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Marina City, las "mazorcas" gemelas.

Marina City, las “mazorcas” gemelas.

La mañana, para variar, empieza temprano, muy temprano. Aquí amanece como a las 6h, así que no hay problemas de luz. Esperamos un rato y bajamos a las 7h a degustar el desayuno del día. Esta mañana hemos tenido nuestro tarro de fruta variada con mango, piña, uvas, frambuesas, melón y arándanos; y tostadas de trigo (vamos, el pan de molde de toda la vida) con mantequilla y mermelada de frambuesa.

Una vez desayunados, nos hemos acercado a la zona del río para contemplar los grandes rascacielos que lo flanquean. Aquí está el complejo Marina City que tenía muchas ganas de ver en directo: dos edificios gemelos con forma de mazorcas de maíz. Las primeras 10 ó 15 plantas hacen las veces de parking para los vehículos de los inquilinos que viven en las plantas superiores. A pie de río hay un embarcadero privado para yates al que los propietarios pueden acceder directamente desde su piso, acojonante. Sin duda, lo que más llama la atención de Chicago es su maravillosa arquitectura. Todo el camino vamos mirando hacia arriba: algunos edificios son de estilo clásico y otros más modernos, pero todos con mucho encanto y muy originales. Otra cosa que destaca de Chicago es la extrema limpieza de sus calles, una muestra más del civismo de los americanos, o al menos de los que residen en las grandes ciudades. No hay ni un solo papel en el suelo.

Parking. Cuidado con la marcha atrás...

Parking. Cuidado con la marcha atrás…

Muelle para yates.

Muelle para yates.

Estación de Bomberos más antigua de la ciudad.

Estación de Bomberos más antigua de la ciudad.

Junto a las “mazorcas” se encuentran el edificio Wrigley y la Torre Trump. Desde allí hemos seguido la orilla norte del río y, después de esto, hemos subido hacia la Magnificent Mile, o lo que es lo mismo, “la Milla Magnífica”, algo así como la calle Serrano o la Gran Vía en Madrid, una zona comercial repleta de tiendas exclusivas. Tras un (breve) paseo por la zona nos hemos dirigido a visitar la estación de bomberos más antigua de la ciudad, muy cuca. El caso es que mientras yo hacía unas fotos, mi mujer estaba absorta mirando el mapa y, de repente, una señora al verla se ha acercado a preguntarle si necesitaba ayuda, que adónde quería ir… ¡Qué majos son estos americanos! Ya sólo nos falta entender bien lo que nos dicen…

Por primera vez nos hemos acercado a la orilla del lago… ¡a una playa! Chicago se encuentra junto al lago Michigan, y a todos los efectos es como si fuera un mar interior de lo grande que es. Hay playas de arena, gaviotas y faros. Había bastante gente bañándose, claro que, con el calor que hace, lo anormal es no andar en remojo. Tiene hasta un paseo marítimo donde se pueden alquilar bicis, tándems y cochecitos de pedales para cuatro personas.

Playa urbana.

Ohio beach, playa urbana en pleno centro de Chicago.

De allí, hemos seguido bajando la costa del lago hasta llegar al Navy Pier, un muelle mezcla entre centro comercial y parque de atracciones muy americano, con cines, tiendas, puestos de comida, centro de convenciones… En un lateral es donde se cogen los barcos que ofrecen vistas panorámicas de la ciudad.

Tras comprar algunas cosillas, hemos ido a reponer fuerzas a un puesto de comida de perritos calientes: America’s Dog, muy conocido en la ciudad, donde hemos probado el auténtico perrito caliente Chicago Style, sin kétchup pero con abundante cebolla, mostaza, pepinillo gigante (como un dedo de grande), pimientos, tomate natural y un poco de sal de apio. Aquí tienen una forma particular de hacer todo: las pizzas, los perritos… y los negocios, ya me entendéis, “no es nada personal”, jeje.

Navy Pier.

Entrada principal al Navy Pier.

Lateral donde atracan los cruceros que recorren la costa.

Vista lateral con los cruceros que recorren el lago, atracados.

El sitio estaba hasta arriba de gente y cuando hemos ido a sentarnos para comérnoslo nos faltaba una silla y uno de los adolescentes de un grupillo que había, al vernos buscar con la mirada, nos ha dejado la suya. Una vez digerido el perrito, nos hemos ido a ver el resto del muelle, incluido el parque temático, aunque en realidad sólo tiene tres atracciones. Al pasar por el Chango Loco, una cantina mexicana, casi nos quedamos sordos, ¡tenían el perreo a todo trapo!

La verdad es que el Navy Pier está genial para pasar el día en familia, es enorme y hay un montón de cosas que hacer. De hecho, había muchísimos niños por todos lados.

Ferris Wheel, la noria más famosa de Chicago.

Ferris Wheel, la noria más famosa de Chicago.

A continuación, nos hemos acercado al acuario Shedd, desde donde se pueden hacer unas fotos estupendas del skyline de Chicago. Para descansar un poco, nos hemos tumbado un ratejo en el césped a tomarnos una limonada cuando, de repente, una familia americana se nos ha acercado y nos regala un par de billetes para el water taxi que ellos no iban a utilizar. Alucinante, ¿verdad? Pues sí, mientras les dábamos las gracias, nos hemos ido limonada en mano al barco que salía en esos instantes. Las vistas desde el lago son magníficas.

Skyline de Chicago, ¡espectacular!

Skyline de Chicago, ¡espectacular!

Nos fuimos al hotel para descansar un poco y prepararnos para la salida nocturna: teníamos entradas para subir a la torre Hancock. De camino cenamos en un restaurante mexicano que había por la zona, ‘Su Casa’. Acompañamos la comida con los dos margaritas más fuertes de la historia… ¡joder, que fuertes que estaban! La camarera mexicana nos explicó que los auténticos están hechos con limón natural exprimido y no tienen nada que ver con los que ponen en España. Esta ha sido la primera vez que hemos pedido en español, todos los camareros eran mexicanos y nuestra amiga Rosy nos ha ayudado a elegir. De comer hemos elegido un combinado de la casa con un taco, un burrito, una enchilada y una chimichanga. Muy rico todo, pero nos hemos ido a las alturas con un colocón importante.

Una vez en el Observatorio de la torre (94 plantas en 40 segundos, ¡guau!) accedimos a unas vistas increíbles de la ciudad. Fuimos precisamente al atardecer para hacer fotos de la ciudad by night… ¡espectacular! Me hinché de hacer fotos. He de decir que mi mujer tiene algo de miedo a las alturas, así que me parece que ella no disfrutó tanto la visita; de hecho, ni se acercó a los cristales, la pobre.

Panorámica nocturna desde el John Hancock Observatory.

Panorámica nocturna desde el John Hancock Observatory.

Para volver al hotel nos cogimos un taxi. El conductor era marroquí, un tío súper simpático, que cuando se enteró de que éramos españoles nos estuvo contando sus aventuras por España y preguntándonos cómo es que no habíamos visitado aún su país. Llevaba 5 años trabajando en Chicago y podía permitirse trabajar tres meses en USA y volver tres meses a Marruecos. Nos confirmó la impresión que nos hemos llevado de la ciudad: es tranquila, muy limpia y segura. Al parar el coche en la puerta del hotel él seguía contándonos historias, muy majo. Cuando le dije de dejarle propina hasta se negó, pero insistí… así da gusto.

Y con esto y un bizcocho concluimos nuestra visita a Chicago, una ciudad que tiene que estar bien para vivir, aunque por lo que sé el invierno es durillo.

Mañana nos echamos a la carretera para comenzar la verdadera aventura: Get your kicks on Route 66!!

Pirámide Transamerica, en el corazón del distrito financiero.

Hoy tenemos mucho que hacer. Para intentar recuperar el tiempo perdido, hemos cogido el coche. Aún nos quedan muchas cosas por ver y vamos a recorrer las calles de San Francisco a lo Steve McQueen en Bullitt (Peter Yates, 1968) (bueno, quizás un poco más despacio). Comenzamos…

Con el fresquito de la mañana nos acercamos a la famosa pirámide Transamérica, en el centro financiero de la ciudad. El edificio, impresionante desde cualquier ángulo, se ha convertido en pocas décadas en la silueta más característica del skyline de San Francisco. De allí nos dirigimos hacia la zona de Embarcadero, para visitar el gran edificio del puerto, en el Pier 1. Los pier (muelles) del norte de SF están numerados y hay más de 40. La zona está plagada de vagabundos (en general, hay muchísimos homeless por toda la ciudad).

Nuestra siguiente parada es la Coit Tower. Situada en una colina cerca de la bahía (menudas chozas hay por aquí también), cuenta con unas vistas inmejorables de la ciudad. Dudamos si pagar por subir a la torre en sí, la verdad es que desde la colina ya hay unas buenas vistas, pero al final lo hacemos: 7$. Mi consejo: ahórratelos, no merece la pena. En la torre la visión está limitada a unos ventanales muy gruesos y arañados. Aún así, se puede tomar alguna foto potable del skyline de la ciudad.

El puerto de San Francisco, una zona preciosa de la ciudad.

El skyline de San Francisco, pequeño pero resultón.

Una vez concluida la visita nos fuimos a la zona de Fisherman’s Wharf, el antiguo barrio de los pescadores, a ver los leones marinos en el Pier 39. De todos los muelle o pier que hemos visto hasta ahora (Chicago y L.A.), este es el que más nos ha gustado, es super bonito. Eso sí, a reventar de gente. Como los anteriores, está repleto de tiendas y restaurantes.

En una de las zonas había un puesto de fruta fresca del que nos quedamos prendados. Los productos tenían una pinta tremenda y además las raciones eran generosas. Mi mujer se cogió una tarrina de fresas acompañadas de un recipiente con chocolate para mojarlas. Por mi parte, me pedí una de cerezas gigantes. Eso sí, bastante cara, pero estaba exquisita.

Fisherman’s Wharf, una zona muy animada, como se puede comprobar.

La única pega es que a los leones marinos prácticamente ni los vimos. En el muelle hay varias plataformas de madera flotando en el agua donde se suelen colocar, pero los cuatro que había ese día estaban tirados a la bartola en una de las más lejanas. Tras un rato mirando, no vimos demasiado movimiento. Tan sólo había uno más próximo a nosotros y parecía medio muerto de lo sobadísimo que estaba.

La siguiente parada es la calle más sinuosa del mundo, Lombard Street; cómo no, a reventar de gente. El sitio es impresionante, y las casas de la calle, aún más… ¡menudas chozas! La verdad es que en California nos estamos hartando de ver lujo y “utilitarios” tipo Porsche, Ferrari, Lamborghini… ya no impresionan 😉

Lombard Street: los coches no bajan, se descuelgan…

Como íbamos en coche, bajamos Lombard Street como dios manda, sobre ruedas:

Después de esto toca el Golden Gate. No lo atravesamos porque lo haremos mañana cuando salgamos de San Francisco, pero sí que paramos en los miradores del sur desde donde se divisaba bajo una densa niebla. Aquí fue difícil aparcar porque el parking estaba a tope. La verdad es que no se puede decir mucho sobre este puente que no se sepa ya. El lugar más fotografiado de San Francisco y seguramente del mundo… ¡qué de gente! En general, la ciudad está colapsada por los turistas en verano, supongo que en otras épocas del año se podrá visitar más tranquilamente.

El Golden Gate, el puente más famoso del mundo.

En español, “Puerta Dorada”, el Golden Gate es un puente colgante que une la península de San Francisco por el norte con el condado de Marin. Recibe su nombre del estrecho de Constantinopla, llamado también la Puerta Dorada porque comunicaba Europa con Asia.

En la década posterior a la Primera Guerra Mundial, el tráfico rodado en la región de la bahía se multiplicó por siete, de modo que el sistema de ferris era incapaz de absorber este crecimiento. Construido entre 1933 y 1937, cuenta con una longitud aproximada de 1.280 metros y se encuentra suspendido sobre dos torres de 227 metros de altura. La calzada tiene seis carriles (tres en cada dirección) y dispone de carriles protegidos accesibles para peatones y bicicletas. Bajo su estructura, deja 67 m de altura para el paso de los barcos a través de la bahía.

El Golden Gate constituyó la mayor obra de ingeniería de su época. Fue pintado con urgencia para evitar la rápida oxidación producida en el acero de su estructura por el oceáno Pacífico, de ahí su característico color rojo.

El último punto desde donde vemos el gran puente está en la parte baja, en Fort Point, el lugar donde James Stewart se tira al agua para salvar a Kim Novak en Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). Mientras lo contemplamos nos sorprende la presencia de un pelícano que está chorreando, empapado por el oleaje de la orilla y que parece que tiene bastante frío. No me extraña, hace bastante pelete por aquí ya a estas horas de la tarde.

El puente desde Fort Point. El tiempo no acompañaba para imitar a James Stewart…

Y así termina un intenso día de acción en SF. Volvemos al hotel a descansar porque mañana nos espera un largo día entre rejas…