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30 días, 11 estados, 129 horas al volante, 7.322 kilómetros… un recorrido por el corazón y el alma de los Estados Unidos. Comenzamos…
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Main Street

Nuestro periplo en busca de una vida mejor en los States comienza un 4 de julio… ¡qué mejor forma de empezar un viaje al corazón de un país que en su día nacional!

El 4 de julio de 1776, los delegados de las 13 colonias británicas reunidos en el Congreso Continental aprobaron la Declaración de la Independencia en Filadelfia (Pensilvania). Este documento sentó las bases para la creación de los Estados Unidos de Norteamérica.

Nuestro vuelo Madrid-Charlotte sale a las 9,40h de Barajas, así que nos levantamos tempranito para estar en el aeropuerto con tres horas antelación, tal y como recomiendan para vuelos internacionales… nos sobran dos horas y media. Tras subir al avión –con retraso– nos tienen una hora y media dentro sin despegar. Resultado: de salir a las 9,40h salimos a las 12h, casi nada… Lo que es seguro es que perderemos la conexión que teníamos con Chicago, pero como volamos con la misma compañía, supongo que nos recolocarán en el siguiente vuelo disponible.

Madrid, Barajas – Charlotte, Douglas. U.S. Airways. 9,30h

Charlotte, Douglas – Chicago, O’Hare. U.S. Airways. 2h

El avión no está mal, cuenta con tres bloques de asientos de tres plazas cada uno y a nosotros nos toca en la primera fila de la columna central… ahí, bien pegaditos a la tele. ¡Qué sería de los tediosos viajes transcontinentales sin una buena sesión de cine para pasar el rato! Existe la posibilidad de escuchar la peli en ambos idiomas y, como no queremos frustrarnos antes de tiempo (ya tendremos tiempo), nos decantamos por el castellano; la inmersión lingüística debe ser progresiva, take it easy, baby… Sólo hay dos pequeños inconvenientes que nos separan de una sesión cinematográfica de altos vuelos: la pantalla está a menos de 1 metro de distancia y hay que pagar 5 dólares por cada juego de auriculares; rápidamente nos resignamos a ambas cosas. American way of life, here we go!

La primera peli resulta muy entretenida: ‘La pesca del salmón en Yemen’ (Lasse Hallström, 2011). De un argumento tan peregrino como introducir la pesca con mosca en Yemen sale una comedia romántica atípica y muy bien resuelta… flyer’s choice of the week!

Al poco de terminar comienza la siguiente, un truño de película de cuyo nombre no quiero acordarme. En este caso el doblaje es español latino; me vale, ya la próxima si acaso en inglés…

Mientras escribo estas líneas para matar el tiempo, en la pantalla aparece una nueva peli con el sugerente nombre de ‘Tooth Fairy 2’… creo que esta vez voy a pasar; vale, definitivamente paso, acabo de levantar la mirada del portátil y he visto a un gordo con perilla vestido con un tutú rosa al que le salen unas alas de la espalda ¬¬ Si estuviéramos en España juraría que la han comprado en una gasolinera…

US Airways

Avión de US Airways.

Finalmente, aterrizamos en el aeropuerto Douglas de Charlotte y conseguimos que nos recoloquen en el siguiente vuelo. Por suerte no tendremos que esperar mucho, pero antes hay que pasar por la temida aduana. Nos ponemos en cola y esperamos pacientemente nuestro turno. Justo delante nuestro pasa un nutrido grupo de estudiantes españoles de intercambio, de no más de 16 años, cuyo manejo del idioma de Shakespeare hace que nuestra confianza se tambalee por unos instantes. Por fin nos toca y allá que vamos los dos, como Fuenteovejuna, todos a una. El funcionario de turno, un negro con cara de cachondo que se está tomando un cafelito tranquilamente en su puesto, me pregunta lo primero que si estamos “married”, a lo que yo le contesto que “living in sin”… cagada. El tío nos dice que hay que hacerlo por separado.

Teatro Chicago

Teatro Chicago.

Bien, la primera en la frente. Mi mujer vuelve a la cola con cara de circunstancias y un poco acojonada pues se supone que yo soy el que se desenvuelve mejor en inglés… ¿sí? ¡los cojones! Tras un par de “sorry?” por mi parte ante sendas preguntas algo confusas, llaman a un traductor de español. El caso es que se estuvieron cachondeando un buen rato a mi costa. El funcionario me preguntó que si era la primera vez que visitaba el país, a lo que respondí que sí, y empezaron a hablar entre risitas que si ya había sido detenido por drogas en otro viaje anterior… como no quería pasarme de listo, opté por hacerme el loco y decir a todo que sí. La verdad es que tanto rollo con las aduanas y al final son menos serios de lo que parece, al menos en un aeropuerto con poco tráfico como Charlotte. Me figuro que en otros más grandes serán mucho más estrictos. Este podría ser un buen consejo a la hora de viajar a Estados Unidos: entrar por un aeropuerto pequeño.

Una vez superado el trámite, recogimos las maletas y tuvimos que volver a facturarlas. El vuelo esta vez salió puntual, ¡un par de horitas y ya estábamos en Chicago! Al salir del aeropuerto para coger un taxi nos pegó un bofetón de aire caliente que nos hizo pensar que Chicago y Sevilla podrían estar hermanadas, ¡joder, qué calor! Además, como los americanos ponen el aire acondicionado, fuerte no, lo siguiente, os podéis imaginar el shock al salir a la calle después de más de 12 horas en interiores.

Como era festivo no tardamos nada en llegar, la ciudad parecía desierta, poquísimos coches circulando por el centro y muy poca gente andando por la calle, normal por otro lado con el calor que hacía. El hotel que tenemos reservado para las próximas tres noches es el Hotel Burnham, que debe su nombre al arquitecto del famoso Flatiron de Nueva York. El hotel ocupa un viejo rascacielos de los años 40, el Reliance Buinding, totalmente reformado. La noche nos sale a 95€: muy céntrico, la habitación está de lujo y con desayuno continental incluido. Lo mejor, la cama king size, equivalente a varios campos de fútbol de Primera División 😉

Daniel Hudson Burnham, (1846–1912) fue uno de los arquitectos americanos más importantes del siglo XIX. Participó en la elaboración del planeamiento urbanístico de las ciudades de Chicago y Washington y fue el director de obras de la Feria Mundial Colombiana de Chicago de 1893, creada para conmemorar el 400 aniversario del descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón. Además, es el arquitecto que diseñó el edificio de base triangular más famoso del mundo, el rascacielos Fuller de Nueva York, más conocido como Flatiron.

Burnham Hotel

Habitación del Burnham Hotel.

Dejamos las maletas en la habitación y nos fuimos a comer algo a un McDonald’s que había cerca y, tras un breve paseo, nos volvimos al hotel para dormir, las fuerzas ya no daban para más. Hora local, 8 pm (hora real, 3 am). Mañana será otro día…

Cartel de Historic Route 66.

Cartel de Historic Route 66.

Hoy dejamos Chicago. Hasta las 9,30h no tenemos que recoger el coche en la oficina de Alamo, así que nos hemos hecho los remolones un poco más de lo normal, resistiéndonos a abandonar la ciudad que nos ha tratado tan bien y de la que guardaremos un grato recuerdo para siempre. Tras hacer las maletas, hemos bajado a desayunar (a probar las tostadas que nos quedaban, las de arroz) y nos hemos dirigido a recoger el coche que teníamos reservado. Está bastante cerca del hotel así que hemos ido a pie. Antes de eso, por la calle constatamos que en América deben regalar los iphones con las cajas de cereales porque todo dios tiene uno, es increíble, no me extraña que Apple se forre…

Y aquí empieza a torcerse el día… una vez allí, rellenamos el papeleo y recogemos el gps Garmin pero nos dicen que el coche todavía no está listo. En la oficina hace un calor espantoso, es sábado y el aire acondicionado se ha estropeado; la sala de espera se empieza a llenar de gente y a todos nos toca esperar como hora y media. Hay un poco de todo, alemanes, americanos, japoneses… y por lo que escuchamos no somos los únicos que vamos a hacer la Ruta 66. Después de sudar la camiseta un buen rato, a las 11h pasadas nos bajan al garaje y nos entregan el coche que nos va a acompañar en la carretera, un Hyundai Elantra blanco nuevecito (con 90 kilómetros, la distancia supongo que separa el concesionario de la oficina de Alamo). Tras unas concisas explicaciones sobre su manejo y funcionamiento, por no decir ninguna, nos dan la llave y nos abren la puerta del garaje: “bye, bye!”.

Cartel con las "side attractions" de la salida de la carretera.

Cartel con las “side attractions” en cada salida.

“Bueno, no puede ser mucho más complicado que mi Ibiza”, pienso. Salimos del garaje y nos aparcamos un momento para investigar un poco. Tras un breve reconocimiento de dónde está todo, ahora toca ubicarnos, salir de la ciudad. La verdad es que conducir un coche automático es lo más fácil del mundo, no tiene embrague y la palanca de cambios sólo tiene 3 posiciones: adelante, atrás y parada. La adaptación es rápida y nada traumática, lo que lleva más tiempo es amoldarse a las peculiaridades de la circulación. Por ejemplo, los semáforos están enfrente, es decir al otro lado del cruce, y aunque esté rojo puedes girar a la derecha haciendo un stop. En aquellos en los que no hay semáforo, pasa primero el que antes llega, nada de ceder la derecha como en España. Una cosa que es bastante práctica es que en cada salida te indican los alojamientos que hay, las gasolineras y las side attractions (puntos de interés, por decirlo así), con sus respectivos nombres. En autopistas no existe eso de carril rápido o lento, circulan indistintamente por uno y se van cruzando para adelantar. Es un poco caótico para nosotros pero a ellos les debe funcionar.

Y aquí comienza el pequeño caos en el que se convierte nuestro primer día en carretera, peleando constantemente con el gps para no perder la 66. El gps se pone tontorrón (en perfecto castellano, eso sí) y no hace más que mandarnos por la autovía. He de decir que orientarse es complicado ya que sólo Chicago y su extrarradio ocupan varios kilómetros. Es como el Camino de Santiago, pero en lugar de buscar la concha teníamos que encontrar el cartel de ‘Historic Route 66′.

Henry's Drive In. Joliet, IL.

Henry’s Drive In. JOLIET, IL.

El resultado fue un fifty-fifty, más que nada porque la salida del rent a car nos había hecho perder un montón de tiempo y, para colmo, cada vez que nos metíamos en carreteras secundarias teníamos la mala suerte de coger la Ruta al revés (es fácil confundirse), y no, no queríamos volver a Chicago por mucho que nos hubiese gustado. Mientras nos peleábamos con el gps enlazamos casi de casualidad con la 66 e hicimos nuestra primera parada en el Henry’s Drive In, una cafetería histórica con un letrero de neón en forma de perrito caliente gigante.

El siguiente pueblo que atravesamos fue Joliet. Parece que el gps lo hubiesen fabricado allí porque no nos dejaba salir. Cuando pasamos había un puente levadizo que pillamos en movimiento, lástima que delante tuviéramos la ranchera gigante del Ranger Walker y no pudimos inmortalizar el momento. Dimos un pequeño paseo y vimos el estadio de béisbol del equipo local (se nota que es el deporte nacional; en cada barrio, en cada pueblo, hay un campo público para jugar) y la iglesia de St. Anthony de no sé qué culto, porque aquí ya hemos visto baptistas, católicos, musulmanes, judíos, metodistas, amish, de la primera iglesia de no sé qué…

Ambler's Texaco Gas Station. Dwight, IL.

Ambler’s Texaco Gas Station. DWIGHT, IL.

Launching Pad Drive In. Dwight, IL.

Launching Pad Drive In. DWIGHT, IL.

Gemini Giant. Dwight, IL.

Gemini Giant. DWIGHT, IL.

En Dwight estuvimos bajo las piernas del gigante Gemini en el Launching Pad Drive In, uno de los símbolos de la Ruta 66 a su paso por Illinois. A la salida del pueblo nos paramos en la Ambler’s Texaco Gas Station, una preciosa gasolinera de 1933 que estuvo en servicio hasta el año 1999 y que ha sido completamente restaurada. Al ser sábado, la pillamos cerrada, pero se intuía que dentro la han reconvertida en tienda de regalos de la Ruta.

Estatua de Lincoln y fachada del Capitolo. Springfield, IL.

Fachada del Capitolio. SPRINGFIELD, IL.

Como llevamos un retraso descomunal, cogemos la autopista I-55 (la 66 corre paralela a ella durante buena parte del trayecto) para ahorrar tiempo, una lástima porque dejamos de ver muchas cosas de la ruta, pero ya no tenemos tiempo material. Es así y ya nos estamos chupando unos 400 kilómetros hoy… Antes de llegar a nuestro destino hacemos una breve parada en la ciudad de Springfield, capital de Estado de Illinois. Dimos un breve paseo en los alrededores del Capitolio en cuyos jardines hay varias estatuas, entre ellas una de Abraham Lincoln, que comenzó su carrera política por estos lares. De hecho, el mausoleo donde reposan sus restos se encuentra en un cementerio a las afueras de la ciudad que es visitado por miles de personas todos los años.

De allí nos dirigimos sin perder más tiempo hacia Litchfield, nuestro destino final del día. Nos alojamos en un Super 8, una cadena de moteles que, junto a Motel 6, tienen establecimientos en prácticamente todas las localidades. Teníamos previsto ir a ver una película al autocine pero cuando llegamos ya había empezado, oooh… Qué se le va a hacer, más adelante habrá nuevas oportunidades. No quedan muchos autocines en Estados Unidos, pero tenemos unos cuantos localizados en nuestro recorrido.

Esperemos que mañana podamos ir un poco más relajados: cambiamos de estado (entramos en Missouri) y visitamos St. Louis, la puerta hacia el oeste…

Por cierto, lo de que en la mesita de noche de cada motel de USA hay una biblia no es un mito, adjuntamos pruebas gráficas 😉

Biblia y Nuevo Testamento en la mesita de noche.

Biblia en la mesita de noche del motel, un clásico.

Route 66 Museum

Route 66 Museum. CLINTON, OK

Abandonamos la habitación del motel de manera precipitada tras nuestro primer contacto con la fauna local: una cucaracha del tipo “americanus vulgaris” del tamaño de un camión. Está claro que el alojamiento no era un cinco estrellas…

Rote 66 Museum, interior. CLINTON, OK

Route 66 Museum, interior. CLINTON, OK

Cruzamos la calle y entramos al museo de la Ruta 66. Cuesta 5 dólares por cabeza pero la verdad es que merece la pena. Es pequeño pero está muy bien ambientado. Las diferentes salas están organizadas por décadas y en cada una hay un pequeño botón en la pared que si lo pulsas suena una canción de la época. Al final del recorrido hay una sala de proyección donde se puede ver un video con la historia de la Ruta, desde sus inicios en los años 20 hasta la actualidad. A la salida, arrasamos con la tienda de regalos y arrancamos rumbo a Elk City, donde estuvimos en el otro museo de Oklahoma, el National Route 66 Museum, pero esta vez no entramos, nos quedamos por fuera en lo que se conoce como Old Town Museum Complex, una especie de complejo museístico al aire libre más inspirado en el Oeste americano que en la ruta en sí. La verdad es que siendo de Almería, los decorados tipo western nos resultaron bastante familiares…

National Route 66 Museum. ELK CITY, OK

National Route 66 Museum. ELK CITY, OK

En Sayre visitamos el Western Motel, cuyo cartel de neón está inspirado también en el Oeste, para continuar hacia Erick, donde visitamos el establecimiento que inspiró a Pixar para la tienda de regalos del pueblo de ‘Cars’ (John Lasseter, 2006). De hecho, la película entera es un homenaje a la Ruta 66 y desde su estreno está muy presente en cada rincón de esta carretera.

Western Motel. SAYRE, OK

Western Motel. SAYRE, OK

La verdad, es un placer conducir por estas carreteras, los americanos conducen muy tranquilos en general y no hay grandes acelerones ni adelantamientos bruscos como en España. Desde que salimos de Chicago no hemos oído ni un sólo coche pitar. Únicamente esta mañana ha sonado un claxon, era un perro que habían dejado dentro del coche con el aire acondicionado puesto y que se ha apoyado sobre el volante.

Sandhills Curiosity Shop. ERICK, OK

Sandhills Curiosity Shop. ERICK, OK

Tras pasar por el último pueblo de Oklahoma, Texola, nos adentramos en el glorioso estado de Texas. El panorama ha cambiado ya sustancialmente, ahora predomina en el paisaje un tono amarillento muy característico y los árboles han desaparecido casi por completo. Paramos en Shamrock para ver dos preciosas gasolineras de la 66. La Conoco Tower, restaurada y en funcionamiento en la actualidad junto a la cafetería U-Drop Inn, llama la atención por su arquitectura art decó (también sirvió de modelo para la película de Pixar); y la Magnolia Gas Station, conservada por la gente del pueblo pero ya fuera de servicio.

Conoco Tower Gas Station. SHAMROCK, TX

Conoco Tower Gas Station. SHAMROCK, TX

Magnolia Gas Station. SHAMROCK, TX

Magnolia Gas Station. SHAMROCK, TX

Seguimos nuestro camino hacia Amarillo y a un lado de la carretera vemos el famoso depósito de agua inclinado de Britten, construido así a propósito para atraer a los turistas.

cdUn poco más adelante pasamos por Groom, donde está la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, la más alta del Hemisferio Occidental (como dicen por allí, everything’s BIG in TEXAS). Nos acercamos a verla y es impresionante. Junto a ella hay una especie de santuario con una cascada artificial, además de una tienda de regalos cristianos, al más puro estilo de los mercaderes en el templo. Al salir, un señor mayor vestido con un polo azul inmaculado, pantalones cortos blancos, tenis y calcetines blancos hasta la rodilla se nos acerca y nos regala un misterioso cd de temática religiosa. Picados por la curiosidad, nos montamos en el coche y lo pusimos en el cd pero allí no sonaba nada, así que nos quedamos compuestos y sin sermón. Cuando llegamos a España lo puse en el dvd del salón y resulta que era un video de los republicanos en contra de la gestión de Obama, la bomba. La verdad es que llevamos poco en Texas pero ya hemos visto más frikis que en el resto de estados juntos.

La cruz más alta del Hemisferio Occidental. GROOM, TX

La cruz más alta del Hemisferio Occidental. GROOM, TX

Fuente de la Divina Misericordia. GROOM, TX

Fuente de la Divina Misericordia. GROOM, TX

Bug Ranch. CONWAY, TX

Bug Ranch. CONWAY, TX

Llegamos a Conway para ver el Bug Ranch, una imitación del famoso Cadillac Ranch que veremos mañana pero con VW Escarabajos.

Finalmente, llegamos a Amarillo, nuestro destino final del día, y entramos al archifamoso restaurante y motel Big Texan Ranch, creo que debe ser uno de los establecimiento más famosos de toda la Ruta. La verdad es que se lo han montado muy bien, aunque todo resulta un poco artificial y mucho menos auténtico que lo que hemos visto en la Ruta 66 hasta ahora. El restaurante es famoso por ofrecer el reto del solomillón: un filete de 2 kilazos de ternera gratis a quien sea capaz de comérselo en una hora con su correspondiente acompañamiento. Pocos son los que lo consiguen y muchos los que acaban en urgencias. Pese a que he estado entrenando estos días pasados, opto por un discreto segundo plano para no dejar en ridículo a los gordales que hay por el local. El caso es que aquí vemos por primera vez personas obesas, tanto hombres como mujeres, pero muuuuy obesas. Las raciones que ponen no son para menos. Para que os hagáis una idea, yo me pedí un filete de 21 onzas y acabé a reventar, y el que hay que comerse en una hora ¡¡es de 72 onzas!!

Big Texan Ranch. AMARILLO, TX

Big Texan Ranch. AMARILLO, TX

Big Texan Ranch, interior. AMARILLO, TX

Big Texan Ranch, interior. AMARILLO, TX

Para los que deciden acometer el reto del solomillón, hay una mesa especial sobre una tarima en el centro del salón con un cronómetro preparado para la cuenta atrás de 1 hora. Mientras estábamos comiendo un valiente se subió y estuvo engullendo durante un buen rato. Cuando nos fuimos le quedaban como 30 minutos, no sabemos si lo consiguió, pero la verdad es que era un tipo normal, no era el típico fanegas.

En fin, el caso es que con el buche lleno nos fuimos a dormir al motel, un Super 8, la cadena que más hemos utilizado en este viaje. Por cierto, aquí hemos hecho nuestra primera colada. En todos los moteles hay lavadoras y secadoras que funcionan con monedas de un dólar, muy práctico para lavar la ropa en ruta.

Grúas del Monte Carlo Truck Service.

Grúa del Monte Carlo Truck Service. ASH FORK, AZ

Grúa del Monte Carlo Truck Service. ASH FORK, AZ

Grúa del Monte Carlo Truck Service. ASH FORK, AZ

Hoy va a ser un día largo. La primera visita del día es el Monte Carlo Truck Stop, una antigua parada de camiones que parece abandonada, tan sólo quedan un par de viejas grúas. Además, un perro de mirada aviesa se acerca lentamente hacia nosotros así que decidimos retomar la marcha.

Con el susto todavía en el cuerpo, seguimos rumbo a Ash Fork, donde paramos a desayunar en el Ranch House Cafe.

De aquí nos vamos a la barbería DeSoto, cerrada y en venta, famosa precisamente por el coche marca DeSoto que hay sobre el techo a modo de reclamo publicitario.

La siguiente parada es Seligman, en cuya calle principal hay varios puntos de interés, aunque como en Williams, el negocio está servido. El pueblo está lleno de turistas, entre ellos muchos franceses, y vemos el famoso Snow Cap Drive In de Ángel Delgadillo, a tope de gente. En la misma calle hay también varias tiendas de regalos.

 

Angel Delgadillo's Snow Cap Drive In. SELIGMAN, AZ

Angel Delgadillo’s Snow Cap Drive In. SELIGMAN, AZ

De camino a Peach Springs, el pueblo en el que se inspiró Pixar para su Radiator Springs de Cars, vemos más mensajes Burma Shave, una tradición de la Ruta 66. Ya sabéis, los carteles secuenciales que se ponían a lo largo de un tramo de carretera con rimas graciosas para anunciarse.

Hacemos una parada en el famoso Hackberry General Store, auténtico icono de la Ruta a su paso por Arizona. Era un almacén donde los viajeros podían repostar gasolina y aprovisionarse de agua antes de cruzar el desierto hacia California. Ahora es una atracción para los turistas con un precioso Corvette de 1957 aparcado en la puerta.

Hackberry General Store. HACKBERRY, AZ

Hackberry General Store. HACKBERRY, AZ

Ejemplo de desert water bag.

Ejemplo de desert water bag.

Este era uno de los últimos puntos de venta de las desert bags antes de atravesar el temible desierto de Mojave, un elemento muy ligado a los desplazamientos en coche en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX: unas rudimentarias bolsas de tela con agua que se colgaban del radiador para afrontar largas travesías por el desierto.

En Kingman pasamos por la torre del agua, con su inscripción de la Ruta 66, y por el Hill Top Motel, con su precioso neón rodeado de cactus.

Hill Top Motel. KINGMAN, AZ

Hill Top Motel. KINGMAN, AZ

Torre de Agua. KINGMAN, AZ

Torre de Agua. KINGMAN, AZ

Muy cerca estaba el Mr. D’z Route 66 Dinner; habría estado bien para comer, estaba muy cuco, al menos por fuera, pero todavía estamos digiriendo el burrito del desayuno (más bien, burrazo). Antes de abandonar el pueblo hacemos una parada delante del museo Powerhouse para ver la locomotora antigua Santa Fe que hay expuesta en la calle.

A partir de aquí iniciamos la subida a Oatman por un antiguo tramo de la 66 muy recomendable (ver video).

Locomotora Santa Fe. KINGMAN, AZ

Locomotora Santa Fe. KINGMAN, AZ

Al llegar nos encontramos con un antiguo poblado minero del Oeste con burros por medio de la calle. Resulta que cuando los mineros se fueron, dejaron a los burros que habían usado para el transporte de material… y allí se quedaron. Ahora pasean libres por las calles en busca de la comida que le dan los turistas, o rebuscando en los cubos de basura, muy fuerte. En la mayoría de tiendas se pueden comprar zanahorias para alimentarlos. Son como las vacas sagradas en la India, van por libre y nadie los molesta.

Burros en OATMAN, AZ

Burros en OATMAN, AZ

Cactus típico de la zona.

Cactus típico de la zona.

Al salir del pueblo casi me llevo a uno por delante. Giro la vista y veo a mi mujer que ladea la cabeza de lado a lado y suspira; la pobre no gana para sustos con tanto bichejo que se cruza…

En la bajada de Oatman vemos un tipo de cactus muy chulo que sólo se ve por esta zona, así que paro y le digo a mi mujer que se ponga junto a uno para una foto. De camino le digo que tenga cuidado con las serpientes y los escorpiones, a lo que se da la vuelta y me dice que le eche la foto a mi señora madre ¬¬

¡Y por fin llegamos a California! Es curioso como hemos pasado en pocos kilómetros de los cuervos de Arizona a las mariposas de California, que se van golpeando contra el cristal del coche conforme avanzamos por la carretera. Tras pasar por Needles, seguimos la Ruta 66 a través del desierto de Mojave, más de cien kilómetros sin ver un alma. Se me ocurre comentarle entonces a mi esposa “fíjate qué putada sería si pincháramos y tal”, y la verdad es que está hoy nostálgica, no hace más que acordarse de mi familia…

Desierto de Mojave. CALIFORNIA

Desierto de Mojave. CALIFORNIA

Aprovechando que no hay ni un alma por la carretera, Lourdes me pide probar el coche para ver cómo va el cambio automático. El caso es que no le gusta mucho conducir, así que me estoy chupando yo todo el viaje (pero con gusto, a mi me encanta). Jiji, jaja… las risas del principio se truncan cuando le pido que aminore un poco para echar una foto y le mete el pie hasta el fondo creyendo que es el embrague… por poco me como el cristal. Tras este pequeño incidente le he comentado que mañana si quiere se lo dejo otra vez para entrar a Los Angeles… Ante la cara de pocos amigos que estaba poniendo he decidido dejar los chascarrillos por ahora.

Roy's Cafe. AMBOY, CA

Roy’s Cafe. AMBOY, CA

En este tramo por el desierto prácticamente no quedan establecimientos ni gasolineras, por lo que hay que ir con el tanque lleno. Tan sólo nos encontramos con el Roy’s Motel & Café, un histórico de la 66 en medio de la nada, representante de la arquitectura Goggie que tan de moda se puso durante la era espacial en Estados Unidos.

Antes de abandonar el desierto pasamos por el cráter de Amboy, un viejo volcán extinto. La zona está plagada de montículos negros de cenizas fosilizadas que supongo que llevan allí bastante tiempo.

Amboy Crater. AMBOY, CA

Amboy Crater. AMBOY, CA

Tras salir del desierto, lo primero que nos encontramos es una gasolinera con los precios por las nubes. No sé si lo he comentado ya, pero en USA el precio de la gasolina puede variar más de un dólar por galón (3,8 litros), así que hay que mirar muy bien donde se reposta: donde menos gasolineras hay, más te clavan.

Tras pasar por el Bagdad Cafe de la peli, paramos a cenar en el Peggy Sue’s 50s Dinner, un restaurante estilo años 50 muy bien ambientado. Por cierto, la comida estaba muy buena.

Peggy Sue’s 50’s Dinner. BARSTOW, CA

Finalmente llegamos a Barstow, destino final de hoy, tras una intensa jornada. Como todo tiene un final, mañana llegaremos a la playa de Santa Mónica y daremos por concluida la Ruta 66 y, con ello, la primera parte de nuestro road trip por tierras estadounidenses.

Palm Cafe. BARSTOW, CA

Palm Cafe. BARSTOW, CA

Como nos quedan pocos kilómetros para llegar al final de nuestra aventura, decidimos tomárnoslo con calma. Empezamos el viaje levantándonos a las 6 de la mañana… y ya vamos por las 9h. Tras recoger la habitación y cargar el coche nos dirigimos al Palm Café, a la salida de Barstow, para tomar un desayuno mediterráneo –que falta nos hace–, pero nos encontramos con la puerta cerrada. Nos ocurre lo mismo con el local de BunBoy. Decidimos avanzar hasta Helendale y probar suerte allí, pero tampoco puede ser.

Siguiendo la carretera llegamos al bosque de botellas de Elmer Long. El clima aquí es semidesértico y se nota que hace tiempo que la autopista dejó a un lado estas tierras. El calor por aquí vuelve a pegar fuerte y el paisaje no difiere demasiado de nuestro querido desierto de Tabernas.

El Bottle Tree Ranch es una obra de arte muy especial. Este bosque de árboles hecho con botellas es obra de Elmer Long, un excéntrico artista local que físicamente podría pasar por uno de los ZZ Top. De pequeño, Elmer solía atravesar el desierto con su padre, que recogía todo tipo de objetos. Cuando murió le dejó a su hijo una colección de botellas de colores, y en aquel momento se le ocurrió hacer su primer árbol de botellas. Elmer inició su obra en el año 2000 y, a día de hoy, ya ha creado más de 200 árboles en su rancho de Oro Grande, a la orilla de la vieja Ruta 66.

El de Long no es el primer bosque de botellas de cristal de Estados Unidos, pero sí es el más poblado. Pero, sin duda, lo mejor de visitar el rancho californiano es conocer al propio Elmer, un tipo tranquilo siempre dispuesto a entablar una conversación amistosa con los viajeros de la 66. 

Elmer Long's Bottle Tree Ranch. ORO GRANDE, CA

Elmer Long’s Bottle Tree Ranch. ORO GRANDE, CA

Tras una breve parada para echar gasolina, logramos al fin “repostar” también nosotros en el Molly Brown’s Country Cafe. Nos atiende una americana que, al ver que somos españoles, hace un esfuerzo enorme para explicarnos el menú en nuestro idioma. Justo al contrario que la mayoría de los mejicanos que nos hemos encontrado…

Primer McDonald's, abierto en 1948. SAN BERNARDINO, CA

Primer McDonald’s, abierto el 15 de mayo de 1940. SAN BERNARDINO, CA

Ya en San Bernardino visitamos el primer McDonald’s, que se construyó allá por 1940. Ahora hay hasta un museo, hay que joderse… Un poco más adelante vemos el California Theatre y el Wigwam Motel, famoso por sus habitaciones en forma de tipi indio. En Holbrook (Arizona) hay otro motel igual, en el tramo que nos saltamos para hacer los Parques Nacionales. Me bajo a hacer unas fotos y veo que un hombre se me acerca. Resulta que es el propietario del motel que está allí con unos obreros haciendo unas reformas. Comenzamos a hablar y hablar del viaje y me dice que como vayamos parando en los sitios de la 66 podemos tardar como 5 horas en llegar a Santa Mónica. En ese momento, tomamos la decisión de coger la autopista para poder llegar a una hora prudencial.

Habitaciones en forma de tipi indio en el WigWam Motel. SAN BERNARDINO, CA

Habitaciones en forma de tipi indio en el WigWam Motel. SAN BERNARDINO, CA

La autopista es la selva en L.A.: seis carriles en cada sentido y coches cruzándose de uno a otro sin siquiera poner el intermitente. Además, la gente conduce bastante agresivo. Si vais varios en el coche, os recomiendo utilizar siempre que podáis el carril VAO (Vía de Alta Ocupación) para dos o más ocupantes, avanzaréis más rápido.

Al final, por la autopista tardamos la mitad de tiempo, lo que nos permite llegar al muelle de Santa Mónica sobre las 14h. La verdad es que la playa está a tope y hace mucho calor. A nosotros nos gustó más el pier de Chicago, y no es por el calor porque allí hacía el mismo o más, si cabe.

Muelle de Santa Mónica, fin de trayecto.

Muelle de Santa Mónica, fin de trayecto.

Tras buscar sin éxito a Mitch Buchanan entre los vigilantes de la playa, andamos un poco por Ocean Boulevard hasta que encontrar la placa que marca el final de la Will Rogers Highway, donde nos hacemos la foto de rigor. Con la satisfacción del deber cumplido, iniciamos la ardua tarea de cruzar la ciudad para llegar al motel que tenemos reservado en la zona de West Hollywood.

Entrada al muelle de Santa Mónica.

Entrada al muelle de Santa Mónica.

Llegamos al motel como dos horas y media después (me daban ganas de pegarme un tiro), pero al menos la zona está muy bien. Desde aquí se ven las letras del cartel de Hollywood sobre la colina y el motel es el típico de película, con su piscinita en medio y las habitaciones alrededor. Vamos, como en Melrose Place…

Playa de Santa Mónica, a tope. ¿Ande andará Mitch?

Playa de Santa Mónica, a tope. ¿Ande andará Mitch?

Aquí termina la primera parte de nuestra aventura. Han sido casi 5.000 kilómetros atravesando los States que difícilmente olvidaremos. Este inmenso país es un lugar de contrastes que no deja indiferente. Hemos recorrido desiertos, bosques, alta montaña, grandes ciudades, áreas rurales…

Pero aún nos queda la segunda parte del viaje, el triángulo de la Costa Oeste: Los Angeles, San Francisco y Las Vegas. See you soon!!

Hoy nos espera un día tranquilo. Lo primero que hacemos es acercarnos a la zona de Beverly Hills. Llegamos y nos encontramos un montón de gente esperando para hacerse una foto junto al cartel de entrada situado en Beverly Gardens Park. Es un poco patético pero hacemos cola para la foto de rigor, no íbamos a ser menos 😉

Beverly Gardens Park. BEVERLY HILLS, CA

Beverly Gardens Park. BEVERLY HILLS, CA

Después de esto nos hemos dado un garbeo en coche y… tremendas chozas. Como en todo, a menudo el dinero no da el buen gusto, pero por lo general, la zona es la caña. Ayer ya vimos casa exclusivas en las colinas de Hollywood mientras subíamos a ver de cerca el cartel, pero lo de aquí son mansiones en toda regla.

Beverly Drive. BEVERLY HILLS, CA

Beverly Drive. BEVERLY HILLS, CA

Poco después nos hemos paseado por Rodeo Drive, otra de las zonas exclusivas de L.A., con tiendas de Cartier, Ralph Lauren, Channel, etcétera. También hemos pasado por el hotel de Pretty Woman (Garry Marshall, 1990), el Regent Beverly Wilshire. Como no teníamos pensado comprar nada (nótese la ironía), hemos optado por no bajarnos ni siquiera del coche, no es una zona que nos hiciese especial ilusión.

Regent Beverly Wilshire, el hotel de Pretty Woman.

Regent Beverly Wilshire, el hotel de Pretty Woman.

De camino al Grove Market hemos visto en una esquina a un tío que vendía alfombras de piel, unas eran sintéticas y otras naturales, la verdad es que se notaba la diferencia. Hace tiempo que andábamos detrás de una de vaca, así que nos hemos bajado a preguntar precios, aunque era evidente que lo que costaban las auténticas no lo íbamos a pagar. No me ha quedado más remedio que regatear con el tipo hasta que la he sacado por un tercio de lo que pedía, algo ya bastante razonable. Pues sí, ahora llevamos un animal muerto en el maletero. No sé muy bien cómo la vamos a meter en la maleta, ni si tendremos problemas por transportar un cadáver –que en paz descanse–, pero como nos pillen los de aduanas la hemos cagado…

Una vez metido el difunto en el maletero hemos seguido nuestro camino. Al llegar al supuesto mercado nos hemos dado cuenta de que era 5% mercado y 95% centro comercial al aire libre. Había hasta un trenecito para que te movieses por la zona. ¡Hasta para eso había cola! En una esquinita estaba el mercado con varios puestos y muchos sitios para comer.

Después de tomar un tentempié y un breve paseo, hemos recogido el coche del parking y nos hemos vuelto a descansar a nuestro motel, el Coral Sands. Cuando digo descansar me refiero a un bañito en la piscina y una sesión en el jacuzzi 😉

El Coral Sands es un motel muy agradable orientado a la gente joven.

El Coral Sands es un motel muy agradable orientado a la gente joven.

Bueno, mañana partimos hacia San Francisco por la Highway 1, la carretera del Pacífico, pero antes de llegar a la ciudad del Golden Gate nos esperan dos paradas, la primera en San Luis Obispo. Seguiremos informando…

La bruma del Pacífico envuelve la costa a primera hora de la mañana…

Hoy toca recoger y despedirse de Los Angeles. Con el cartel de Hollywood ya en el retrovisor, cogemos la mítica Highway 1, territorio de los Beach Boys. Pasamos por varias playas californianas famosas como Malibú o Zuma (la del fitness). Aunque el día está bastante nublado y hace fresco, a primera hora ya hay bastante gente y los aparcamientos están llenos; eso sí, previo paso por caja, como siempre: entre 8 y 10 dólares. A nosotros nos choca bastante tener que pagar por ir a la playa, pero aquí es otro mundo. Pasamos de largo…

Una duna gigante llega hasta la orilla de la California Highway 1.

Hay muchísimas playas de camino con nombre español: El Matador, La Piedra, El Pescador… Muy cerca hemos visto una enorme duna de arena que llegaban hasta la carretera. La gente se subía hasta arriba y bajaban rodando como croquetas. Nosotros no hemos querido subir, más que nada, por el engorro de tener que sacudir las chanclas después 😉

Misión de Santa Bárbara, fundada en 1786 por nuestros antepasados.

La Misión de Santa Bárbara es la mayor atracción turística de la ciudad.

Hemos parado en Santa Bárbara, concretamente en la antigua Misión española, preciosa. Todos nos acordamos de esta ciudad cuando llueve y la asociamos al megaculebrón de los años 90. Se nota el alto poder adquisitivo de sus habitantes, se ven muchas zonas residenciales con buenos caserones. De cualquier forma, no nos hemos entretenido demasiado allí, aún nos queda un buen trecho.

MisiónLa Misión de Santa Bárbara fue fundada por el Padre Fermín Lasuén el 4 de diciembre de 1786, coincidiendo con el día de Santa Bárbara. Fue la décima Misión establecida por los españoles en California, consagrada a la conversión religiosa de la tribu indígena local Chumash-Barbareño.

Los terrenos de la Misión se encuentran entre el océano Pacífico y las montañas de Santa Ynez y fueron consagrados por el Padre Fermín Lasuén, quien había asumido la dirección las misiones californianas tras la muerte del Padre Presidente Junípero Serra. La de Santa Bárbara es la única misión que permanece bajo la dirección de los frailes franciscanos desde su fundación, siendo hoy en día una parroquia de la Archidiócesis de Los Angeles.

Su nombre, así como el de la ciudad y el condado, proviene de la leyenda de Santa Bárbara, una joven decapitada por su padre por convertirse a la fe cristiana. Los primeros misioneros construyeron tres capillas diferentes durante los primeros años, cada una más grande que la anterior. Después de que el gran terremoto de Santa Bárbara, el 21 de diciembre de 1812, destruyese los edificios existentes, se inició la construcción de la Misión actual, cuyas obras concluyeron en el año 1820. Otro terremoto, el 29 de junio de 1925, ocasionó graves daños a las dos torres de la capilla, pero posteriormente fueron reconstruidas tan sólo dos años más tarde. El aspecto del interior de la iglesia no ha variado significativamente desde 1820.

http://www.santabarbaramission.org

Poco antes de llegar a San Luis Obispo, en la localidad de Oceano, hemos parado en un lugar que nos ha llamado especialmente la atención, un restaurante formado por dos vagones de tren, el Margie’s Rock ‘n’ Roll Diner. Muy cerca había un parque inmenso con un lago y muchos bancos para hacer picnic, eso sí, si te dejan los pájaros que hay por la zona.

Margie’s Rock ‘n’ Roll Diner. OCEANO, CA

Antes de alojarnos hemos parado en el autocine, para ver a qué hora proyectaban la película, The Dark Knight Rises (Christopher Nolan, 2012). Ya sabéis de capítulos anteriores que era algo que teníamos pendiente. Tras averiguar que empieza a las 20,30h, nos hemos ido a buscar un motel cercano.

La experiencia en el autocine ha sido increíble. Como es domingo, y además es un estreno reciente, nos hemos ido 45 minutos antes. El caso es que ya había gente, pero hemos podido coger un buen sitio. Aquí se lo montan genial, van en sus camionetas y la mayoría las ponen de culo a la pantalla, provistos de sillas plegables y mantas para verla cómodamente sentados. Otros optan por sacar las sillas fuera del coche y montar un chiringuito delante del vehículo. Nosotros nos hemos quedado dentro del coche porque hacía bastante frío fuera y tampoco íbamos preparados. La pantalla era bastante grande y el audio se sintoniza con la radio del coche a través de una frecuencia de la FM que allí mismo te indican. La peli obviamente es en inglés, pero después de más de dos semanas por aquí nos enteramos perfectamente de todo… mentira cochina, de casi todo 😛

Sunset Drive In. SAN LUIS OBISPO, CA

Sala de proyección del autocine.

Como veis, estos días nos lo estamos tomando con calma antes de entrar de nuevo en la vorágine de una gran ciudad, San Francisco, de la que espero tengamos mucho que contar y que aguardamos con mucha ilusión.

Antigua Misión. SAN LUIS OBISPO, CA

Antigua Misión. SAN LUIS OBISPO, CA

Antes de abandonar el precioso pueblo de San Luis Obispo nos acercamos al centro, a disfrutar de su antigua Misión española, menos espectacular que la de Santa Bárbara pero igual de bella. Durante la jornada de ayer ya comprobamos que el tiempo es muy variable en esta zona de California: suele amanecer nublado y con mucha neblina pero a lo largo de la mañana el cielo se va despejando y aparece el sol.

Interior de la Misión.

Interior de la Misión.

San Luis Obispo de Tolosa es una Misión española fundada en 1772 por el Padre Junípero Serra. La iglesia es inusual en su diseño, ya que su combinación de campanario y atrio no se encuentra en ninguna otra de las misiones de California. La nave principal es corta y estrecha, algo común, pero en San Luis Obispo hay una nave secundaria de casi el mismo tamaño situada a la derecha del altar, haciendo de esta la única en forma de “L”. En la actualidad es una parroquia de la Diócesis de Monterey.

Estamos en Big Sur, una porción de la costa californiana conocida por sus agrestes paisajes y escarpados acantilados. El primer pueblo del día es Morro Bay, lamado así por un enorme peñasco que hay en la costa. La verdad es que me recordó en cierto modo a la localidad alicantina de Calpe.

Conforme seguimos avanzando por la Pacific Coast Highway, los tonos ocre de los prados se ven potenciados por la bruma baja que envuelve las montañas.

De camino a Cambria, una ardilla cruza como una exhalación la carretera y con un volantazo conseguimos sobrepasarla sin darle, pero no sabemos si el coche que venía detrás habrá tenido los mismos reflejos. Os puedo asegurar que la ardilla vio la luz al final del túnel porque el neumático le peinó el flequillo. El pueblo es un lugar precioso, con casas inmensas –como no– de diversos colores escalonadas sobre la colina. A pesar de estar muy cerca de la costa parece un pueblo de montaña.

La bruma baja sobre las montañas confiere hoy a la carretera un aspecto impresionante.

La bruma baja sobre las montañas confiere hoy a la carretera un aspecto impresionante.

Paramos en la playa de Moonstone Beach, un lugar donde se respira tranquilidad. Al igual que ayer, la bruma está baja a estas horas de la mañana y hace bastante frío. Casualmente vemos otra ardilla que se esconde en un hueco, nos acercamos y la tía sale, nos enseña los dientes y emite un ruido súper gracioso. El caso es que minutos más tarde descubrimos que la playa está plagada de ardillas que salen hasta de debajo de las piedras, pasean a sus anchas por una pasarela de madera sobre la arena e, incluso, llegan a acercarse a las personas. Ver para creer, las primeras ardillas playeras que conozco…

Ardillas playeras en Moonstone Beach. CAMBRIA, CA

Ardillas playeras en Moonstone Beach. CAMBRIA, CA

Nuestra siguiente parada es cerca de San Simeón, en otra playa que invita a la relajación con el ruido de las olas de fondo, cometas volando en un cielo ya más despejado, pájaros sobrevolando la zona, más ardillas y… de repente, una cola gigante sobresale del mar, más bien dos. Son una parejita de elefantes marinos. Más adelante, paramos en un punto de observación de estos animales, que emiten unos sonidos muy fuertes y echan un pestazo que tira para atrás. No obstante, merece la pena aguantar unos minutos la respiración para contemplar como juguetean entre sí.

La costa está plagada de acantilados que esconden pequeñas calas.

La costa está plagada de acantilados que esconden pequeñas calas.

Como veis las paradas se suceden una tras otra, esta parte de la carretera del Pacífico es la más espectacular con diferencia. Durante unas 60 millas discurre por acantilados junto al océano, así que las vistas son increíbles. Es inevitable parar el coche una y otra vez para contemplar como los surfistas surcan las olas mientras esquivan enormes rocas, ver un riachuelo que desemboca en una playa recóndita o como el chulo de turno del descapotable se peina los cuatro pelos en guerrilla que le quedan. Tanto es así, que tardamos unas 8 horas en recorrer 200 kilómetros de costa. También es cierto que hay bastante tráfico. Nos llaman especialmente la atención unas algas que hay en la arena que parecen brotes de soja gigantes, ¡aquí siempre todo a lo grande!

El surfista y la gaviota ;)

El surfista y la gaviota 😉

La California 1, parte de la Pacific Coast Highway, ofrece unas vistas espectaculares.

La California 1, parte de la Pacific Coast Highway, ofrece unas vistas espectaculares.

Pasamos junto a un prado en cuesta en el que un grupo de vacas pasta alegremente a escasos metros del mar. A la altura del pueblo de Lucía nos encontramos una zona de obras, están construyendo un túnel de estos con ventanas hacia el mar. También pasamos por el famoso puente de arcos Bixby, increíble.

Bixby bridge. CALIFORNIA HWY 1

Bixby bridge. CALIFORNIA HWY 1

En un principio habíamos pensado entrar a Carmel, la ciudad en la que vive Clint Eastwood y de la que fue alcalde, pero son las cinco de la tarde, no hemos comido, y estamos cansados… por lo que optamos por buscar motel en Monterey, cenar y descansar.

Así lo hacemos. Caminando por el paseo marítimo en busca de un lugar para hacer nuestro almuerzo-cena encontramos un japonés. A los dos nos apetece muchísimo; ya estamos cansados de hamburguesas, sándwiches, perritos calientes… ¡y además nos encanta el sushi! El lugar es muy acogedor y con unas magníficas vistas al puerto deportivo. Aunque nos invitan a sentarnos fuera, preferimos quedarnos dentro porque hace bastante frío. El caso es que cuando pedimos hay una pequeña confusión y nos ponen un plato de más, y ya habíamos pedido bastante porque estábamos pasados de hambre. Pero bueno, como lo hemos pillado con ganas damos cuenta de todo. Si os gusta la comida japonesa os recomiendo este restaurante, el sushi es excelente y el precio nada mal para todo lo que nos pusieron, unos 70 euros los dos. Está en el puerto deportivo de Monterey, en una especie de torre circular acristalada, y se llama Sapporo. Os dejamos un testimonio de lo que nos metimos entre pecho y espalda (sin los aperitivos, que no llegaron a la foto) 😉

Cargamento de sushi listo para degustar ;)

Cargamento de sushi listo para degustar 😉

De camino al coche nos quedamos helados. En pocos días hemos pasado del calor del desierto al frío del Pacífico. Veremos mañana en San Francisco

Nevada Road

Al final, los osos nos han dejado descansar esta noche pero, a juzgar por el ruido de pisadas, en el techo de la caseta debía haber una ardilla con insomnio…

Hoy tenemos un largo camino hasta Las Vegas y tenemos previstas antes un par de paradas dentro de Yosemite, así que abandonamos temprano nuestro alojamiento.

Cogemos la Tioga Road hacia el norte y atravesamos Toulumne Meadows, un área rodeada de prados donde se agolpan los turistas. Un poco más adelante paramos en Olmsted Point, un mirador desde donde se consigue una panorámica preciosa de la zona, dominada por enormes macizos poblados de árboles. Desde este punto salen varios senderos a pie; en general, Yosemite está plagado de ellos y, teniendo en cuenta su vasta extensión, debe haber, literalmente, miles de kilómetros de ellos.

Vista panorámica desde Olmsted Point.

El lago Tenaya, un acuífero de aguas prístinas enla zona de Toulumne Meadows.

El lago Tenaya, un acuífero de aguas prístinas en la zona de Toulumne Meadows.

Muy cerca está el lago Tenaya. El día ha amanecido sin nubes y hay bastante gente en sus orillas, aunque consigo sacar alguna foto sin turistas. Por cierto, durante todo el viaje hemos visto a muchos americanos haciendo fotos directamente con el Ipad, no creo que haya nada más ortopédico. Pero ya se sabe, en USA los productos de la manzana están por todas partes.

De lago a lago y tiro porque me toca. Salimos de Yosemite por el Tioga Pass y nos acercamos a ver el famoso Mono Lake, aunque no tenga nada que ver con el que acabamos de visitar. Este lago es de agua salada y alcalina y posee una alta concentración de arsénico. Se caracteriza, además, por las formaciones de roca calcárea que se han gestado con el paso de los siglos en su ribera.

Tenemos que recorrer un pequeño caminito entre la maleza para acceder a su orilla. Pese a lo que pudiera pensarse, sus aguas sustentan a numerosas especies animales y vegetales.

Una de las múltiples formaciones de toba que sobresalen de la superficie del Mono Lake.

¿Un bañito? ;)

¿Un bañito? 😉

De repente, y tras abandonar California el paisaje se transforma paulatinamente y se vuelve desértico conforme entramos al estado de Nevada. Nos acercamos al destino final, pero aún tenemos que hacer una parada para reponer energías, tanto nosotros como el coche. En este tramo ha sido la única vez que el coche ha entrado en la reserva y casi se queda sin combustible. Estamos en medio del desierto y en la carretera no hay prácticamente servicios. De hecho habremos hecho unos 200 kilómetros sin ver una gasolinera. Esta es la razón por la que en USA siempre hay que llevar el tanque lleno en las zonas más apartadas. No es la primera vez que os lo digo, avisados estáis… Consecuentemente, la gasolina nos la han cobrado a precio de oro cuando hemos parado a repostar.

Nuestro hotel para las próximas cinco noches...

Nuestro alojamiento para las próximas 5 noches.

Por fin, tras un par de horas más de coche llegamos a nuestra última parada del día y del viaje: Las Vegas. Aquí pasaremos unos cuantos días relajándonos y disfrutando de la ciudad del pecado. No es fácil orientarse dentro de los mastodónticos hoteles de Las Vegas. En el nuestro, The Hotel at Mandalay Bay, dejamos el coche en el parking (gratuito, como en todos los hoteles de la ciudad) y buscamos el lobby para registrarnos. Como fin de fiesta, tenemos reservada una suite. Los hoteles son muy baratos en Las Vegas, aprovechad para daros un capricho 😉 Mi mujer lo ha bautizado como “Ferrero Roché”, juzgad vosotros mismos… El Mandalay Bay alberga una sala de conciertos House of Blues, ¿os acordáis de Chicago? Qué lejos queda ya…

En menos de 24 horas hemos pasado de la “chabola” de Yosemite a una suite más grande que muchos pisos en España ¡esto es vida! 😉