Donut Stop. AMARILLO, TX

Donut Stop. AMARILLO, TX

Donuts para todos los gustos...

Hay para todos los gustos…

La mañana comienza a la salida de Amarillo, en el Donut Stop, donde aprovechamos para desayunar. Como su nombre indica, es un establecimiento especializado en donuts y se puede ver todo el proceso de elaboración ya que las máquinas están a la vista detrás del mostrador, muy interesante. Tienen donuts de todo tipo pero en un alarde de originalidad nos decantamos por los de toda la vida. La verdad es que están muy buenos, sobre todo porque te los comes recién sacados del horno.

Cadillac Ranch. AMARILLO, TX

Cadillac Ranch. AMARILLO, TX

Avanzamos un poco y llegamos al Cadillac Ranch, uno de los iconos pop de la Ruta 66 de la era posterior a los 70: diez coches dispuestos en línea y semienterrados en la tierra, con la particularidad de que todo el que pasa por allí puede dejar su impronta sobre ellos con la ayuda de un espray. Nosotros no íbamos a ser menos, así que aprovechamos para hacer patria y promocionar la tierra. Aún estamos esperando el cheque del Patronato de Turismo…

La verdad es que me lo pasé teta haciendo de grafitero, aquí tenéis el ‘making of’:

El Rancho Cadillac fue creado en 1974 por Chip Lord, Hudson Marquez y Doug Michels, quienes formaban parte del grupo de arte Ant Farm. Los coches corresponden a la época dorada de la marca, entre 1949 y 1963, los famosos ‘tailfins’ (“cola de aleta”). Los diez cadillacs se encuentran semienterrados por el morro y alienados en el mismo ángulo que la gran pirámide egipcia de Gizah.

Originalmente instalado en un trigal, fue trasladado 3 kilómetros al oeste, hasta a su actual localización en un pastizal de vacas, en 1997 para alejarlo de los límites de la ciudad. Ambos terrenos pertenecen a Stanley Marsh III, millonario local y mecenas del proyecto.

Camioneta lista para graffitear en el Midpoint Café. Debe ser la costumbre por aquí...

Camioneta lista para graffitear en el Midpoint Café. Debe ser la costumbre por aquí…

Midpoint Café. ADRIAN, TX

Midpoint Café. ADRIAN, TX

Seguimos nuestro camino y pasamos por Vega, un pueblo que huele a campo (concretamente a boñiga de vaca) y en el que vemos en una granja una cruz de dos metros de alto; definitivamente este es un Estado temeroso de dios.

En el pueblo de Adrian llegamos al punto intermedio de la 66, desde el que Chicago y Los Angeles distan lo mismo, 1.139 millas, unos 1.830 kilómetros. Entramos al Midpoint Café y compramos un par de botellas de agua fresquitas para el camino.

Camiones antiguos en TUCUMCARI, NM

Camiones antiguos en TUCUMCARI, NM

En ese momento me acordé de Kerouac y su libro ‘En el camino’, uno de los motivos por los que estoy aquí y lectura obligada para cualquier viajero de la Ruta 66: “Estaba a medio camino cruzando América, en la línea divisoria entre el Este de mi juventud y el Oeste de mi futuro”.

Tras esto nos adentramos en el sexto estado de la Ruta, Nuevo México. Paramos en Tucumcari, un pueblo que conserva parte del encanto original de la 66 ya que cuenta con gasolineras y moteles (en activo) con preciosos neones y decenas de murales en alusión a esta carretera. Aquí se encuentra el Blue Swallow Motel, uno de los moteles más solicitados para el que hay que reservar con antelación si se quiere encontrar habitación.

Blue Swallow Motel. TUCUMCARI, NM

Blue Swallow Motel. TUCUMCARI, NM

Tee Pee Curios. TUCUMCARI, NM

Tee Pee Curios. TUCUMCARI, NM

Tras varias paradas más en pequeñas localidades a lo largo del recorrido entramos a Santa Rosa. El paisaje ha vuelto a cambiar, es más verde que en Texas y comienzan a aparecer las primeras formaciones montañosas con un característico tono rojizo. Aquí visitamos el Route 66 Auto Museum, donde vuelvo a flipar con una de mis debilidades, los coches clásicos (poco antes habíamos parado también en un área de servicio, Russell’s Truck & Travel Center, en Glenrio, donde hay una colección privada de vehículos que no os podéis perder; además, es gratis).

Comet II Drive Inn. SANTA ROSA, NM

Comet II Drive Inn. SANTA ROSA, NM

Paramos a comer en un local histórico de la Ruta 66, el Comet II Drive In. Aquí la comida es mexicana, como no podía ser de otra forma, y nos metemos entre pecho y espalda un buen par de tacos.

Como si fuéramos forajidos del viejo Oeste, cruzamos el río Pecos y afrontamos la subida hacia Santa Fe, destino final del día. Decir que la Ruta 66 cuenta con dos trazados en Nuevo México, uno que sigue desde Santa Rosa hacia Albuquerque, y el que nosotros elegimos, el Santa Fe Loop, el recorrido anterior a 1937, más largo pero también más vistoso. Los nombres de los pueblos que jalonan el trayecto son todos españoles: San Ignacio, Las Vegas, San Miguel… y la carretera discurre entre frondosos bosques, una bella estampa conforme va atardeciendo.

A la entrada de Santa Fe nos encontramos bastante tráfico, ¡resulta que están de fiestas! Buscamos el motel que habíamos mirado por internet, el Silver Saddle, y nos registramos. El sitio tiene mucho encanto y la dueña habla perfectamente español, como la mayoría aquí, así que nos informa amablemente de qué ver en la ciudad, e incluso nos recomienda sitios donde comer. Lástima que sólo estemos una noche. Dejamos las cosas en la habitación y nos acercamos al centro, con la suerte de que conseguimos aparcamos en la misma puerta de la catedral de San Francisco de Asís, preciosa, al igual que la capilla de Loreto. La verdad es que Santa Fe es una ciudad preciosa que conserva las edificaciones de adobe de los antiguos colonos españoles. Además, es muy turística, por primera vez no nos sentimos los únicos de fuera, aquí hay gente de todo el mundo, además de muchos visitantes americanos también. Pero lo mejor estaba por llegar…

El casco histórico de Santa Fe conserva las construcciones de adobe de la era colonial.

El casco histórico de Santa Fe conserva las construcciones de adobe de la era colonial.

Santa Fe

Merece la pena hacer el recorrido anterior a 1937, el Santa Fe Loop.

Tras dar una vuelta para ver los sitios de interés nos dirigimos hacia La Plaza, donde nos pegamos otra comilona mejicana, en este caso un burrito y quesadillas. La dueña del motel nos había comentado que esta noche había música en directo, aunque nos alertó de que la gente se vuelve “un poco loca” bailando. Nosotros nos dijimos, “bueno, seguro que exagera”, pero la verdad es que se acercaba bastante a la realidad. Imaginaos la estampa: un ambigú en el centro de la plaza donde está el grupo (por cierto, la cantante salió a cantar en un carrito de estos eléctricos con manillar para obesos) y alrededor la gente escuchando la música, algunos con sus sillas plegables tipo Decathlon; vamos casi como en cualquier verbena de pueblo en España, sólo que aquí no hay viejas bailando Paquito el Chocolatero. Pero la tragedia se mascaba cuando al cuerpo de baile se incorporó una alegre anciana con el pelo naranja y un vestido negro, que comenzó a contonearse como si fuera una adolescente salida. Y claro, pasó lo que tenía que pasar, en uno de los meneos se pegó un jarpazo contra el suelo que le sacó la cadera de sitio. Bueno, un “chow”, uno de los “bailarines” se quitó las gafas de sol que llevaba puestas (a las 10 de la noche) y se acercó a ver que le había pasado. A esto que llega Mitch Bucanan, pero con 70 y tantos años, y la coge en volandas para sacarla de la pista de baile, ¡menudo cuadro! Menos mal que la mujer estaba delgada que sino tienen que pedir una segunda ambulancia para Mitch. Una vez que la mujer se sentó a esperar la ambulancia, el primer “bailarín” se puso otra vez sus gafas de sol y volvió a la pista a darlo todo.

Catedral de San Francisco de Asís. SANTA FE, NM

Catedral de San Francisco de Asís. SANTA FE, NM

Decir que Santa Fe es cuna de artistas como Georgia O’Keeffe y es famosa en Estados Unidos por sus numerosas galerías de arte. Se ve que muchos se quedaron pillados de ácido en los 60 porque sino no se explica…

Bueno, mañana abandonamos la Ruta 66 durante unos días para visitar los parques nacionales de Utah. Pero antes haremos noche en Ouray, un pequeño pueblo de Colorado famoso por sus piscinas de aguas termales.

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