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La naturaleza salvaje de Yosemite es impresionante, incluso en verano.

La aventura comienza temprano camino de Yosemite. Teniendo en cuenta que los turistas aquí salen de debajo de las piedras y que es uno de los Parques Nacionales más visitados, decidimos anticiparnos para evitar colas a la entrada. La entrada cuesta 20 dólares y es válida durante 7 días.

Además, también es uno de los más extensos y las distancias dentro son enormes. Nosotros vamos a estar día y medio, pero para verlo con calma lo ideal son 3-4 días. Es alucinante la cantidad de miradores que tiene. Conforme avanzamos con el coche vamos realizando una parada tras otra. Yosemite tiene varias cascadas de gran altura pero en esta época del año llevan tan solo un pequeño hilo de agua; en primavera, tras el deshielo, debe ser espectacular.

El agua está muy presente en todo el parque…

Dentro del parque hay abundantes cursos de aguas tranquilas y transparentes y, en algunos de ellos, hay pequeños bancos de arena a modo de playas, donde la gente aprovecha para tomar el sol y darse un chapuzón; algunos incluso ponen la sombrilla. Hemos visto también gente con hinchables y neveras y hay barbacoas en el propio complejo (enterradas en el suelo y alejadas de los árboles, para evitar los incendios), con su correspondiente merendero.

Durante la jornada visitamos los lugares más emblemáticos del parque: El Capitán, Half Dome, Tunnel View, Glacier Point…

El Capitán, una inmensa mole de piedra que sobresale en el valle.

Half Dome, la formación rocosa más característica de Yosemite.

Las cajas verdes junto a las tiendas son los baúles antiosos.

Los baúles verdes junto a las tiendas son anti osos.

Sobre las 17h decidimos poner rumbo al alojamiento que tenemos reservado en el valle, en Curry Village. Teniendo en cuenta el precio, 116 dólares, debería ser una habitación de lujo, pero es una simple tienda de lona. El caso es que dormir dentro del parque es carísimo y hay que reservar con mucha antelación. Lo que pasa es que con las distancias por carretera que hay dentro del propio parque compensa alojarse aquí. Además, el hecho de poder contemplar las estrellas desde el parque es un extra que pagamos con gusto, aunque no deja de ser curioso que esta tienda sea más cara que la suite de lujo que tenemos reservada para Las Vegas para los próximos días 😦

Una de las "playas" del parque.

Una de las “playas” del parque.

En la puerta de cada tienda hay una especie de baúl metálico “anti osos” que sirve para guardar la comida por las noches; de hecho, hacen especial hincapié en que no se dejen alimentos dentro de la tienda y del coche. Los contenedores del camping cuentan con el mismo sistema de protección anti osos. La dirección insiste mucho en el peligro que conlleva dejarse la comida por ahí porque los osos tienen no sé cuántas veces más olfato que el ser humano. En un video que hay puesto en la recepción se ve a más de un osezno destrozando un coche para robar una bolsa de patatas fritas, glups.

Las carreteras que atraviesan Yosemite cuentan con unas vistas espectaculares.

Tanto es así que a partir de las 22 horas recomiendan no salir de las casetas. A eso de las 21h me acerco al supermercado del camping a comprar algo para cenar y me toca ir a tientas porque están todas las luces de la zona apagadas. La gente más acostumbrada lleva linternas, pero nosotros vamos en plan dominguero, así que intento no pisar a ninguna ardilla por el camino. Otra cosa, por las tardes evitad estar dentro de la tienda, hace un calor de muerte, sólo tienen un radiador para el invierno.

En fin, seguiremos informando mañana, osos mediante…

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Nevada Road

Al final, los osos nos han dejado descansar esta noche pero, a juzgar por el ruido de pisadas, en el techo de la caseta debía haber una ardilla con insomnio…

Hoy tenemos un largo camino hasta Las Vegas y tenemos previstas antes un par de paradas dentro de Yosemite, así que abandonamos temprano nuestro alojamiento.

Cogemos la Tioga Road hacia el norte y atravesamos Toulumne Meadows, un área rodeada de prados donde se agolpan los turistas. Un poco más adelante paramos en Olmsted Point, un mirador desde donde se consigue una panorámica preciosa de la zona, dominada por enormes macizos poblados de árboles. Desde este punto salen varios senderos a pie; en general, Yosemite está plagado de ellos y, teniendo en cuenta su vasta extensión, debe haber, literalmente, miles de kilómetros de ellos.

Vista panorámica desde Olmsted Point.

El lago Tenaya, un acuífero de aguas prístinas enla zona de Toulumne Meadows.

El lago Tenaya, un acuífero de aguas prístinas en la zona de Toulumne Meadows.

Muy cerca está el lago Tenaya. El día ha amanecido sin nubes y hay bastante gente en sus orillas, aunque consigo sacar alguna foto sin turistas. Por cierto, durante todo el viaje hemos visto a muchos americanos haciendo fotos directamente con el Ipad, no creo que haya nada más ortopédico. Pero ya se sabe, en USA los productos de la manzana están por todas partes.

De lago a lago y tiro porque me toca. Salimos de Yosemite por el Tioga Pass y nos acercamos a ver el famoso Mono Lake, aunque no tenga nada que ver con el que acabamos de visitar. Este lago es de agua salada y alcalina y posee una alta concentración de arsénico. Se caracteriza, además, por las formaciones de roca calcárea que se han gestado con el paso de los siglos en su ribera.

Tenemos que recorrer un pequeño caminito entre la maleza para acceder a su orilla. Pese a lo que pudiera pensarse, sus aguas sustentan a numerosas especies animales y vegetales.

Una de las múltiples formaciones de toba que sobresalen de la superficie del Mono Lake.

¿Un bañito? ;)

¿Un bañito? 😉

De repente, y tras abandonar California el paisaje se transforma paulatinamente y se vuelve desértico conforme entramos al estado de Nevada. Nos acercamos al destino final, pero aún tenemos que hacer una parada para reponer energías, tanto nosotros como el coche. En este tramo ha sido la única vez que el coche ha entrado en la reserva y casi se queda sin combustible. Estamos en medio del desierto y en la carretera no hay prácticamente servicios. De hecho habremos hecho unos 200 kilómetros sin ver una gasolinera. Esta es la razón por la que en USA siempre hay que llevar el tanque lleno en las zonas más apartadas. No es la primera vez que os lo digo, avisados estáis… Consecuentemente, la gasolina nos la han cobrado a precio de oro cuando hemos parado a repostar.

Nuestro hotel para las próximas cinco noches...

Nuestro alojamiento para las próximas 5 noches.

Por fin, tras un par de horas más de coche llegamos a nuestra última parada del día y del viaje: Las Vegas. Aquí pasaremos unos cuantos días relajándonos y disfrutando de la ciudad del pecado. No es fácil orientarse dentro de los mastodónticos hoteles de Las Vegas. En el nuestro, The Hotel at Mandalay Bay, dejamos el coche en el parking (gratuito, como en todos los hoteles de la ciudad) y buscamos el lobby para registrarnos. Como fin de fiesta, tenemos reservada una suite. Los hoteles son muy baratos en Las Vegas, aprovechad para daros un capricho 😉 Mi mujer lo ha bautizado como “Ferrero Roché”, juzgad vosotros mismos… El Mandalay Bay alberga una sala de conciertos House of Blues, ¿os acordáis de Chicago? Qué lejos queda ya…

En menos de 24 horas hemos pasado de la “chabola” de Yosemite a una suite más grande que muchos pisos en España ¡esto es vida! 😉