Muy cerca está el lago Tenaya. El día ha amanecido sin nubes y hay bastante gente en sus orillas, aunque consigo sacar alguna foto sin turistas. Por cierto, durante todo el viaje hemos visto a muchos americanos haciendo fotos directamente con el Ipad, no creo que haya nada más ortopédico. Pero ya se sabe, en USA los productos de la manzana están por todas partes.

De lago a lago y tiro porque me toca. Salimos de Yosemite por el Tioga Pass y nos acercamos a ver el famoso Mono Lake, aunque no tenga nada que ver con el que acabamos de visitar. Este lago es de agua salada y alcalina y posee una alta concentración de arsénico. Se caracteriza, además, por las formaciones de roca calcárea que se han gestado con el paso de los siglos en su ribera.

Tenemos que recorrer un pequeño caminito entre la maleza para acceder a su orilla. Pese a lo que pudiera pensarse, sus aguas sustentan a numerosas especies animales y vegetales.

Una de las múltiples formaciones de toba que sobresalen de la superficie del Mono Lake.

¿Un bañito? ;)

¿Un bañito? 😉

De repente, y tras abandonar California el paisaje se transforma paulatinamente y se vuelve desértico conforme entramos al estado de Nevada. Nos acercamos al destino final, pero aún tenemos que hacer una parada para reponer energías, tanto nosotros como el coche. En este tramo ha sido la única vez que el coche ha entrado en la reserva y casi se queda sin combustible. Estamos en medio del desierto y en la carretera no hay prácticamente servicios. De hecho habremos hecho unos 200 kilómetros sin ver una gasolinera. Esta es la razón por la que en USA siempre hay que llevar el tanque lleno en las zonas más apartadas. No es la primera vez que os lo digo, avisados estáis… Consecuentemente, la gasolina nos la han cobrado a precio de oro cuando hemos parado a repostar.

Nuestro hotel para las próximas cinco noches...

Nuestro alojamiento para las próximas 5 noches.

Por fin, tras un par de horas más de coche llegamos a nuestra última parada del día y del viaje: Las Vegas. Aquí pasaremos unos cuantos días relajándonos y disfrutando de la ciudad del pecado. No es fácil orientarse dentro de los mastodónticos hoteles de Las Vegas. En el nuestro, The Hotel at Mandalay Bay, dejamos el coche en el parking (gratuito, como en todos los hoteles de la ciudad) y buscamos el lobby para registrarnos. Como fin de fiesta, tenemos reservada una suite. Los hoteles son muy baratos en Las Vegas, aprovechad para daros un capricho 😉 Mi mujer lo ha bautizado como “Ferrero Roché”, juzgad vosotros mismos… El Mandalay Bay alberga una sala de conciertos House of Blues, ¿os acordáis de Chicago? Qué lejos queda ya…

En menos de 24 horas hemos pasado de la “chabola” de Yosemite a una suite más grande que muchos pisos en España ¡esto es vida! 😉

Mandalay Bay

Tras quitarnos el polvo del desierto y un descanso reponedor, decidimos echar un vistazo por las instalaciones. Nuestro hotel se divide en dos partes: el edificio original del Mandalay Bay, y el nuestro, más nuevo, llamado The Hotel, una torre anexa algo más íntima, se supone que especial para parejas. Esta más alejado del bullicio del casino y los restaurantes y apenas se escucha jaleo, pero una vez que te incorporas al torrente de gente empiezas a ver los carteles de neón y a escuchar el tintineo de las máquinas. Las Vegas es la ciudad que nunca duerme, doy fe de ello. A las 9 de la mañana las mesas están ya abarrotadas de jugadores… en fin, para eso se construyó esta ciudad.

Para que os hagáis una idea de lo tochos que son estos hoteles, dentro del nuestro hay dos Starbucks y para desplazarte de un espacio a otro, algunos tramos cuentan con cintas mecánicas como las de los aeropuertos, y para ir a los dos hoteles de al lado (Luxor y Excalibur) puedes coger un tren elevado. Dentro del mismo hotel hay tiendas de todo tipo, restaurantes… está todo orientado a que consumas.

El Mandalay Bay es el primer hotel del Strip (al sur), por lo que las distancias con los hoteles del centro y norte del Strip son largas. Dependiendo de a qué altura de la calle vayamos, podemos coger un autobús o acercarnos con el tranvía hasta el Excalibur y desde ahí ir a pie.

Cada hotel cuenta con uno o varios espectáculos permanentes. Por ejemplo, el Mandalay Bay tiene un acuario, el Shark Reef, y la sala de conciertos House of Blues; el Luxor un espectáculo de magia, el Excalibur una cena-torneo medieval… y así todos.

Las Vegas es la única ciudad del mundo con seis obras permanentes del Circo del Sol (una de ellas en el Mandalay), la mayoría en teatros construidos ex profeso para albergarlas.

La entrada al Luxor desde el monorraíl ya nos pone en situación...

La entrada al Luxor desde el monorraíl ya nos pone en situación…

A media mañana hacemos una parada para comer en un restaurante del hotel. La comida no estaba mal pero un poco cara, y el camarero era, pesado no, lo siguiente. Generalmente, por el tema de las propinas supongo, el servicio es muy atento y cuando estás comiendo se acercan a preguntarte que si está todo OK, tú le dices que sí y listo, pero es que este no vino una vez, ni dos, ni tres…

Con el estómago lleno, y el bolsillo un poco más vacío, nos fuimos a ver la zona de baño. Tiene una piscina de olas gigante como la de los parques acuáticos, con un escenario para conciertos justo encima, y varias piscinas normales. A cada paso que das hay un socorrista o una chica con las tetas que le oprimen la respiración ofreciéndote algo para tomar.

Tras “peinar” nuestro hotel nos encaminamos al tren elevado para acercarnos al de al lado, el Luxor, ambientado en el antiguo Egipto. Es una pirámide de vidrio negro que se eleva más de cien metros sobre la superficie del desierto, con una réplica de una Esfinge a tamaño natural que da entrada al hotel (aquí, burro grande, ande o no ande). Está claro que no lo podemos abarcar por completo, pero vemos una parte y, bueno, está claro que los hoteles de Las Vegas son una atracción en sí mismos. Aquí hemos descubierto lugares para comer más económicos, hay incluso cadenas de comida rápida tipo McDonald’s o Pizza Hut.

Las almenas y los torreones son marca de la casa en el Excalibur...

Las almenas y los torreones son marca de la casa en el Excalibur…

El último hotel que conecta el tranvía es el Excalibur, adivinad cuál es su temática… Caballeros, doncellas, justas y reyes nos hacen retroceder a la infancia, cuando las películas de aventuras en el Medievo copaban las sesiones de tarde los fines de semana de la tele.

Cogemos de nuevo el trenecito de vuelta y a descansar. Mañana visitaremos los hoteles clásicos del Strip como el Bellagio o el Caesar’s Palace. Bye!

Vista parcial del Strip, realmente una calle única en el mundo.

Vista parcial del Strip, realmente una calle única en el mundo.

Hoy decidimos que lo de madrugar es cosa del pasado. Nos ponemos en marcha más tarde de lo habitual con objeto de visitar los hoteles del Mid-Strip. Cogemos el tren hasta el Excalibur y a partir de aquí comenzamos a patear, no sin antes desayunarnos unos tallarines con pollo y su correspondiente rollito de primavera; hoy nos apetecía comida china.

Mini estatua de la Libertad en el New York New York.

Mini estatua de la Libertad en el New York New York.

De allí, bajo un sol de justicia –cualquiera diría que estamos en el desierto–, nos hemos adentrado en la ciudad de Nueva York, con su estatua de la libertad, sus calles típicas neoyorquinas, e incluso, Times Square. Es el New York New York. Lo más chulo es que alrededor del hotel hay una montaña rusa que discurre también por dentro del casino, muy heavy. Eso es lo bueno de esta ciudad, tan pronto estás en Nueva York como, tan solo cruzando el Strip, te encuentras paseando por una calle de la capital francesa en el París Las Vegas. Hemos estado en la mismísima Torre Eiffel, construida a escala 1/2 de la original. En Las Vegas todo es posible…

En esta parte del Strip hay muchas tiendas y restaurantes destacados: está el Hard Rock Café, una tienda de productos oficiales Coca-Cola con forma de botella o una tienda oficial de M&Ms, un edificio de varias plantas consagrado a las famosas chocolatinas, donde además de dulces tienen ropa, juguetes y mogollón de pijadas que a mi mujer le encantan pero a estas alturas de viaje ya no cabe ni un alfiler en las maletas; miedo me da la operación cerrado de cremalleras…

Interior de la tienda M&M's, la más dulce del Strip.

Interior de la tienda M&M’s, la más dulce del Strip.

El Hard Rock de Las Vegas tiene tres plantas y, como es habitual, cuenta en sus expositores con ropa de Jimi Hendrix, Jim Morrison y un largo etcétera. De igual manera, guitarras y baterías cuelgan de la pared  como trofeos de caza: The Who, ZZ Top… y por supuesto, como no, una tienda de ropa y souvenirs en la planta baja de la que tampoco nos hemos llevado nada.

Los establecimientos de Harley-Davidson son ya algo más que habitual en nuestro recorrido por USA; Sin embargo, lo que no habíamos visto hasta ahora, era una moto gigante atravesando un edificio, espectacular el H-D Café.

Harley-Davidson Café, una entrada impresionante, ¿verdad?

Harley-Davidson Café, una entrada impresionante, ¿verdad?

A estas horas ya, las 12 del mediodía, el sol nos ha tostado bien el cogote, así que entramos a ver dos de los hoteles más caros de Las Vegas, el Bellagio y el Caesar’s Palace. La verdad es que son espectaculares y albergan algunas de las tiendas más exclusivas: Louis Vuiton, Chanel, Ralph Lauren… Luego, cada hotel, como todos en Las Vegas, destaca por algo; en este caso, el Caesar’s Palace por sus míticas veladas de boxeo y el Bellagio por sus fuentes musicales.

El Bellagio con las fuentes en primer plano.

El Bellagio (izquierda) y el Caesar’s Palace.

El París, con la torre Eiffel integrada en la estructura del hotel.

El París, con la torre Eiffel integrada en el propio hotel.

En lo que al juego se refiere, aquí los niveles y las apuestas mínimas son más elevados que en casinos más “familiares”, por decirlo así, del sur del Strip. Hablando de jugar, el resto del día lo dedicaré a probar suerte en las mesas de juego, ya os contaré que tal me va…