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Pirámide Transamerica, en el corazón del distrito financiero.

Hoy tenemos mucho que hacer. Para intentar recuperar el tiempo perdido, hemos cogido el coche. Aún nos quedan muchas cosas por ver y vamos a recorrer las calles de San Francisco a lo Steve McQueen en Bullitt (Peter Yates, 1968) (bueno, quizás un poco más despacio). Comenzamos…

Con el fresquito de la mañana nos acercamos a la famosa pirámide Transamérica, en el centro financiero de la ciudad. El edificio, impresionante desde cualquier ángulo, se ha convertido en pocas décadas en la silueta más característica del skyline de San Francisco. De allí nos dirigimos hacia la zona de Embarcadero, para visitar el gran edificio del puerto, en el Pier 1. Los pier (muelles) del norte de SF están numerados y hay más de 40. La zona está plagada de vagabundos (en general, hay muchísimos homeless por toda la ciudad).

Nuestra siguiente parada es la Coit Tower. Situada en una colina cerca de la bahía (menudas chozas hay por aquí también), cuenta con unas vistas inmejorables de la ciudad. Dudamos si pagar por subir a la torre en sí, la verdad es que desde la colina ya hay unas buenas vistas, pero al final lo hacemos: 7$. Mi consejo: ahórratelos, no merece la pena. En la torre la visión está limitada a unos ventanales muy gruesos y arañados. Aún así, se puede tomar alguna foto potable del skyline de la ciudad.

El puerto de San Francisco, una zona preciosa de la ciudad.

El skyline de San Francisco, pequeño pero resultón.

Una vez concluida la visita nos fuimos a la zona de Fisherman’s Wharf, el antiguo barrio de los pescadores, a ver los leones marinos en el Pier 39. De todos los muelle o pier que hemos visto hasta ahora (Chicago y L.A.), este es el que más nos ha gustado, es super bonito. Eso sí, a reventar de gente. Como los anteriores, está repleto de tiendas y restaurantes.

En una de las zonas había un puesto de fruta fresca del que nos quedamos prendados. Los productos tenían una pinta tremenda y además las raciones eran generosas. Mi mujer se cogió una tarrina de fresas acompañadas de un recipiente con chocolate para mojarlas. Por mi parte, me pedí una de cerezas gigantes. Eso sí, bastante cara, pero estaba exquisita.

Fisherman’s Wharf, una zona muy animada, como se puede comprobar.

La única pega es que a los leones marinos prácticamente ni los vimos. En el muelle hay varias plataformas de madera flotando en el agua donde se suelen colocar, pero los cuatro que había ese día estaban tirados a la bartola en una de las más lejanas. Tras un rato mirando, no vimos demasiado movimiento. Tan sólo había uno más próximo a nosotros y parecía medio muerto de lo sobadísimo que estaba.

La siguiente parada es la calle más sinuosa del mundo, Lombard Street; cómo no, a reventar de gente. El sitio es impresionante, y las casas de la calle, aún más… ¡menudas chozas! La verdad es que en California nos estamos hartando de ver lujo y “utilitarios” tipo Porsche, Ferrari, Lamborghini… ya no impresionan 😉

Lombard Street: los coches no bajan, se descuelgan…

Como íbamos en coche, bajamos Lombard Street como dios manda, sobre ruedas:

Después de esto toca el Golden Gate. No lo atravesamos porque lo haremos mañana cuando salgamos de San Francisco, pero sí que paramos en los miradores del sur desde donde se divisaba bajo una densa niebla. Aquí fue difícil aparcar porque el parking estaba a tope. La verdad es que no se puede decir mucho sobre este puente que no se sepa ya. El lugar más fotografiado de San Francisco y seguramente del mundo… ¡qué de gente! En general, la ciudad está colapsada por los turistas en verano, supongo que en otras épocas del año se podrá visitar más tranquilamente.

El Golden Gate, el puente más famoso del mundo.

En español, “Puerta Dorada”, el Golden Gate es un puente colgante que une la península de San Francisco por el norte con el condado de Marin. Recibe su nombre del estrecho de Constantinopla, llamado también la Puerta Dorada porque comunicaba Europa con Asia.

En la década posterior a la Primera Guerra Mundial, el tráfico rodado en la región de la bahía se multiplicó por siete, de modo que el sistema de ferris era incapaz de absorber este crecimiento. Construido entre 1933 y 1937, cuenta con una longitud aproximada de 1.280 metros y se encuentra suspendido sobre dos torres de 227 metros de altura. La calzada tiene seis carriles (tres en cada dirección) y dispone de carriles protegidos accesibles para peatones y bicicletas. Bajo su estructura, deja 67 m de altura para el paso de los barcos a través de la bahía.

El Golden Gate constituyó la mayor obra de ingeniería de su época. Fue pintado con urgencia para evitar la rápida oxidación producida en el acero de su estructura por el oceáno Pacífico, de ahí su característico color rojo.

El último punto desde donde vemos el gran puente está en la parte baja, en Fort Point, el lugar donde James Stewart se tira al agua para salvar a Kim Novak en Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). Mientras lo contemplamos nos sorprende la presencia de un pelícano que está chorreando, empapado por el oleaje de la orilla y que parece que tiene bastante frío. No me extraña, hace bastante pelete por aquí ya a estas horas de la tarde.

El puente desde Fort Point. El tiempo no acompañaba para imitar a James Stewart…

Y así termina un intenso día de acción en SF. Volvemos al hotel a descansar porque mañana nos espera un largo día entre rejas…

Celdas de Alcatraz. SAN FRANCISCO, CA

Hoy abandonamos Frisco. Tras dejar nuestro hotel de Chinatown, cargamos todos los bártulos en el coche y nos dirigimos hacia el Pier 33, desde donde sale el ferry a la isla de Alcatraz. Nosotros vamos con Alcatraz Cruises. El muelle es un hervidero de gente; no en vano, el presidio es uno de los lugares más visitados de la ciudad.

Patio de la cárcel, reconocible en películas como Fuga de Alcatraz, con Clint Eastwood.

Tras 15 minutos de travesía llegamos a la Roca. Existe la posibilidad de recoger a la entrada unos cascos con una audioguía en español, algo sumamente recomendable y que además es gratis. La narración está hecha para realizar la visita en 45 minutos, tiempo más que suficiente para empaparse de su historia a través de cuatro presos y cuatro carceleros reales de la época (permaneció abierta 29 años, hasta su cierre en 1963), que te meten de lleno en la vida diaria de la cárcel, con anécdotas y curiosidades.

La visita es muy interesante y cuenta con el plus de que, si te gusta el cine, reconocerás rápidamente los pasillos, celdas, patios, torres y demás estancias que han aparecido en decenas de películas.

Recreación de las celdas de algunos presos de la época.

Tras coger el ferry de regreso a SF, hemos recogido el coche y nos hemos dirigido a cruzar la “Puerta Dorada”, difuminada bajo una espesa bruma (este fenómeno se repite especialmente en verano, cuando el viento caliente del interior de California entra en contacto con el aire húmedo procedente del océano). Es una sensación difícil de explicar la que sientes conforme avanzas por este icónico puente, que cuenta con 3 carriles en cada sentido. Un apunte: para salir de San Francisco no hay que pagar peaje pero para entrar sí.

Última vista del Golden Gate antes de seguir hacia Sausalito. Goodbye, SF!

Aprovechamos para parar en un par de miradores de la vertiente norte y tomar las últimas instantáneas antes de ir hacia Sausalito, ahora que se ha levantado un poco la niebla. El trayecto parecía Verano Azul, con un montón de turistas en bicicleta.

Sausalito es un pueblo con mucho encanto, pero el aluvión de “domingueros” estropea tan bella estampa. Teníamos curiosidad por ver las famosas casas flotantes y la verdad es que son una pasada. Hay de todos los colores y formas, algunas de lujo y otras más hippies. La pena es que la mayoría de los muelles son privados, se ve que los propietarios se han hartado de ver gente deambulando por allí.

Casas flotantes en Sausalito, espectaculares.

Las hay para todos los gustos…

Tras un largo paseo por el puerto deportivo hemos salido hacia Oakdale, un pueblecito cercano a Yosemite, el parque en el que mañana lo daremos todo, pero antes hemos pasado por Muir Woods para ver las secuoyas gigantes. El problema es que el aparcamiento estaba lleno y había coches aparcados en la carretera hasta varios kilómetros (hoy es domingo), así que hemos tenido que desistir.

Una vez superada esta pequeña decepción, hemos seguido nuestro camino. A la orilla de la carretera hemos visto varios puestos de frutas –es muy típico aquí ver chambaos al lado de los propios cultivos– y hemos decidido comer algo de lo que allí ofrecían, pagando claro. ¡Recién cogidas del campo y deliciosas!

Tras preguntar en varios moteles, por fin hemos conseguido alojamiento en un tal Jerry’s Motel, que a juzgar por el personaje que lo regenta así debe ser la habitación, pero como no hay más donde elegir y el precio no es malo, pues hemos decidido quedarnos. Al menos tiene “waifi”, como dicen por aquí. Mañana estaremos en Yosemite, último gran parque que visitaremos. Ya va quedando menos…