Tag Archive: chicago


30 días, 11 estados, 129 horas al volante, 7.322 kilómetros… un recorrido por el corazón y el alma de los Estados Unidos. Comenzamos…
Anuncios

Main Street

Nuestro periplo en busca de una vida mejor en los States comienza un 4 de julio… ¡qué mejor forma de empezar un viaje al corazón de un país que en su día nacional!

El 4 de julio de 1776, los delegados de las 13 colonias británicas reunidos en el Congreso Continental aprobaron la Declaración de la Independencia en Filadelfia (Pensilvania). Este documento sentó las bases para la creación de los Estados Unidos de Norteamérica.

Nuestro vuelo Madrid-Charlotte sale a las 9,40h de Barajas, así que nos levantamos tempranito para estar en el aeropuerto con tres horas antelación, tal y como recomiendan para vuelos internacionales… nos sobran dos horas y media. Tras subir al avión –con retraso– nos tienen una hora y media dentro sin despegar. Resultado: de salir a las 9,40h salimos a las 12h, casi nada… Lo que es seguro es que perderemos la conexión que teníamos con Chicago, pero como volamos con la misma compañía, supongo que nos recolocarán en el siguiente vuelo disponible.

Madrid, Barajas – Charlotte, Douglas. U.S. Airways. 9,30h

Charlotte, Douglas – Chicago, O’Hare. U.S. Airways. 2h

El avión no está mal, cuenta con tres bloques de asientos de tres plazas cada uno y a nosotros nos toca en la primera fila de la columna central… ahí, bien pegaditos a la tele. ¡Qué sería de los tediosos viajes transcontinentales sin una buena sesión de cine para pasar el rato! Existe la posibilidad de escuchar la peli en ambos idiomas y, como no queremos frustrarnos antes de tiempo (ya tendremos tiempo), nos decantamos por el castellano; la inmersión lingüística debe ser progresiva, take it easy, baby… Sólo hay dos pequeños inconvenientes que nos separan de una sesión cinematográfica de altos vuelos: la pantalla está a menos de 1 metro de distancia y hay que pagar 5 dólares por cada juego de auriculares; rápidamente nos resignamos a ambas cosas. American way of life, here we go!

La primera peli resulta muy entretenida: ‘La pesca del salmón en Yemen’ (Lasse Hallström, 2011). De un argumento tan peregrino como introducir la pesca con mosca en Yemen sale una comedia romántica atípica y muy bien resuelta… flyer’s choice of the week!

Al poco de terminar comienza la siguiente, un truño de película de cuyo nombre no quiero acordarme. En este caso el doblaje es español latino; me vale, ya la próxima si acaso en inglés…

Mientras escribo estas líneas para matar el tiempo, en la pantalla aparece una nueva peli con el sugerente nombre de ‘Tooth Fairy 2’… creo que esta vez voy a pasar; vale, definitivamente paso, acabo de levantar la mirada del portátil y he visto a un gordo con perilla vestido con un tutú rosa al que le salen unas alas de la espalda ¬¬ Si estuviéramos en España juraría que la han comprado en una gasolinera…

US Airways

Avión de US Airways.

Finalmente, aterrizamos en el aeropuerto Douglas de Charlotte y conseguimos que nos recoloquen en el siguiente vuelo. Por suerte no tendremos que esperar mucho, pero antes hay que pasar por la temida aduana. Nos ponemos en cola y esperamos pacientemente nuestro turno. Justo delante nuestro pasa un nutrido grupo de estudiantes españoles de intercambio, de no más de 16 años, cuyo manejo del idioma de Shakespeare hace que nuestra confianza se tambalee por unos instantes. Por fin nos toca y allá que vamos los dos, como Fuenteovejuna, todos a una. El funcionario de turno, un negro con cara de cachondo que se está tomando un cafelito tranquilamente en su puesto, me pregunta lo primero que si estamos “married”, a lo que yo le contesto que “living in sin”… cagada. El tío nos dice que hay que hacerlo por separado.

Teatro Chicago

Teatro Chicago.

Bien, la primera en la frente. Mi mujer vuelve a la cola con cara de circunstancias y un poco acojonada pues se supone que yo soy el que se desenvuelve mejor en inglés… ¿sí? ¡los cojones! Tras un par de “sorry?” por mi parte ante sendas preguntas algo confusas, llaman a un traductor de español. El caso es que se estuvieron cachondeando un buen rato a mi costa. El funcionario me preguntó que si era la primera vez que visitaba el país, a lo que respondí que sí, y empezaron a hablar entre risitas que si ya había sido detenido por drogas en otro viaje anterior… como no quería pasarme de listo, opté por hacerme el loco y decir a todo que sí. La verdad es que tanto rollo con las aduanas y al final son menos serios de lo que parece, al menos en un aeropuerto con poco tráfico como Charlotte. Me figuro que en otros más grandes serán mucho más estrictos. Este podría ser un buen consejo a la hora de viajar a Estados Unidos: entrar por un aeropuerto pequeño.

Una vez superado el trámite, recogimos las maletas y tuvimos que volver a facturarlas. El vuelo esta vez salió puntual, ¡un par de horitas y ya estábamos en Chicago! Al salir del aeropuerto para coger un taxi nos pegó un bofetón de aire caliente que nos hizo pensar que Chicago y Sevilla podrían estar hermanadas, ¡joder, qué calor! Además, como los americanos ponen el aire acondicionado, fuerte no, lo siguiente, os podéis imaginar el shock al salir a la calle después de más de 12 horas en interiores.

Como era festivo no tardamos nada en llegar, la ciudad parecía desierta, poquísimos coches circulando por el centro y muy poca gente andando por la calle, normal por otro lado con el calor que hacía. El hotel que tenemos reservado para las próximas tres noches es el Hotel Burnham, que debe su nombre al arquitecto del famoso Flatiron de Nueva York. El hotel ocupa un viejo rascacielos de los años 40, el Reliance Buinding, totalmente reformado. La noche nos sale a 95€: muy céntrico, la habitación está de lujo y con desayuno continental incluido. Lo mejor, la cama king size, equivalente a varios campos de fútbol de Primera División 😉

Daniel Hudson Burnham, (1846–1912) fue uno de los arquitectos americanos más importantes del siglo XIX. Participó en la elaboración del planeamiento urbanístico de las ciudades de Chicago y Washington y fue el director de obras de la Feria Mundial Colombiana de Chicago de 1893, creada para conmemorar el 400 aniversario del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón. Además, es el arquitecto que diseñó el edificio de base triangular más famoso del mundo, el rascacielos Fuller de Nueva York, más conocido como Flatiron.

Burnham Hotel

Habitación del Burnham Hotel.

Dejamos las maletas en la habitación y nos fuimos a comer algo a un McDonald’s que había cerca y, tras un breve paseo, nos volvimos al hotel para dormir, las fuerzas ya no daban para más. Hora local, 8 pm (hora real, 3 am). Mañana será otro día…

Chicago 'L'

Chicago ‘L’, metro elevado en la zona centro.

Después de un merecido descanso, hoy hemos abierto los ojos a las 5,30 hora de Chicago, cosas del jet lag…

Tras esperar hasta que abriera la cafetería del hotel, comenzamos el día con un desayuno ligero y nutritivo. Nos ofrecen varios tipos de tostadas de distintos cereales y decidimos probar suerte con unas que llevan pasas y pipas, acompañadas de mermelada, mantequilla y abundante fruta. No está mal, mañana probaremos otro tipo.

Nada más salir del hotel hemos tenido nuestro primer contacto con el metro elevado que tantas veces hemos visto en películas y series de televisión. Impresiona estar justo debajo y oírlo pasar, hace muchísimo ruido, parece que se va a derrumbar.

Union Loop

Chicago ‘L’ (abreviatura de ‘elevated’) es el tren rápido que une la ciudad. El sistema funciona las 24h en casi todas las estaciones del centro y es el segundo de Estados Unidos por extensión (tras el Metro de Nueva York), con una longitud total de 360,7 km. El primer tramo entró en servicio en 1892, lo que lo convierte también en el segundo más longevo, sólo superado por el de la ciudad de Boston.

El eje principal se denomina The Loop (Bucle) ya que rodea el distrito centro de Chicago homónimo.

transitchicago.com

La primera parada del día es Millenium Park, creado en 2004 y que en estos escasos años ya se ha convertido en todo un símbolo de la ciudad. Llegamos sobre las 9 de la mañana y ya está muy animado, con un montón de niños jugando con el agua en la fuente Crown, formada por dos monolitos, uno enfrente del otro, en los que todo el rato se proyectan imágenes de Chicago y de sus ciudadanos. Aún siendo tan temprano el calor es ya abrasador (y somos de Almería, ojo). Unos días más tarde vimos en la tele que Chicago sufrió esos días una ola de calor, con temperaturas de 40º en adelante, casi nada. Menos mal que somos lagartos de desierto…

Como nos quedamos con ganas de remojarnos con los críos en la fuente (por cierto, obra de un escultor español, Jaume Plensa), al final nos metimos bajo unos aspersores que hay repartidos por el parque, de estos que pulverizan agua para refrescar el ambiente. Dentro del parque hay un precioso auditorio al aire libre, el Jay Pritzker Pavillion, en el que estaba ensayando una orquesta, pero lo que más mola del Millenium Park es la Cloud Gate (‘Puerta a las nubes’). Conocida coloquialmente como ‘The Bean’, esta alubia gigante de acero inoxidable permite hacer unas fotos chulísimas jugando con los reflejos de su superficie.

Cloud Gate

Cloud Gate

Conforme paseábamos por el parque nos hemos topado con el Instituto de Artes de Chicago. No teníamos previsto visitarlo pero al ver que había una retrospectiva de Lichtenstein no nos hemos podido resistir, aprovechando de paso para quitarnos el bochorno de encima con el aire acondicionado. Hemos tenido que esperar unos 10 minutos en la puerta porque no abría hasta las 10h. La entrada cuesta 18$ pero merece mucho la pena, tiene obras fundamentalmente de artistas americanos, pero también hay cuadros de pintores europeos importantes como Rubens, Toulouse-Lautrec, Degás, Renoir, Van Gogh… ¡y seguro que se nos han escapado muchos porque el museo es inmenso! Antes de nada, hemos ido a la cafetería del museo en busca de agua (nos estábamos deshidratando) y, cómo no, hemos tenido que esperar para entrar, la abrían a las 11h (no entiendo por qué abren una hora después del museo, no tiene mucho sentido).

Retrospectiva Lichtenstein. Instituto de Artes.

Retrospectiva Lichtenstein. Instituto de Artes.

En el museo hemos comprobado lo educados que son los americanos. En el ascensor le ha sonado el móvil a una señora que antes de descolgarlo nos ha pedido disculpas. Están todo el día con la palabra ‘sorry’ en los labios, es impresionante, me encanta.

Tras pasar la mañana en el museo llega la hora de comer. Nos ponemos a buscar la auténtica pizza chicago style. Por suerte, la deep dish pizza la sirven por toda la ciudad. Entramos a un restaurante pub, el Exchequer, que tiene colgadas fotos de Al Capone, Frank Sinatra… todo muy cinematográfico. Es curioso que por defecto cuando llegas a los sitios te ponen un vaso de agua con hielo, supongo que para paliar el calor que hace, no os podéis hacer una idea. Pedimos la pizza pequeña y unos entrantes. Mientras comemos están echando béisbol en varias televisiones que hay distribuidas por el local, ya nos tocará vivirlo en directo, pero hasta que estemos en San Francisco quedan todavía muuuuuchos días. Hay de muchos tipos, la que hemos pedido nosotros está buenísima, pero menos mal que pedimos la pequeña, menuda salvajada. Tras comernos la mitad más o menos ya no podemos más. Perfecto, porque en Estados Unidos siempre te preguntan si quieres llevarte las sobras. You want in a box? Yes!

Pizza al estilo Chicago, Deep Dish Pizza, de plato profundo.

Pizza al estilo Chicago, Deep Dish Pizza, de plato profundo.

La cuenta son 31$, por lo que dejamos 5$ de propina (lo recomendable si el servicio ha sido correcto, es dejar entre un 15% y un 20%). Recordad que aquí es prácticamente obligatorio porque los camareros tienen un sueldo fijo pequeño y viven de las propinas. Nos hemos fijado y los americanos lo tienen muy asumido, siempre lo hacen, así que dónde fueres haz lo que vieres…

Con el estómago satisfecho ya, nos dirigimos hacia Union Station, pasando antes por el Harold Washington Library Center, pero por el camino tenemos que refugiarnos en un McDonald’s (aquí McDonald’s y Starbucks hay uno por calle, una burrada, curiosamente todavía no hemos visto ningún Burger King) porque comienza a diluviar de mala manera, con truenos y relámpagos. Media horita de tormenta de verano (es increíble, justo antes hacía un sol tremendo) y nos acercamos a la Willis Tower (antigua Sears) donde había mucha gente esperando para subir al mirador. Este rascacielos fue construido en 1974 y es, con sus 442 metros de altura, el sexto edificio más alto del mundo. Desde abajo se aprecian a duras penas los balcones de vidrio suspendidos, literalmente, a cientos de metros de altura en el Skydeck, el mirador situado en la planta 103. ¡Unas vistas de vértigo!

Harold Washington Library Center, la biblioteca pública de Chicago.

Harold Washington Library Center, biblioteca pública.

Torre Willis, antigua Sears.

Torre Willis, antigua Sears.

Union Station, histórica estación de ferrocarril.

Union Station, estación de ferrocarril de 1925.

Finalmente llegamos a Union Station, una preciosa estación de ferrocarril construida en 1925 que ha aparecido en infinidad de películas. El hall principal es espectacular y nos hacemos la foto de rigor en las escaleras por donde cae a cámara lenta el carrito de bebé en ‘Los Intocables de Elliot Ness’ (Brian de Palma, 1988). La estación en sí es magnífica. Una vez concluida la visita, nos volvimos al hotel reventados por la intensa jornada.

Marina City, las "mazorcas" gemelas.

Marina City, las “mazorcas” gemelas.

La mañana, para variar, empieza temprano, muy temprano. Aquí amanece como a las 6h, así que no hay problemas de luz. Esperamos un rato y bajamos a las 7h a degustar el desayuno del día. Esta mañana hemos tenido nuestro tarro de fruta variada con mango, piña, uvas, frambuesas, melón y arándanos; y tostadas de trigo (vamos, el pan de molde de toda la vida) con mantequilla y mermelada de frambuesa.

Una vez desayunados, nos hemos acercado a la zona del río para contemplar los grandes rascacielos que lo flanquean. Aquí está el complejo Marina City que tenía muchas ganas de ver en directo: dos edificios gemelos con forma de mazorcas de maíz. Las primeras 10 ó 15 plantas hacen las veces de parking para los vehículos de los inquilinos que viven en las plantas superiores. A pie de río hay un embarcadero privado para yates al que los propietarios pueden acceder directamente desde su piso, acojonante. Sin duda, lo que más llama la atención de Chicago es su maravillosa arquitectura. Todo el camino vamos mirando hacia arriba: algunos edificios son de estilo clásico y otros más modernos, pero todos con mucho encanto y muy originales. Otra cosa que destaca de Chicago es la extrema limpieza de sus calles, una muestra más del civismo de los americanos, o al menos de los que residen en las grandes ciudades. No hay ni un solo papel en el suelo.

Parking. Cuidado con la marcha atrás...

Parking. Cuidado con la marcha atrás…

Muelle para yates.

Muelle para yates.

Estación de Bomberos más antigua de la ciudad.

Estación de Bomberos más antigua de la ciudad.

Junto a las “mazorcas” se encuentran el edificio Wrigley y la Torre Trump. Desde allí hemos seguido la orilla norte del río y, después de esto, hemos subido hacia la Magnificent Mile, o lo que es lo mismo, “la Milla Magnífica”, algo así como la calle Serrano o la Gran Vía en Madrid, una zona comercial repleta de tiendas exclusivas. Tras un (breve) paseo por la zona nos hemos dirigido a visitar la estación de bomberos más antigua de la ciudad, muy cuca. El caso es que mientras yo hacía unas fotos, mi mujer estaba absorta mirando el mapa y, de repente, una señora al verla se ha acercado a preguntarle si necesitaba ayuda, que adónde quería ir… ¡Qué majos son estos americanos! Ya sólo nos falta entender bien lo que nos dicen…

Por primera vez nos hemos acercado a la orilla del lago… ¡a una playa! Chicago se encuentra junto al lago Michigan, y a todos los efectos es como si fuera un mar interior de lo grande que es. Hay playas de arena, gaviotas y faros. Había bastante gente bañándose, claro que, con el calor que hace, lo anormal es no andar en remojo. Tiene hasta un paseo marítimo donde se pueden alquilar bicis, tándems y cochecitos de pedales para cuatro personas.

Playa urbana.

Ohio beach, playa urbana en pleno centro de Chicago.

De allí, hemos seguido bajando la costa del lago hasta llegar al Navy Pier, un muelle mezcla entre centro comercial y parque de atracciones muy americano, con cines, tiendas, puestos de comida, centro de convenciones… En un lateral es donde se cogen los barcos que ofrecen vistas panorámicas de la ciudad.

Tras comprar algunas cosillas, hemos ido a reponer fuerzas a un puesto de comida de perritos calientes: America’s Dog, muy conocido en la ciudad, donde hemos probado el auténtico perrito caliente Chicago Style, sin kétchup pero con abundante cebolla, mostaza, pepinillo gigante (como un dedo de grande), pimientos, tomate natural y un poco de sal de apio. Aquí tienen una forma particular de hacer todo: las pizzas, los perritos… y los negocios, ya me entendéis, “no es nada personal”, jeje.

Navy Pier.

Entrada principal al Navy Pier.

Lateral donde atracan los cruceros que recorren la costa.

Vista lateral con los cruceros que recorren el lago, atracados.

El sitio estaba hasta arriba de gente y cuando hemos ido a sentarnos para comérnoslo nos faltaba una silla y uno de los adolescentes de un grupillo que había, al vernos buscar con la mirada, nos ha dejado la suya. Una vez digerido el perrito, nos hemos ido a ver el resto del muelle, incluido el parque temático, aunque en realidad sólo tiene tres atracciones. Al pasar por el Chango Loco, una cantina mexicana, casi nos quedamos sordos, ¡tenían el perreo a todo trapo!

La verdad es que el Navy Pier está genial para pasar el día en familia, es enorme y hay un montón de cosas que hacer. De hecho, había muchísimos niños por todos lados.

Ferris Wheel, la noria más famosa de Chicago.

Ferris Wheel, la noria más famosa de Chicago.

A continuación, nos hemos acercado al acuario Shedd, desde donde se pueden hacer unas fotos estupendas del skyline de Chicago. Para descansar un poco, nos hemos tumbado un ratejo en el césped a tomarnos una limonada cuando, de repente, una familia americana se nos ha acercado y nos regala un par de billetes para el water taxi que ellos no iban a utilizar. Alucinante, ¿verdad? Pues sí, mientras les dábamos las gracias, nos hemos ido limonada en mano al barco que salía en esos instantes. Las vistas desde el lago son magníficas.

Skyline de Chicago, ¡espectacular!

Skyline de Chicago, ¡espectacular!

Nos fuimos al hotel para descansar un poco y prepararnos para la salida nocturna: teníamos entradas para subir a la torre Hancock. De camino cenamos en un restaurante mexicano que había por la zona, ‘Su Casa’. Acompañamos la comida con los dos margaritas más fuertes de la historia… ¡joder, que fuertes que estaban! La camarera mexicana nos explicó que los auténticos están hechos con limón natural exprimido y no tienen nada que ver con los que ponen en España. Esta ha sido la primera vez que hemos pedido en español, todos los camareros eran mexicanos y nuestra amiga Rosy nos ha ayudado a elegir. De comer hemos elegido un combinado de la casa con un taco, un burrito, una enchilada y una chimichanga. Muy rico todo, pero nos hemos ido a las alturas con un colocón importante.

Una vez en el Observatorio de la torre (94 plantas en 40 segundos, ¡guau!) accedimos a unas vistas increíbles de la ciudad. Fuimos precisamente al atardecer para hacer fotos de la ciudad by night… ¡espectacular! Me hinché de hacer fotos. He de decir que mi mujer tiene algo de miedo a las alturas, así que me parece que ella no disfrutó tanto la visita; de hecho, ni se acercó a los cristales, la pobre.

Panorámica nocturna desde el John Hancock Observatory.

Panorámica nocturna desde el John Hancock Observatory.

Para volver al hotel nos cogimos un taxi. El conductor era marroquí, un tío súper simpático, que cuando se enteró de que éramos españoles nos estuvo contando sus aventuras por España y preguntándonos cómo es que no habíamos visitado aún su país. Llevaba 5 años trabajando en Chicago y podía permitirse trabajar tres meses en USA y volver tres meses a Marruecos. Nos confirmó la impresión que nos hemos llevado de la ciudad: es tranquila, muy limpia y segura. Al parar el coche en la puerta del hotel él seguía contándonos historias, muy majo. Cuando le dije de dejarle propina hasta se negó, pero insistí… así da gusto.

Y con esto y un bizcocho concluimos nuestra visita a Chicago, una ciudad que tiene que estar bien para vivir, aunque por lo que sé el invierno es durillo.

Mañana nos echamos a la carretera para comenzar la verdadera aventura: Get your kicks on Route 66!!

Cartel de Historic Route 66.

Cartel de Historic Route 66.

Hoy dejamos Chicago. Hasta las 9,30h no tenemos que recoger el coche en la oficina de Alamo, así que nos hemos hecho los remolones un poco más de lo normal, resistiéndonos a abandonar la ciudad que nos ha tratado tan bien y de la que guardaremos un grato recuerdo para siempre. Tras hacer las maletas, hemos bajado a desayunar (a probar las tostadas que nos quedaban, las de arroz) y nos hemos dirigido a recoger el coche que teníamos reservado. Está bastante cerca del hotel así que hemos ido a pie. Antes de eso, por la calle constatamos que en América deben regalar los iphones con las cajas de cereales porque todo dios tiene uno, es increíble, no me extraña que Apple se forre…

Y aquí empieza a torcerse el día… una vez allí, rellenamos el papeleo y recogemos el gps Garmin pero nos dicen que el coche todavía no está listo. En la oficina hace un calor espantoso, es sábado y el aire acondicionado se ha estropeado; la sala de espera se empieza a llenar de gente y a todos nos toca esperar como hora y media. Hay un poco de todo, alemanes, americanos, japoneses… y por lo que escuchamos no somos los únicos que vamos a hacer la Ruta 66. Después de sudar la camiseta un buen rato, a las 11h pasadas nos bajan al garaje y nos entregan el coche que nos va a acompañar en la carretera, un Hyundai Elantra blanco nuevecito (con 90 kilómetros, la distancia supongo que separa el concesionario de la oficina de Alamo). Tras unas concisas explicaciones sobre su manejo y funcionamiento, por no decir ninguna, nos dan la llave y nos abren la puerta del garaje: “bye, bye!”.

Cartel con las "side attractions" de la salida de la carretera.

Cartel con las “side attractions” en cada salida.

“Bueno, no puede ser mucho más complicado que mi Ibiza”, pienso. Salimos del garaje y nos aparcamos un momento para investigar un poco. Tras un breve reconocimiento de dónde está todo, ahora toca ubicarnos, salir de la ciudad. La verdad es que conducir un coche automático es lo más fácil del mundo, no tiene embrague y la palanca de cambios sólo tiene 3 posiciones: adelante, atrás y parada. La adaptación es rápida y nada traumática, lo que lleva más tiempo es amoldarse a las peculiaridades de la circulación. Por ejemplo, los semáforos están enfrente, es decir al otro lado del cruce, y aunque esté rojo puedes girar a la derecha haciendo un stop. En aquellos en los que no hay semáforo, pasa primero el que antes llega, nada de ceder la derecha como en España. Una cosa que es bastante práctica es que en cada salida te indican los alojamientos que hay, las gasolineras y las side attractions (puntos de interés, por decirlo así), con sus respectivos nombres. En autopistas no existe eso de carril rápido o lento, circulan indistintamente por uno y se van cruzando para adelantar. Es un poco caótico para nosotros pero a ellos les debe funcionar.

Y aquí comienza el pequeño caos en el que se convierte nuestro primer día en carretera, peleando constantemente con el gps para no perder la 66. El gps se pone tontorrón (en perfecto castellano, eso sí) y no hace más que mandarnos por la autovía. He de decir que orientarse es complicado ya que sólo Chicago y su extrarradio ocupan varios kilómetros. Es como el Camino de Santiago, pero en lugar de buscar la concha teníamos que encontrar el cartel de ‘Historic Route 66′.

Henry's Drive In. Joliet, IL.

Henry’s Drive In. JOLIET, IL.

El resultado fue un fifty-fifty, más que nada porque la salida del rent a car nos había hecho perder un montón de tiempo y, para colmo, cada vez que nos metíamos en carreteras secundarias teníamos la mala suerte de coger la Ruta al revés (es fácil confundirse), y no, no queríamos volver a Chicago por mucho que nos hubiese gustado. Mientras nos peleábamos con el gps enlazamos casi de casualidad con la 66 e hicimos nuestra primera parada en el Henry’s Drive In, una cafetería histórica con un letrero de neón en forma de perrito caliente gigante.

El siguiente pueblo que atravesamos fue Joliet. Parece que el gps lo hubiesen fabricado allí porque no nos dejaba salir. Cuando pasamos había un puente levadizo que pillamos en movimiento, lástima que delante tuviéramos la ranchera gigante del Ranger Walker y no pudimos inmortalizar el momento. Dimos un pequeño paseo y vimos el estadio de béisbol del equipo local (se nota que es el deporte nacional; en cada barrio, en cada pueblo, hay un campo público para jugar) y la iglesia de St. Anthony de no sé qué culto, porque aquí ya hemos visto baptistas, católicos, musulmanes, judíos, metodistas, amish, de la primera iglesia de no sé qué…

Ambler's Texaco Gas Station. Dwight, IL.

Ambler’s Texaco Gas Station. DWIGHT, IL.

Launching Pad Drive In. Dwight, IL.

Launching Pad Drive In. DWIGHT, IL.

Gemini Giant. Dwight, IL.

Gemini Giant. DWIGHT, IL.

En Dwight estuvimos bajo las piernas del gigante Gemini en el Launching Pad Drive In, uno de los símbolos de la Ruta 66 a su paso por Illinois. A la salida del pueblo nos paramos en la Ambler’s Texaco Gas Station, una preciosa gasolinera de 1933 que estuvo en servicio hasta el año 1999 y que ha sido completamente restaurada. Al ser sábado, la pillamos cerrada, pero se intuía que dentro la han reconvertida en tienda de regalos de la Ruta.

Estatua de Lincoln y fachada del Capitolo. Springfield, IL.

Fachada del Capitolio. SPRINGFIELD, IL.

Como llevamos un retraso descomunal, cogemos la autopista I-55 (la 66 corre paralela a ella durante buena parte del trayecto) para ahorrar tiempo, una lástima porque dejamos de ver muchas cosas de la ruta, pero ya no tenemos tiempo material. Es así y ya nos estamos chupando unos 400 kilómetros hoy… Antes de llegar a nuestro destino hacemos una breve parada en la ciudad de Springfield, capital de Estado de Illinois. Dimos un breve paseo en los alrededores del Capitolio en cuyos jardines hay varias estatuas, entre ellas una de Abraham Lincoln, que comenzó su carrera política por estos lares. De hecho, el mausoleo donde reposan sus restos se encuentra en un cementerio a las afueras de la ciudad que es visitado por miles de personas todos los años.

De allí nos dirigimos sin perder más tiempo hacia Litchfield, nuestro destino final del día. Nos alojamos en un Super 8, una cadena de moteles que, junto a Motel 6, tienen establecimientos en prácticamente todas las localidades. Teníamos previsto ir a ver una película al autocine pero cuando llegamos ya había empezado, oooh… Qué se le va a hacer, más adelante habrá nuevas oportunidades. No quedan muchos autocines en Estados Unidos, pero tenemos unos cuantos localizados en nuestro recorrido.

Esperemos que mañana podamos ir un poco más relajados: cambiamos de estado (entramos en Missouri) y visitamos St. Louis, la puerta hacia el oeste…

Por cierto, lo de que en la mesita de noche de cada motel de USA hay una biblia no es un mito, adjuntamos pruebas gráficas 😉

Biblia y Nuevo Testamento en la mesita de noche.

Biblia en la mesita de noche del motel, un clásico.